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Felipe Guzmán Gemio y Ricardo Marcelo Michel Villazón: LA DOCENCIA MASÓNICA Y LAS NUEVAS TECNOLOGIAS DE LA INFORMACION Y COMUNICACION: LA DUALIDAD EN UN SISTEMA TRADICIONAL Y CONTEMPORÁNEO COMO ESTRATEGIA CONTRA LA DESERCION EN LAS LOGIAS

Columna libre

Felipe Guzmán Gemio y Ricardo Marcelo Michel Villazón: LA DOCENCIA MASÓNICA Y LAS NUEVAS TECNOLOGIAS DE LA INFORMACION Y COMUNICACION: LA DUALIDAD EN UN SISTEMA TRADICIONAL Y CONTEMPORÁNEO COMO ESTRATEGIA CONTRA LA DESERCION EN LAS LOGIAS 

Introducción 

La educación, la transmisión del conocimiento, ahora en el siglo XXI, en la era de la información, de la globalización y las NTIC‟s, se encuentra altamente predominado por la ciencia y la tecnología. Las nuevas generaciones, han desarrollado nuevos hábitos de estudio y aprendizaje, por tanto, las ciencias de la educación han generado nuevos paradigmas a partir de estas premisas contemporáneas. En esta nueva concepción, la masonería heredera de las antiguas tradiciones e instituciones, sin perder su esencia, como Constructores del propio Templo Interior, y cuyo fin último es lograr la Unidad de la humanidad, con las consideraciones y respeto que merecen necesitan innovarse con el auxilio del progreso, siempre cambiante y transformador. 

Por tanto, nuestro planteamiento es una simbiosis de dos conceptos, aparentemente antagónicos, pero que, a través del principio de la armonía de las dualidades, encontraremos su complementación. Planteamos un Sistema Tradicional y Contemporáneo a la vez, donde partiendo de la tradición en el que se fundamenta la masonería, con sus principios y “Landmarks”, sea contextualizado y complementado, en su instrucción docente, con una metodología didáctica contemporánea, de carácter andragógica, que se traduce en una relación de respeto y tolerancia entre iguales, auxiliado por las NTIC‟s, como principal herramienta aliada para la facilitación del conocimiento y los nuevos paradigmas de enseñanza y aprendizaje. 

Desarrollo 

Basados en las cifras estadísticas de la Gran Logia de Bolivia, en los últimos 10 años, se presentaron 5.617 nuevos iniciados, por tanto, es innegable el crecimiento cuantitativo de la Orden, visto exclusivamente desde la óptica de los profanos que son iniciados. Este crecimiento, y muy para pesar nuestro, no tuvo la estabilidad de la regularidad esperada, y más aún, no ha sido acompañado por el principal objeto de la masonería, que es el crecimiento intelectual, moral y espiritual del individuo. Esto se hace evidente y palpable en la poca preocupación por la formación de los masones que se suscita producto de la postergación, como tema de segundo orden, que se otorga a la docencia masónica. 

Evidentemente los Talleres realizan sus programas de actividades de gestión, que incluyen las tenidas ordinarias en Templo, las instrucciones en los tres grados y actividades de confraternización y conmemoraciones de rigor. 

Sin embargo, el grado de cumplimiento de los programas es desconocido pues su evaluación, no solamente se circunscribe a la realización de las tenidas y a la lectura de trazados, sino también alcanza a la calidad misma de los trabajos y el conocimiento del tema por parte del expositor. Algo similar ocurre en las cámaras de instrucción, donde además de restringir el horario, se da mayor importancia al menú que se ofrece y sirve. Se ha perdido el concepto de la frugalidad y sobriedad que debe ostentar todo masón, como parte de su perfeccionamiento. Se ha confundido la fraternidad masónica, con la confraternización profana, pues las únicas actividades de los programas que se cumplen, son las de confraternización o conmemoraciones de rigor, que evidentemente no son menos importantes, pero que no son la esencia y no contribuyen a la formación iniciática y masónica de los hermanos. 

Es imprescindible tomar conciencia que, la falta de un adecuado mecanismo de selección de candidatos profanos, la ausencia de una normativa de la docencia, de una estrategia y un programa de instrucción, debidamente planificados y estructurados, y los métodos empleados en la implementación de la instrucción de los masones, vienen ocasionando problemas y deficiencias en los niveles de formación iniciática, que a su vez, se ha visto traducida en los altos niveles de deserción que se observan en los Orientes del mundo entero. 

Es muy recurrente, en la literatura y publicaciones actuales, la sugerencia de implementar una estrategia de adaptación de contenidos e instructores para que se corresponda con el modo y mecanismo de adopción de conocimiento de las generaciones de inicio del milenio y de su primera década. En la GLB, ambos grupos etarios, hoy denominados “millenials” (50%) y “post-millenials” (10%), superan el 60%, de sus nuevos iniciados. Mucho se ha hablado al respecto, de cómo la educación de estas generaciones que son nativas tecnológicas debe abandonar los medios tradicionales y volcar de lleno la totalidad del contenido de instrucción sobre el marco ofrecido por las NTICs. Pero, ¿es esta la dirección que debe ser propugnada? ¿Realmente se ve en la actualidad que el amplio contenido de instrucción transformado a las NTICs haya tenido el efecto postulado? Algunos estudios sugieren que la realidad dista mucho del ideal concebido. 

A pesar de su marcada influencia en la actualidad, consideramos que el problema de fondo no es de orden tecnológico, sino conductual. Hace con la actitud del educando frente al nuevo conocimiento y su relación con las fuentes de donde provienen dichos saberes. En noviembre de 2018 se efectuó un trabajo de evaluación mediante la técnica de Grupos Focales con la participación de aprendices y compañeros de las distintas logias del Valle de Santa Cruz y realizado por la Comisión de Docencia, con el objetivo de evaluar las expectativas y el grado de satisfacción de estos hermanos, en cuanto a sus aspiraciones y realización como masones y a objeto de identificar las posibles causas del fenómeno de deserción. Participaron 36 hermanos, entre aprendices y compañeros de distintas Logias, con un promedio de edad de 38 años, distribuidos en 4 Grupos focales. Sorprendió mucho las respuestas obtenidas, entre las que destacan: 

La inexistencia de un sistema de evaluación del desempeño tanto para los vigilantes como para los miembros de sus cámaras. Resulta evidente que las dificultades en el proceso de enseñanza-aprendizaje no se suscitan por efecto de un “choque generacional” o “barrera tecnológica” erróneamente endilgada en forma unidireccional hacia el lado del educador o instructor. Las dificultades se dan por falencias en la dinámica de comunicación entre el agente cognoscente y el facilitador, en forma bidireccional, y esto es indistinto a si se considera un ámbito pedagógico o un ámbito andragógico por cuanto las diferencias en la capacidad de comunicación no reconocen edad. Es más, de las respuestas ofrecidas es notorio el rol de agente observador adoptado por los miembros más jóvenes de las columnas. La idea de que el instructor, y el resto de los miembros de la logia, están en la obligación de proveer una experiencia formativa de calidad prevalece. No obstante, ya no nos hallamos en un contexto pedagógico. Esto es contradictorio con los postulados constructivistas con los cuales fueron educados, se esperaría más bien observar un carácter activo y de auto formación con mínima guía y supervisión casi nula. ¿Cómo es que ocurre semejante disociación? 

Cambios tecnológicos se han suscitado repetidas veces a lo largo de la Historia de la Humanidad y, en lo que hace a la transmisión del conocimiento, hemos evolucionado desde la simplicidad de la transmisión oral presencial hasta las complejidades ocultas en los medios virtuales que disponemos hoy en la actualidad. Sin embargo, mal se haría en perder de vista que las nuevas tecnologías de una época puntual nunca han supuesto la extinción de las tecnologías empleadas en la época precedente, en la medida que la civilización que hacía uso de ellas no haya enfrentado su extinción. Aun hoy en día, la transmisión oral del conocimiento se halla en la cúspide de la pirámide del aprendizaje y el medio aun empleado para la preservación de saberes ancestrales por ser la fuente primera de adopción del conocimiento que nuestra especie emplea desde el momento en que se desarrolla dentro del vientre materno. 

Si este modo de aprendizaje tan básico es aún empleado, aceptado y reconocido por cuanto individuo ¿por qué el nivel de insatisfacción actual con los formatos de instrucción? 

Si el carácter cotidiano y general de las NTICs, ha facilitado el acceso a la información, ¿por qué ese rol pasivo observado en las columnas en lo que hace a la propia formación masónica? Nuevamente, la respuesta se halla en las falencias en la comunicación. Las nuevas tecnologías nos han facilitado la vida en muchas áreas, y su 

“Serias deficiencias” en la formación de los Vigilantes, en cuanto a su formación masónica y en su capacidad didáctica para facilitar el conocimiento en las instrucciones. 

La necesidad de un mayor y mejor uso de las NTIC‟s en la presentación de los contenidos de instrucción. 

Ausencia de participación y compromiso de los padrinos en el progreso de sus ahijados. 

Inadecuada inducción a la masonería para los nuevos aprendices. 

Deficiencias en la preparación y planificación de las instrucciones. 

Poca participación de los hermanos de grados mayores en las instrucciones. uso adecuado debe convertirse en la principal herramienta para facilitar el conocimiento, pero juegan un rol nefasto en la comunicación interpersonal presencial. Además, el contenido disponible se caracteriza por ser resumido, breve, muy acorde al frenesí de vida actual, y las más de las veces descontextualizado o distorsionado por pareceres y opiniones del emisor. No se da espacio para el pensamiento crítico ¿para qué, si todo está listo para ser consumido? La paciencia no es una de las virtudes que los medios tecnológicos actuales ayuden a cultivar. ¿Cómo hacer un uso efectivo y racional de éstas? Vamos por partes. 

En la dinámica de transmisión del conocimiento entre el docente y el educando, y muy en particular en un ámbito andragógico, subyace el hecho que ambos actores son producto de procesos de formación diferentes y, más aún en el escenario en que la diferencia de edad se mida en décadas, de la aplicación de paradigmas de educación distintos. Nuestra educación primaria incide en el modo en que aprendimos a aprender, esto es, la forma en cómo hemos apropiado los mecanismos de adquisición de nuevo conocimiento. Son el filtro con el cual interactuamos con nuestro entorno y que empleamos para hacernos una imagen interna del mismo. Esta forma, de cómo aprendemos, define nuestra relación a nivel personal e interpersonal. Entender este hecho es el primer paso para encarar el problema de comunicación: no es poco común que el docente y el educando aborden la experiencia educativa con expectativas tan disimiles que hagan de ella más una sucesión de desencuentros antes que una experiencia formativa. 

En lo que hace a docencia masónica, los saberes que son objeto de estudio, transmisión y adopción poseen una dimensión simbólica muy rica que halla su sustento y complemento en disciplinas como la Filosofía, Historia, Teología y Lógica. Resulta imprescindible que el sujeto cognoscente tenga los conocimientos preexistentes de dichos sustentos para poder adoptar los nuevos saberes en su dimensión cabal. En la práctica, este prerrequisito no siempre es observado y más bien se halla a los educandos en déficit. Pretender que el simbolismo y la tradición que enriquece a nuestros conocimientos puedan ser asimilados y comprendidos sin el contexto provisto por las disciplinas de apoyo solo lleva a la distorsión y perversión de los mismos. Esto se manifiesta en la actual crisis de membresía en logias, que es patente a nivel mundial, y en opiniones que postulan la condición extemporánea de nuestros métodos de instrucción y la necesidad de renovarlos. Pareciera que se ha olvidado que la masonería ha aplicado desde su establecimiento en 1717 un método de instrucción guiado, basado en un aprendizaje significativo y por descubrimiento gradual, que no fue formalmente concebido, postulado y reconocido como una teoría del aprendizaje sino hasta después de la primera mitad del siglo XX con el surgimiento de la escuela constructivista. 

Merced a su tradición docente, la masonería desarrolló su lenguaje emblemático para la adopción guiada, personal, gradual y equilibrada de sus conocimientos, estas dimensiones deberán ser siempre la base sobre la cual habrá de cimentarse la comunicación entre el educando y el facilitador. 

Será entonces misión primordial del instructor masón el descubrir cómo el iniciado fue formado, como fue que “aprendió a aprender”, a efecto de poder desarrollar una estrategia que le permita comunicarse con éste en sus propios términos. Pero, en ese esfuerzo, no habría de propugnarse la adaptación del contenido de instrucción por aplicación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (NTICs) hacia forma alguna pues, de hacerlo, se estaría atentando contra el principio del aprendizaje por descubrimiento. Más bien, la inclusión de las NTICs dentro de los recursos de enseñanza-aprendizaje durante la instrucción masónica debe ser a efecto de convertirlas en un mecanismo de atracción, introducción e inducción que tenga como fin ulterior el llevar al educando al desarrollo de: el hábito de lectura, la necesidad de profundizar mediante la investigación, el pensamiento crítico, la capacidad de argumentación y la destreza en la redacción. Es la falencia o el déficit de estas dimensiones en la personalidad, que son cabalmente las características de un individuo ilustrado, libre y de buenas costumbres, lo que están diezmando los números en la masonería mundial, y no nuestra tradición. 

Para que el uso de las NTICs posea un impacto significativo sobre el conocimiento masónico tradicional de los iniciados en los ámbitos ritualístico, filosófico, simbólico y esotérico, dichos educandos deberán poseer o desarrollar criterios y habilidades más funcionales y especializadas para la selección y uso de la información generado por estos medios y que es de amplia disponibilidad en la red. Además, deberán abandonar el rol pasivo de espectador que se limita a ser “entretenido” y emitir su agrado o desagrado por el “servicio” ofrecido y, más bien, convertirse en los arquitectos de su experiencia formativa por iniciativa propia llegando al ideal de ser lo gestores de nuevo contenido instruccional que demuestre la maestría alcanzada. 

Pero, por la diversa calidad del contenido instruccional que circula en el ámbito virtual, aun si ese proceso formativo se sucede en adultos desempeñará un rol fundamental la guía y el monitoreo del proceso de aprendizaje por parte de los instructores quienes nunca deben perder de vista que todo el contenido que se crea por uso de las NTICs se hace con base en obras impresas que pueden llegar a medir su origen centurias atrás. Será su misión primordial constituirse en el agente de enlace, de facilitador que lleve a sus educandos a la fuente perenne del saber que guardan los libros. 

Se debe implementar un Sistema de Docencia Masónica, tradicional en su contenido y contemporáneo en sus métodos, basados en la doctrina ética y moral de la masonería que subyacen en sus rituales y dar inicio a una nueva visión de la docencia masónica, al alcance de todos sus miembros, y que permita la evolución y perfeccionamiento intelectual y espiritual en forma integral y homogénea. 

Las NTICs solo deben ser la etapa inicial, la puerta de ingreso a ese mundo de conocimiento. 

Hacer de ellas la piedra angular de la instrucción masónica y el formato preferente de su implementación sería un error porque los saberes que hacen a la masonería son abstractos, deben ser asimilados e interiorizados por el individuo en forma gradual conforme sus vivencias dentro de la Orden le van revelando dimensiones insospechadas. En cambio, deberán emplearse estos medios tecnológicos para ofrecer contenidos que lleven a la interpretación personal, al intercambio de opinión, al debate sano y al enlace de los conocimientos abstractos con la vivencia cotidiana. En otras palabras, habrá de propugnarse el empleo de contenido exotérico para que el desarrollo de la dimensión esotérica que hace a la formación masónica tenga lugar en el mundo interior del iniciado. Privarle de esa experiencia integradora de lo exotérico con lo esotérico seria mutilar su mente y espíritu. 

Una experiencia docente bien equilibrada conferirá al masón en formación un rol activo de su propio proceso formativo, le proveerá un entorno desafiante que avivará continuamente su motivación y su deseo por aprender más. La promesa del saber que se obtendrá en la próxima tenida deberá ser lo suficientemente bien diseñada para que sea un suceso esperado. Sin necesidad de revelar contenido instruccional alguno, las NTICs han probado en otros ámbitos ser la herramienta ideal para generar ese tipo de expectativa. Y un masón motivado y expectante no desertará de su logia jamás, sus trabajos en logia serán siempre una prioridad. 

Al final, es importante considerar que la esencia de nuestros saberes tomó forma cuando las destrezas manuales de los antiguos constructores fueron transmutadas en una enseñanza filosófica por obra de hermanos que conocieron y vivieron tanto la masonería operativa como la especulativa. La belleza de la forma en la cual el conocimiento se presente, siempre estará en el ojo de quien la mire. 

Conclusiones 

Nos encontramos en la segunda década del siglo XXI, y es innegable el predominio de las NTIC‟s, y su influencia en las nuevas generaciones, habiéndose desarrollado nuevos paradigmas y, por tanto, nuevas formas de afrontar y asimilar la educación. 

La masonería como institución iniciática, filosófica y ética, sustenta su estructura fundamental en un sistema educativo tradicional y simbólico, a su vez, la humanidad ha utilizado diversas tecnologías, cada una de ellas fueron verdaderos instrumentos de progreso para la humanidad, sin embargo, también debemos acordar que, aun en la actualidad, la transmisión oral del conocimiento, que viene desde nuestros ancestros, es la mejor técnica y se halla en la cúspide de la pirámide del aprendizaje. 

Es de primordial importancia, el deber del Instructor masón respecto a su relación con el iniciado, para la aplicación de la andragogía como metodología de enseñanza aprendizaje y técnica didáctica, para diseñar una adecuada estrategia. Finalmente, destacar la importancia y así lo reconocemos, en cuanto al uso de las tecnologías actuales, en particular las NTIC‟s, herramientas útiles, para beneficiarnos de todas las ventajas que hoy por hoy nos ofrecen, sin embargo, no es adecuado pensar o intentar hacer de ellas el sustento y la base de la instrucción masónica. Por el contrario, el uso adecuado de estos medios tecnológicos, deben permitir acceder a la conexión del conocimiento abstracto con la vivencia diaria, integrar la visión interior con la misión exterior, pues solo así el masón estará en condiciones de cumplir con el deber y la misión que hoy la sociedad del Siglo XXI, tanto requiere y exige: “Hombres Libres y de Buenas Costumbres”.

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