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LIBERTAD… ¿PLENA?

Vivimos bajo conceptos preestablecidos, que condicionan nuestras acciones a tal punto que cuando difieren mínimamente del comportamiento común de la sociedad, corremos el riesgo de ser juzgados como personas desubicadas, renegadas, inconformes y por último anarquistas, por el simple hecho de divergir de las actitudes o conceptos de vida generalizados que se toman como patrones definitivos de comportamiento adecuado y correcto, impidiendo de este modo el desarrollo individual progresivo que cada ser tiene derecho a forjarse, entendido este como factor evolutivo del pensamiento y sentimiento que el ser humano tiene derecho a explotar y expandir cuando siente que ha sido individualmente beneficiado y considera que al difundirlo puede aportar al desarrollo evolutivo de su familia, sociedad y humanidad en general, hacia el logro de una felicidad y libertad plena, que entendida en la tolerancia práctica, puede ser factible el salir de los marcos referenciales, de conducta y actitud, que hasta hoy mismo muchos consideran que son definitivos y únicos. En estos parámetros, las entidades dogmáticas son las más intransigentes en aceptar que desde la creación, el ser humano se indaga en su porque de su presencia en la tierra y su consecuente comportamiento con la naturaleza, lo que permite entender que el ser creador es infinito en su “concepción” de la misma creación cuando el ser humano alcanza a desentrañar los misterios de la creación, que son infinitos, por lo cual el ser humano mismo es infinito en sus pensamientos y sentimientos lo que redunda en sus actitudes y conceptos de vida evolutiva, como una sumatoria de sus experiencias vividas. Para “excistir” en ese concepto tendremos que indagar cuales son los parámetros de vida que nos atan en comportamientos pre-establecidos, sean a través de dogmas, leyes sociales escritas o no, leyes entendidas como “naturales”, leyes administrativas, leyes científicas, “filosóficas” (como la lógica), etc etc., que al considerarse aceptadas se han establecido como definitivas, sin vislumbrar en sus tiempos que tales “leyes” pueden ser susceptibles a consolidarse, evolucionar, cambiar, ser obsoletas o crear 9 nuevos parámetros de vida e interrelación humana que nos permitan abrir nuevos roles en tolerancia y libertad, hasta alcanzar la libertad plena. No todo lo que llega es por generación espontánea, ni todo lo creado por el ser humano es definitivo. En el proceso de días de desintegración de “viejas” formas y construcción de nuevas, es muy necesaria la adaptabilidad, debemos evitar el peligro de la cristalización, por medio de la flexibilidad y la expansión. El “viejo orden de cosas, cambia”, pero primordialmente es un cambio de dimensiones y de aspecto y no básico o material. Los fundamentos han sido siempre verdaderos. A cada generación le corresponde conservar rasgos esenciales de la “vieja y querida” forma, a la vez de ampliarla y enriquecerla inteligentemente. A cada generación se le debe proporcionar el gozo de demostrar, sobre todo, la fuerza de las antiguas bases y la oportunidad de construir sobre ellas una estructura que satisfará las necesidades de la vida interna en evolución El releer por varias veces esta oración o recordarla periódicamente puede ser un método por el que fortalezcamos que la fantasía, la imaginación y la creatividad que posee el ser humano permite no anquilosar la mente y que el subconsciente esté siempre atento a recibir nueva información, que a su vez forjará nuevos y atrayentes conceptos de “excistencia”, consecuentemente dejar de estar dependiente de los conceptos “tradicionales” u ofuscantes que dañan el comportamiento en relación a si mismo y hacia la comunidad, entidades ambas de posesión de valores que le continuarán consolidando hacia una evolución más productiva en el entendido de que su saber no debe ser una cadena para su comportamiento externo y fundamentalmente si, una liberación interna.

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