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FIN DE AÑO

Una vez más llegamos a la conclusión de un nuevo año, el del 2020 que será recordado por muchos como un año negativo, donde todo salió mal, donde se perdió el tiempo y donde se perdieron muchas vidas humanas, y lo peor de todo es que si bien el año acaba, los problemas continúan y parece que se incrementarán en este nuevo 2021. ¿Será esta la única realidad que debemos aceptar?

Sinceramente creo y confío en que no debe ser así. Me rebelo a pensar que debamos ser tan conformistas con la tragedia y las penas, y que algo debemos y podemos hacer.

Pienso que el año 2020 fue un año de prueba y de mucho aprendizaje para el que lamentablemente no estábamos preparados, pero del que debemos sacar conclusiones positivas para enfrentar el futuro. Dicen que el pasado no existe porque ya pasó y que el futuro no lo conocemos por lo que no debemos atormentarnos con su contenido, pero que el presente, o sea el hoy es lo único que tenemos seguro y por ello debemos aprovecharlo y vivirlo al máximo de nuestras posibilidades.

Este año que concluye nos demostró que como seres humanos somos débiles y muy frágiles y que toda la apariencia de poderío y dominio del que nos jactábamos, no existe en la realidad. Somos solo una parte del Universo, simples inquilinos temporales en este planeta denominado Tierra, en el que debemos aprender a convivir con las otras especies y con las leyes que la naturaleza dicta, y que nosotros nos encargamos de transgredirlas al extremo, al punto que pareciera que la Madre Tierra nos está diciendo “basta”, “alto al desastre ecológico y medio ambiental”, “alto a las guerras y la violencia del humano contra el humano”, en fin alto a esta forma absurda de dañar todo sin consideración ni cuidado alguno.

Hoy hemos aprendido en carne propia que tenemos que ser más cuidadosos con el planeta que habitamos, con la tecnología que a diario inventamos y con las pruebas que alegremente realizamos, basados en nuestro aparente poderío tecnológico, bélico, económico o político. Que solo somos simples seres humanos, débiles ante la enfermedad y que aun no conocemos los misterios que encierra nuestro planeta, nuestros vecinos de uso (animales, plantas, minerales, agua, fuego y aire) y que ni siquiera comprendemos bien cómo se debe tratar a nuestro propio organismo físico y menos a la mente y pensamientos, que encierra muchos misterios, para los cuales aun no estamos preparados de entender.La pandemia, que según los historiadores y analistas se repiten cada 100 años, nos enseña que la solidaridad, el amor fraternal, la unión familiar, deben ser los principios que guíen el accionar de cada persona.

Que los gobiernos en lugar de pensar en la riqueza material de falsa apariencia, deben preocuparse más de la salud pública, de los cientos de personas que deambulan por las calles carentes de un lugar de trabajo, de una comida diaria y hasta de un lugar donde descansar. Que las tierras de sembradío deben ser utilizadas con inteligencia, la misma que tenían nuestros ancestros que rotaban sus cultivos para evitar el cansancio de la tierra y el agotamiento de sus nutrientes. Que las sociedades no pueden ser ciegas ante la desigualdad, que debemos brindar las oportunidades necesarias a todos, sin distinción de raza, sexo, tamaño ni procedencia de la cuna. Que el dinero es solo un medio de  intercambio y que todos debemos tener el suficiente para vivir dignamente, sin amasar fortunas materiales de las cuales necesariamente debemos desprendernos, al momento de nuestra partida final.

Hoy quizás estamos más conscientes de que solos no podemos existir, ni llamar vida a estar encerrados, aterrados e inconscientemente perdidos en el umbral de un futuro desconocido al que tememos abrirle la puerta de nuestras vidas, pues no sabemos si nos trae aire puro o más enfermedad. Hemos aprendido a valorar la compañía de nuestra familia, la sonrisa del contacto humano, el valor de un abrazo, la importancia de poder mostrar y ver el rostro completo de otra persona.

Tal vez sea ésta la última oportunidad para muchos de nosotros para cambiar el rumbo de nuestras vidas, para variar el ritmo de nuestra siempre absurda prisa en conseguir bienes materiales y atropellar en el camino de nuestra carrera a varios conocidos o desconocidos. El año 2020 ha sido pues un año de enseñanza, mortal y terrible para algunas personas, de mucho miedo y cuidado para la mayoría y también de desdén e indiferencia por algunos, comprobando que las reglas de sana convivencia, aun no son aprendidas y menos aplicadas en el devenir humano.

Hoy solo nos queda la esperanza de haber aprendido parte de las muchas lecciones dejadas, no hemos perdido el tiempo ni el año que transcurre en su final ha sido en vano, debemos rescatar lo positivo de las lecciones dejadas y repasarlas de tanto en tanto, pero con la mente puesta en la esperanza de un futuro mejor. Somos el presente y está en nuestras manos evitar mayores catástrofes y desastres naturales.

Apliquemos el ingenio humano, aun no desarrollado en su totalidad para crear mejores condiciones de vida, con igualdad, con ética, con responsabilidad y por sobre todo conscientes de que solo somos pasajeros temporales en este planeta y en la vida misma. Dejemos huella en nuestro andar, pero sin pisar a nadie. Que el 2021 sea el año de la recuperación y la fortaleza en un nuevo ser humano, consciente de sus responsabilidades, así como también del buen uso de sus capacidades mentales, físicas y verbales, que aprendamos a hablar en positivo y actuar con la bondad que el Creador aplicó a tiempo de darnos la vida.

SAFO

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