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Granada

La elección desde hace milenios de la granada como símbolo de la abundancia es fácilmente transferible a la gran variedad de símbolos propios de la Masonería. Siguiendo la interpretación del siempre exhaustivo y riguroso H.·. Albert Mackey, la granada, usada místicamente en el Templo de Salomón, pasó a manos de los francmasones, adoptada como símbolo de la abundancia. La granada es, de hecho, el primero y uno de los pocos vegetales que se ofrecen a la vista y a la reflexión del francmasón, junto con el lirio y la acacia. Las granadas, a la entrada de la Logia, encima de las columnas J y B en número de tres, están posicionadas justo en la transición entre el mundo profano y los trabajos en el interior.
Cada granada está perfectamente delimitada por una corteza notablemente dura y rígida. Esa resistente corteza simboliza la UNIDAD que debe existir para ser funcionar como un solo ser. Todos juntos, y unidos, hacemos que esa corteza sea dura ante el mundo exterior y resista sus ataques, así como la fruta resiste las inclemencias del tiempo. La corteza extraordinariamente amarga y dura de la granada, que esconde una pulpa deliciosa, simboliza también la oposición entre la apariencia de los seres o los conjuntos humanos, y su realidad profunda, secreta. Al igual que la granada, la Orden Francmasónica precisa de una corteza sólida de SECRETO que conserve el medio ambiente idóneo para que en su interior se produzca la maduración correcta de sus semillas.


De hecho, y si bien el caparazón es casi impenetrable, cuando ahondamos en él podemos apreciar que encierra una MULTIPLICIDAD de semillas, tan abundantes que parecen romperlo desde el interior cuando la fruta está madura. La Masonería debe su potencia a un gran número de sus miembros y su calidad emerge, en parte, de su cantidad. Se puede interpretar en la multiplicidad y el orden de las semillas de la granada, el lugar y la razón existencial que todos tenemos. Cada uno de nosotros es una de esas semillas que empieza a crecer y madurar precisamente dentro de ese fruto. Es la UNIÓN entre todos, basada en el respeto y la tolerancia, a pesar de las diferencias, la propiedad que nos humaniza y sustenta la FRATERNIDAD entre los Masones, y la convivencia entre las personas. Es esta unión, cimentada en la diferencia, la que define el nivel de vibración y sintonía de un conjunto, alcanzando la ponderación, fortaleza y elevación espiritual. Mientras estemos cohesionados formaremos la Unidad que nos hará fuertes e impenetrables. Para los Francmasones, por tanto, la granada evoca la cohesión de la Logia.


Esas semillas de color rojo intenso están unidas unas con otras de manera homogénea, pero separadas unas de otras por una delgadísima membrana; es por ello que la granada nos dice a los Masones que, aun siendo una unidad externa, dura e impenetrable, unidos en un solo ideal, somos a la vez INDEPENDIENTES Y LIBRES dentro de ese caparazón que son nuestros templos. Cuando las membranas que cubren las semillas se rompen, dejan expuesto el líquido de éstas como si el fruto sangrara, precisamente por la ruptura de esa unión; los masones estamos así unidos por esa hermandad que nunca se puede romper. Su néctar rojo simboliza esta unión como una unión de sangre, es decir de hermanos.


Se puede inferir fácilmente que están localizadas, no por accidente, sobre las columnas J y B porque, al entrar al Templo pasando entre ellas, las granadas nos recuerdan que en el interior del Templo se sacraliza el hecho de que todos somos hermanos, unidos por un lazo de sangre y para que, al salir del mismo, recordemos, por el ensamblaje de sus granos, la armonía perceptible en la familia masónica que debe regir entre nosotros en el mundo exterior, unidos por el espíritu de la Orden y de la fraternidad.
Cada Granada representa, pues, una Logia por dentro, organizada y con cada semilla ocupando un espacio justo y perfecto. Cada semilla lleva dentro de sí ese potencial de GERMINAR un nuevo árbol, pero si esa semilla es estéril, nunca podrá germinar en nada. Esa semilla debe llevar en sí el contenido necesario que es el estudio de las virtudes para ser útil para sí y para los demás. Es en la Logia donde aprendemos a ser verdaderas semillas fértiles, y solo así comprenderemos el significado real de nuestro espacio dentro del universo, la búsqueda de la Verdad, de esa Luz de ciencia y virtud que solo se logra con la unidad y el esfuerzo de todos los Hermanos y de todos los Masones en el Mundo.


Para terminar, es interesante traer aquí una visión más del paralelismo entre la granada y la Logia. Las semillas de la granada, que maduran en unión y armonía resguardadas por la dura corteza exterior, son del todo inútiles si permanecen así encerradas. La interpretación teleológica de este símbolo, es decir, la explicación por causas finales, nos revela que el auténtico desarrollo del potencial de las numerosas semillas de una granada sólo tiene lugar fuera de ésta. Del mismo modo, los trabajos ritualísticos y filosóficos que los Masones llevamos a cabo en el interior de la Logia en busca del perfeccionamiento personal, serían estériles si se redujesen a un divertimento intelectual para satisfacer nuestro ego y no tuvieran repercusión alguna en el mundo profano. Del mismo modo que el fruto de la granada no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr una legión de mensajeros fecundos, así la Logia es una herramienta creada como medio de cultivo ideal para que los Masones se conviertan en catalizadores del CAMBIO SOCIAL.


Sólo unidos en el seno de la Logia podremos todos desarrollar nuestras virtudes para, fuera de ella, hacer un Mundo mejor.

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