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Tiempos sagrados y tiempos profanos

Debo confesar que, a veces, cuando me asignan algún tema de plancha, no tengo la menor idea de que se trata o que es lo que se supone debo desarrollar.

Cuando son temas vinculados a instrucción, o que están presentes en el catecismo, uno puede tener una referencia “mmm, esto lo escuche en algún lado”. Y por lo menos consultando el ritual, puede uno suponer o inferir que es lo que debe escribir. Además, esos temas cuentan con bibliografía específica, o planchas anteriores, o mínimamente están mencionados en algún lado.

Pero hay otros temas que, o por ser muy generales, o por no ser comunes o habituales, uno no tiene ni peregrina idea de que se trata o como se supone que debe abordarse.

Con lo sagrado y lo profano me paso eso. ¿Y ahora, que voy a decir?

Pues ni modo, a leer un poquito por ahí, picotear en internet, y ver que se nos ocurre.

Poco a poco, un párrafo por acá, una línea por allá. Conectar eso a algo que alguien dijo en una tenida, a una frase en un ritual. Bueno, al parecer algo está tomando forma. Eso sí, estoy casi seguro que no tiene nada que ver con lo que se esperaba cuando se me asigno el trabajo, pero…esas son las planchas más divertidas, no les parece?…Pero bastante de dar vueltas, empecemos.

Lo sagrado excluye por definición a lo profano. Entre los diversos usos del concepto “sagrado”, uno considerado como término medio indica: lo que es separado del uso profano, en razón de una especial pertenencia a lo Divino.

En el momento en que se deslinda el ámbito de lo sagrado, se determina la relación necesaria que éste tiene con aquello que no lo es; de ahí que cualquier intento de pensar lo sagrado sin referencia a lo profano, o viceversa, está condenado al fracaso

El hombre entra en conocimiento de lo sagrado porque se manifiesta, porque se muestra como algo diferente por completo de lo profano, es algo que percibimos como totalmente diferente a nuestra realidad explicada, lo sagrado toma una concepción que va más allá de nuestra realidad y a su vez se enlaza con ella en una simbiosis…esta roca, es una roca, pero, además, es sagrada.

Lo sagrado es algo que va más allá de lo que percibo, se transforma, por ende, en un símbolo. No es solo lo que veo y percibo, sino algo más, que requiere un esfuerzo adicional al de los sentidos, para cobrar significancia.

El momento en que definimos lo sagrado cambia nuestra percepción del universo. Nuestras creencias, incluso nuestra propia existencia, nuestro propio ser, está definido por nuestra concepción de lo que es sagrado.

Le damos forma a nuestro universo a través de nuestras creencias, es solo a través de ellas que nuestra existencia tiene sentido.

Y no solo eso, la percepción de lo sagrado en nuestro entorno también nos afecta directamente. Puedo no creer en las hierofanías en las que se asienta mi entorno y mi sociedad, pero sin duda, el hecho de que estén presentes en mi interacción con otros y en el accionar de la sociedad en la que estoy inmerso, me afecta, me condiciona.

Es interesante pensar en la evolución de lo sagrado, al parecer, mientras más nos remontamos a la antigüedad, podemos evidenciar que el espectro de lo sagrado es mayor. Los primitivos veían en todo, la huella de lo sagrado. Uno podría decir que se debe, en parte, a que no eran capaces de explicar de otra manera la mayoría de los fenómenos del universo. ¿Qué diablos es eso?, un rayo, pues debe ser sagrado, porque no tengo ni idea de lo que es eso.

Quizás eso explica también por qué el hombre actual se está alejando cada vez más de lo sagrado. Ya no queda mucho por explicar en este mundo, los eclipses, los solsticios, los rayos. Todo está más o menos explicado. Y las cosas que aún quedan por explicar (que pasa después de la muerte, por ejemplo) son limitadas y van perdiendo su capacidad de sobrecogernos.

Sin duda, a medida que el hombre evoluciona, cambia sus percepciones de lo sagrado y de lo profano.

Sin embargo, no importa el grado de desacralización al que llegue el mundo, el hombre que opta por una vida profana, no logrará abolir por completo lo sagrado, que se mantiene, aunque solo sea en vestigios, en su interior.

No se puede vivir sin una conexión, sin una apertura hacia lo trascendente, la existencia del mundo no es concebible en una realidad 100% profana.

Pero, ¿Por qué necesitamos lo sagrado?, o mejor ¿Qué ganamos eliminando lo sagrado?, es eso incluso posible?

Mircea Eliade, filosofo e historiador de las religiones que vivió hace más de 50 años, desarrolló una teoría que se ha conocido como «el mito del eterno retorno», las tradiciones espirituales se basan en, y dependen de, las hierofanías, que son manifestaciones de lo sagrado en el mundo físico material.

Si los dos mundos, sagrado y profano permanecieran separados, su misma existencia carecería de sentido, entonces tiene que haber un puente entre los dos que permita que tenga lugar una hierofanía. Este puente tiene lugar en lugares sagrados, donde mediante el uso de rituales, los adherentes regresan a una edad mítica para comunicarse con el mundo sagrado, creando así una hierofanía. Los espacios sagrados que permiten la hierofanía no pueden ser lugares cotidianos ordinarios; en cambio, estos lugares especiales deben ser apartados (santificados) para un propósito espiritual particular.

Según Eliade, «la experiencia del espacio sagrado hace posible la ‘fundación del mundo’, donde lo sagrado se manifiesta en el espacio; ‘lo real se revela a sí mismo,’ el mundo viene a la existencia.

La Logia Masónica sigue este modelo sagrado, porque la Logia Masónica es donde los iniciados son traídos de la oscuridad del mundo profano, al mundo de la Luz.

Sin embargo, un espacio sagrado por sí solo no es suficiente para que tenga lugar una hierofanía, porque los rituales y el tiempo que se pasa en el espacio deben ser de naturaleza sagrada.

Según Eliade, «… la realidad y la durabilidad de una construcción están aseguradas por la transformación de espacios profanos en un espacio trascendente (el centro) pero también por la transformación del tiempo concreto en tiempo mítico, es decir, un transportar, un vínculo a cuando el ritual se realizó por primera vez, por un dios, un antepasado o un héroe.

Los rituales que llevamos a cabo transforman el tiempo material cotidiano normal en tiempo espiritual sagrado. Los rituales transportan a un lugar y un tiempo sagrado (mitificado), y los miembros asumen el papel de figuras míticas ancestrales (Hiram Abiff, Salomón, el GADU). Además, en el ritual masónico, las frases y los gestos que, de otro modo tendrían poco significado, se convierten en trascendentales, prueban nuestra pertenencia y prevén la transmisión de la Luz. De acuerdo con Eliade debemos respetar y seguir la fórmula sagrada para que la Luz se manifieste (para permitir la hierofanía).

Que es un profano si no, por exclusión, alguien que no es iniciado. Y que es un iniciado sino una persona que, por uno u otro punto de vista artificialmente creado, busca separarse de lo profano.

El tiempo profano genera caos, es una amenaza, es una destrucción paulatina de lo sagrado. Al generar el tiempo y espacio sagrado en tenida, se propicia una derrota de lo profano, se participa simbólicamente en un renacimiento de lo sagrado, una liberación del caos cotidiano. Se parte a un nuevo ciclo, con las reservas vitales intactas, tal como se encontraban en el momento del nacimiento a la luz (es una vuelta al inicio de todo, al momento de nuestra iniciación).

El masón se encuentra siempre entre lo sagrado y lo profano, pues se encuentra entre la escuadra y el compás.

En realidad, yo creo, que a medida que nos acercamos a la luz, o a la verdad, vamos transformando nuestra concepción de lo sagrado, a una realidad neo-sacra que no es estática, sino que es evolutiva y en constante transformación.

Creo yo, que el objeto de los grados de la masonería y de su progresión en enseñanza, conlleva el ser caldo de cultivo para propiciar una evolución acelerada de nuestra percepción y relación con lo sagrado. Lo que a la humanidad le toma generaciones, el masón busca obtenerlo desde medio día hasta media noche (el tiempo en el templo, qué es un tiempo sagrado, un tiempo ontológico).

Evolucionar en la concepción de lo sagrado es lo que hacemos en nuestro tiempo en masonería. Mutar y cambiar constantemente los límites entre lo que se percibe como profano y lo que se percibe como sagrado, hasta darnos cuenta que no existe ni lo uno ni lo otro…existe solo lo que es. Solo cuando nos vaciemos a este concepto es que podremos llegar a asimilar que estamos entre la escuadra y el compás, y que es ahí donde realmente reside la verdad.

Hasta acá llegaba, originalmente, mi plancha. No pude aguantar, sin embargo, la tentación de añadir, a última hora, este párrafo.

La nueva realidad en la que nos encontramos inmersos nos ha alejado de nuestros templos, de nuestro ritual, de nuestros espacios y tiempos sagrados. Ha escindido nuestra conexión con ese motor que genera nuestra evolución como masones. Sus efectos y nivel de impacto son inciertos y dependen, sin duda, de la capacidad de cada uno para generar lo sagrado por nuestra cuenta y en la orfandad de lo que conocíamos y aceptábamos. No me cabe duda, sin embargo, que mientras antes podamos retornar, antes podremos recuperar el contacto con esa esencia, ya de por si profundamente diluida, de uno de los componentes primordiales de la evolución masónica, nuestro lugar y nuestro tiempo sagrado.

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La abolición del tiempo profano y la proyección del hombre en el tiempo mítico no se producen naturalmente, sino en los intervalos esenciales, es decir, aquellos en que el hombre es verdaderamente él mismo: en el momento de los rituales. El resto de su vida se pasa en el tiempo profano y desprovisto de significación: en el devenir.

Mircea Eliade

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