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Juvenal Hernandez S.: HUMANISMO Y TECNOLOGÍA

Columna libre

Juvenal Hernandez S.: HUMANISMO Y TECNOLOGÍA 

El humanismo es un movimiento intelectual europeo, iniciado por algunos pensadores del siglo XV, que se alejaron de la visión escolástica del hombre como una criatura de Dios, fruto del pecado, dedicado a salvar su alma mediante una vida piadosa allegada a la Iglesia. Los humanistas afirmaron que era válidos los atributos y valores del humano propios de su naturaleza que lo hacían autosuficiente y apto para afrontar la vida por si solo. 

500 años después el panorama europeo es muy distinto. La caída del último Emperador Romano de Oriente de 1453 dejó al cristianismo oriental griego sin Pontifex Maximus, sustituido por diversos Patriarcas autónomos. Cabe destacar que el Patriarcado de Jerusalén es la primera iglesia cristiana, fundada por los discípulos directos de Jesús después de su crucifixión. 

El cristianismo anglicano y la reforma luterana en el siglo XVII redujeron la influencia del Papado de Roma solamente a los países del habla latina en el Occidente de Europa, aunque su jurisdicción territorial se había ampliado a los indígenas centro y sudamericanos. El espíritu religioso en esta zona ha disminuido sensiblemente, y en España y sus excolonias americanas, el catolicismo popular ha derivado hacia el fetichismo y la superstición. 

El humanismo perdió su anticlericalismo medioeval. Es ahora una tendencia intelectual que ve al hombre como protagonista del acontecer planetario, como la especie dominante en la tierra, distinta de los demás animales, porque su mayor energía mental le permite una actividad que llamamos espiritual (del griego espíritu, que es respirar). Además de reacciones instintivas el pensar humano comprende conceptos abstractos de alta complejidad. 

Al menos en los países de cultura occidental – Europa y América- el hombre es libre para adherirse a una verdad ya establecida: una doctrina, un dogma, una ideología, o un prejuicio; o puede buscar su propia verdad a través de su meditación personal, con su mente abierta al examen de todas las ideas, sin otro límite que el bien común. 

Algunos pensadores modernos (Maritain) propician un humanismo cristiano integral, que incluye al Estado en una Nueva Cristiandad, con una Obra Común para mejorar la vida humana y una acción evangelizadora dirigida a la realización socio temporal del hombre. Sin dejar de creer, dirigen su religiosidad hacia el bienestar material del humano. Politizan el humanismo. Resucitan la idea decimonónica del Estado religioso, de la religión oficial. 

El humanismo laico rechaza toda tendencia totalitaria, para proteger la neutralidad del Estado y garantizar el derecho de cada individuo para expresar libremente su pensamiento. 

El progreso tecnológico del humano se inicia cuando el cromagñon domesticó el fuego y blandió un garrote; y cuando el homo habilis inventó la herramienta y la lanza. Puede observarse que el avance posterior ha sido principalmente el perfeccionamiento de herramientas y de armas. 

Ese progreso continuó durante miles de años con la fabricación de utensilios y artefactos – y la domesticación de ciertos animales- que aumentan la eficacia de la energía humana en el diario vivir, creando comodidad en el trabajo corporal y manual, o el transporte personal o de objetos. Esa comodidad se hizo necesidad e inició la dependencia del hombre no solo de su propia energía sino también de artefactos ajenos a su naturaleza. 

Posteriormente el hombre ha domesticado otras energías ajenas a sí mismo, como las energías térmicas, eléctrica, atómica y nuclear. Puede fabricar, y los fabrica, artefactos automáticos que se manejan a distancia, o se programan con anticipación, o que se auto programan según instrucciones incorporadas a su estructura. Se han enviado a Marte y Júpiter artefactos que estudian la atmósfera y el suelo, toman muestras, las analizan y envían la información a la Tierra. Esos artificios no incrementan la eficacia de la energía humana. La sustituyen. Evita al hombre realizar trabajo previo y solamente aprovecha los resultados. El computador calcula y diseña por él. El televisor le entrega información ya analizada y lista para ser digerida. No requiere pensar en profundidad, le bastan los resultados que le entregan las máquinas. El humano civilizado nace, se desarrolla y muere posesionado por un maquinismo generalizado que satisface todas sus necesidades materiales. La mayoría de los hombres y mujeres comunes se han alejado del pensar, de la meditación. Su vivir es comer, dormir y hacer funcionar las máquinas que lo rodean y que le ayudan a sobrevivir. El hombre ha perdido su autosuficiencia. 

Algunas máquinas necesitan un operador que apriete los botones para que funcione. Para este efecto se adiestra a un humano, quien integra la máquina junto con las demás piezas y tornillos, hasta que se invente un operador eléctrico que permita desechar al humano. El hombre ha perdido dignidad. Es un accesorio de las máquinas. La invención de las redes sociales a través de máquinas de comunicación masiva instantánea creo el hombre-masa, arrebañado, irracional, manejado solamente por las reacciones instintivas del hombre-animal, que destruye lo que no entiende, ataca la institucionalidad que lo limita, se rebela contra la sociabilidad. El homo se ha deshumanizado. 

La ciencia ve al hombre como un simple existir que nace, se desarrolla, se reproduce y muere. Analiza su organismo, sus componentes y su funcionamiento. La ciencia sabe lo que el espíritu ignora: que la vida es solamente un proceso químico-físico, una de las muchas manifestaciones de la energía cósmica, esa fuerza que sabemos que está pero no lo que es. Todavía no hemos averiguado su sustancia. La ciencia ha inventado artefactos que permiten escudriñar los más íntimos rincones del organismo humano. El hombre ha perdido la propiedad de sí mismo. La tecnología ha deshumanizado al hombre. El humanismo es ahora solamente una ficción intelectual. 

Los conceptos son asuntos de escaso o nulo interés para las personas, pero resultan esenciales para comprender los procesos en los que estamos inmersos. Estas ideas son de amplio espectro, sirven a lo público y lo privado; a los jóvenes y viejos; mujeres y hombres; a lo sagrado y lo profano; la iglesia y la masonería; aplican para cualquier institución que en la actualidad enfrenta la CRISIS y el CAMBIO, las dos grandes categorías del pensamiento que definen esta época. Al observar los embates sobre las principales instituciones de la sociedad tomamos convicción que enfrentamos un profundo cambio de ethos: de su ética, estética y emocionalidad. 

Comprender las principales tendencias de los CAMBIOS observables nos permite vislumbrar, en general, los desafíos de los procesos de adaptabilidad que emergen para las personas, las empresas, las organizaciones, incluso a los territorios, para asumir la inserción y sobrevivencia en la sociedad digital que emerge, marcada por los cambios de paradigmas. 

Los CAMBIOS surgen en tensión con la CONSERVACIÓN, es un equilibrio dinámico, auto constitutivo, atributivo, generativo, asociados al ser y el estar. No se puede asumir un proceso de cambios, sin definir -primero- lo que se quiere conservar. Se requiere saber lo que se debe conservar, para ser el ente que se es y/o se quiere seguir siendo en la deriva del cambiar. CONSERVACIÓN y CAMBIO, definen el ser en el acto de estar siendo. En eso consiste fundamentalmente el proceso de adaptabilidad, es el resultado de un proceso de equilibrio dinámico, un caos que emerge como un orden temporal en el contexto de ser lo que se es. 

La Ontología, es la parte de la filosofía que estudia el ser, de lo que un ente, persona, cosa u organización es, en su esencia. Refiere a la definición de ese ser, lo que es, lo que hace, en su existencia. El primero en desarrollar este concepto fue Christian Wolff (1679-1754), filósofo alemán, que lo definió como ―ciencia del ente en general, en cuanto ente‖, refiriendo a la esencia, es decir, lo que hace que un ser sea lo que es; la distinción de las condiciones de posibilidad de las existencias, refiriendo al ser mismo en su apertura originaria. 

En filosofía, una entidad o ente es algo que ―es‖ o ―existe‖ de alguna manera determinada. Sin embargo, el término ―ente‖, en la historia de la filosofía occidental es considerado general y vago, algunos autores recientes proponen una distinción entre los conceptos de ser (el acto de ser) y de ente (el «objeto» que es), entre los que destaca Martin Heidegger, uno de los referentes del pensamiento filosófico del siglo XX. 

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