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El Retorno al GADU y la Verdadera Inocencia

En la eterna búsqueda de la luz que ilumina el camino del iniciado, nos encontramos ante el espejo de nuestras propias construcciones ilusorias, el EGO. Este gran arquitecto de sombras y espejismos, maestro de la temporalidad y la división, que mediante el culpar y culparnos nos desvía del verdadero trabajo en la piedra bruta de nuestro ser. Examinemos hoy un estado diferente a la culpabilidad del EGO, la inocencia del SER, comenzando por aclarar que no es en el reino de lo efímero donde reside nuestra verdadera inocencia, sino en la eternidad, ese espacio puro y constante donde solo la verdad divina del GADU prevalece.

Solo una mente despojada de artificios, purificada en las aguas de la inocencia, puede verdaderamente hallar paz. Y es esta paz, profunda y resonante, la que nos permite anhelar y por fin recordar la presencia del GADU, esa fuente de toda creación y sabiduría que nos sostiene y guía. La recordación del GADU es el cable que nos rescata de las oscuras profundidades de la prisión del EGO, donde la fragmentación y el olvido de nuestra unidad primordial nos mantienen débiles; victimizados y victimizando .

La verdadera iluminación, ese gran reconocimiento pleno y consciente de nuestra esencia compartida, se manifiesta al observar la inocencia en la totalidad de la mente y que ella se dispersa entre nuestros hermanos y nosotros. Entonces se contempla: a cada hermano, cada reflejo, cada fragmento como un testimonio de la omnipresencia del GADU, enseñándonos que la división es una ilusión y que la unidad es nuestra condición inherente.

Este reconocimiento nos devuelve a la completud con el GADU, restableciendo el estado primigenio de conexión donde todo es uno dentro del templo sagrado de la existencia. Así, los Obreros de la Luz, guiados por el compás y el escuadra, construyen el templo no hecho solo de manos, sino forjado en la conciencia colectiva, donde la luz del GADU brilla eterna e inquebrantable.

Este es el trabajo verdadero, la gran obra del masón: liberarse del yugo del EGO, y cultivar la paz de una mente inocente, y mediante el recuerdo sagrado del GADU, reencontrar la unidad perdida, esa joya escondida en la cámara del centro, el corazón mismo del templo que todos buscamos iluminar.


R:.H:. Alberto Moreno

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