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ESPERANZA

Cuando todo parece terminarse y el panorama es de lo más oscuro, cuando la vida parece haber perdido su significado y no hay más nada que hacer; cuando nos sentimos acorralados por fuerzas superiores a las nuestras, surge la esperanza como recurso final para encontrar un nuevo rumbo, levantar la frente, continuar hacia adelante y renovar los esfuerzos para cumplir con la misión asignada por la vida.

Nos quieren matar la esperanza. Revivamos, luchemos, promovamos la esperanza de vivir, de soñar, de cambiar el rumbo torcido a este mundo de injusticias.

La esperanza da sentido a la vida. La esperanza es un detonante para ponernos en marcha y enviarnos a trabajar con fuerza detrás de un ideal. En la práctica trabajamos, nos movemos y actuamos porque tenemos la esperanza de llegar a alguna parte, de lograr un objetivo, de alcanzar una meta o hacer realidad un sueño. Usted que ha vivido toda una vida trabajando, luchando, soñando con una sociedad más segura y próspera, reviva la esperanza de seguir hacia adelante.

Aún en medio de la oscuridad, aún en medio de las tinieblas, hagamos renacer la luz de la esperanza.

La mejor motivación para actuar como emprendedores es lo que nos inspira que vamos a lograr como resultado de una oportunidad. La “esperanza”, más que ninguna otra cosa, es el vínculo entre la intención y el comportamiento emprendedor. La esperanza nos da un margen para que luchemos con nuestras propias fuerzas y talento en busca de lo que el Creador nos ha prometido. Por eso quien tiene esperanza anda siempre muy cerca de Él.

La esperanza renueva nuestras fuerzas y las refresca para la cotidiana jornada en que habremos de vernos la cara con sucesos nuevos y desconocidos. La esperanza nos inspira, nos impulsa a seguir, nos repone la energía después de cada tropezón o a levantarnos después de cada caída.

En otros términos: la mejor perspectiva para comprender mi comportamiento emprendedor es mi propia «expectativa del desempeño», más que mi «aptitud para el desempeño».

La esperanza sana el alma desalentada y con seguridad será una amiga fiel que nunca nos abandonará ni desilusionará. Por eso debemos buscarla, crearla, apegarnos a ella y defenderla de quienes por haberla perdido intentan desacreditarla. Y sobre todo de los que por décadas han pretendido arrebatárnosla. La esperanza es el puente que nos tiende el Creador cuando el viento sopla en contra y los obstáculos nos impiden ver su gloria.

Es por eso que decimos: aunque todo parezca destruirse, aunque parezca no haber camino para la conquista de una sociedad de justicia, por encima de todo, con fe y esperanza seguiremos construyendo ese camino de salvación, que solo el pueblo sabe construir.

No te desanimes, llénate de esperanza y sigue hacia adelante.  En el quehacer cotidiano, las personas se motivan para comprometerse en aquellas tareas sobre las que valoran el resultado esperado y estarán menos predispuestas para realizar las tareas cuyos resultados no valoran. El valor de esperanza se basa en los propios juicios de la competencia para la acción y un rol interactivo con los resultados estimados; determinando, de esa manera, las tareas en que los individuos se comprometerán a hacer.

Lo que Bandura (1986) señaló como:

“Las expectativas del resultado influyen en la motivación y predicen la conducta”. Según Bandura los juicios subjetivos de la competencia personal difieren de los juicios de la consecuencia probable que la conducta producirá. Puede establecerse una clara relación de las expectativas del resultado con las creencias de eficacia porque estas creencias determinan, en gran medida, a las expectativas.

Los individuos que esperan el éxito en una empresa particular, se anticipan a los resultados exitosos

Nos parece de especial importancia, explicar un poco aquello a lo que nos aferramos cuando emprendemos un nuevo proyecto, en el que nos encontramos con la circunstancia de qué pasará, como irá todo…o por el contrario cuando parece que todo ha terminado, nuestra vida parece que ha perdido significado y nos sentimos desorientados. Y podemos recurrir a lo que llamamos esperanza como una fuerza a seguir hacia delante, para encontrar un nuevo rumbo, para enfrentarnos a todo aquello que venga y seguir luchando con fuerza aunque nuestros sueños sean difíciles de alcanzar.

Es así como nos sentimos en este momento, con la esperanza de que todo salga bien y que este nuevo proyecto siga adelante con las mismas expectativas con las que comenzamos. Siempre escuchamos aquello de… “La esperanza es lo último que se pierde” pero… ¿Sabemos de dónde proviene esta expresión? Tenemos que remontarnos a época clásica y en concreto al mito de La Caja de Pandora, donde mortales e inmortales convivían en un mismo mundo. Los dioses, debían escoger primero la mejor comida, por lo que un día Prometeo decidió revestir la peor carne con los mejores pellejos. Al comienzo los dioses fueron engañados, pero una vez descubierto el engaño mandaron que todos los mortales fueran desterrados. Prometeo, antes del destierro, decidió robar el fuego, por lo que Zeus, como castigo, creó a Pandora (mujer perfecta). Pandora fue enviada a casa de Prometeo y finalmente acabó casándose con Epimeteo, hermano de éste… Pandora, tentada por la curiosidad, no dudó en abrir una caja que existía en casa de Epimeteo en la que se encontraban todos los males que podían perjudicar a los humanos (y que Zeus quería que fuera abierta). Al abrirla, todos los males fueron esparciéndose por la Tierra, y ésta, asustada, intentó cerrarla lo más rápido posible, pero solo pudo evitar la fuga de la Esperanza. Al comentar lo ocurrido a Epimeteo y Prometeo, Pandora les dijo que a lo único que se podía recurrir era a la Esperanza, pues era lo único que quedaba en la caja y por tanto, lo último que se podía perder.

Pero ¿qué entendemos por esperanza? La esperanza da sentido a nuestra vida. Es lo que hace que luchemos y nos pongamos en marcha para alcanzar nuestros objetivos.

La esperanza nos ayuda a soportar momentos en la vida, en que la dificultad amenaza con destrozarnos, nos concede un consuelo y nos ayuda a pasar esos momentos de angustia en los que parece que no saldremos adelante.

Esto hace que tengamos confianza en el presente y expectativas firmes en el futuro. Por tanto podemos decir que la esperanza consiste en un deseo y que con firmeza creemos que este deseo se hará realidad. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que la esperanza no significa que los problemas se solucionarán solos, que todo va a salir bien sin luchar por ello o que las cosas salen bien porque sí. Para que éste valor pueda tener sentido, tenemos que acompañarlo de acción. Y es que desde tiempos inmemoriales, la esperanza ha estado en la vida de las personas, ya que todos hemos tenido, en algún momento de nuestra vida, la esperanza de que algo salga bien o que simplemente resulte como nosotros queremos. Si uno no tiene sueños, no tiene esperanza y si no tenemos esperanza no tenemos sueños.

“DEJA VOLAR LA FANTASÍA, SIN ILUSIÓN LA VIDA QUÉ SERÍA”

AMPARTAPA

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