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LA IGUALDAD

Una fraternidad como la nuestra y sobre todo por los principios que perseguimos en nuestra institución, tiene que buscar por obligación la forma de que exista armonía entre los HH:. y que todos nos preocupemos en forma afanosa, por la conquista de nuestros ideales. Para ello buscamos la igualdad, mas solo la buscamos y no hacemos nada por conseguirla efectivamente…

Todos los HH:. están preocupados por encontrar la igualdad, pero también a todos les gusta ser tratados en forma diferente, les gusta ser los elegidos en labores de distinción o para trabajos que hagan resaltar sus cualidades, pero no para aquellos otros que demandan sacrificio, que son humillantes o que dejan un sentimiento de desagrado aunque esas labores sean de enorme significación para la humanidad y por supuesto para nuestra institución.

La igualdad que buscamos, tiene diferente significación para cada uno de nosotros, unos la persiguen porque tienen sentimientos de inferioridad y quieren igualarse a quienes admiran aunque sea simplemente por el contacto o por lo menos tener la satisfacción de codearse con esa persona y por ello ingresamos a agrupaciones de diferente naturaleza, más en realidad no hacemos nada por ser iguales, porque seguimos manteniendo nuestros defectos y vicios y menos nos preocupamos de estudiar o de cultivar virtudes que nos permitan elevarnos a otros niveles.

Otros buscan la igualdad, porque estando en sitiales de relieve, desean mezclarse con otros a quienes han dejado atrás en su evolución, simplemente porque para evolucionar han avasallado, han saltado y han ido buscando evitar tropiezos y de ello ha quedado huella profunda en sus conciencias.

Hay quienes buscan la igualdad porque existe inseguridad en sus espíritus y desean medirla entre iguales y ver más tarde que es capaz de elevarse entre ellos, pero buscando la senda fácil o la ayuda de sus amigos.

Pero ¿cómo podemos ser iguales si entre los hermanos que pertenecemos a un mismo taller, tenemos nuestras preferencias?

¿Cómo podemos ser iguales si mientras unos escalan con facilidad otros tienen que esperar y hasta han sido olvidados por los hermanos o postergados por haber cometido quizás alguna falta de menor importancia o simplemente porque no les cae bien?

¿Cómo podemos ser iguales si mientras unos se quedan sentados a mirar y criticar, otros hacen un trabajo efectivo en beneficio del Taller?

¿Cómo podemos ser iguales si mientras unos esperan cumplir solo con el tiempo que señala las normas y alguna otra condición menor, otros se preocupan por conocer más a fondo los principios que sustentamos y hacen una labor efectiva en la construcción de su templo personal?

¿Cómo podemos ser iguales si entre nosotros existen luchas intestinas, solapadas y bajas?

¿Cómo podemos ser iguales si entre nosotros existen intocables que no permiten una enmienda no saben reconocer su error y creen que en todo momento actúan con eficiencia y corrección?

¿Cómo podemos ser iguales al mientras unos actúan con fanatismo, los demás debemos comprenderles?

¿Cómo podemos ser iguales mientras existen resentidos y muestran su enojo a la primera palabra que pronuncia la persona que no es de su agrado?

Como decía al comienzo, solo buscamos la igualdad, pero en la calle en las oficinas, en los consultorios o allí donde trabaja un H. deseamos que se nos trate con mayor deferencia, que se haga una excepción en el trato dejando de lado cosas más importantes que solucionar y dejando de lado la ética profesional o la moral que tiene cada oficina.

Tenemos que buscar una igualdad racional, pensada, meditada y entendida en una sola forma por todos que nos permita medir con una sola medida a todos y que nos permita tratarnos con la cordialidad y sinceridad para que reine entre nosotros la armonía, para ello, tenemos como bases firmes la tolerancia, la fraternidad y la disposición de querer aprender cada vez más en beneficio de nuestros HH. y de la humanidad, pero sin considerarnos un círculo cerrado, pensando que los beneficios que se logran primero deben ser para nosotros antes que para el resto de la humanidad.

Por: Oscar Diaz Ugarte

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