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El sentido de la existencia

CONSTRUYENDO… 

El Constructor 

El sentido de la existencia 

En los últimos artículos hemos tratado con el esfuerzo del conocimiento, el auxilio de la lectura de libros y artículos, las experiencias de la vida, temas que son de conocimiento universal tanto en el tiempo como en la geografía de nuestro planeta. Las virtudes y las religiones han atraído nuestra atención en el entendido que ambos temas fueron y son conocidos por las sociedades, instituciones, familias y seres humanos en diferentes épocas de la existencia humana, unas veces aprendiendo otras recordando, muchas practicando y viviéndolas. 

Desde el Nro.9 de Escuadra y Compas hasta el anterior número, abordamos los temas de virtud, religiones, actitud y conducta, con el interés de crear una plataforma informativa y conceptual para tratar temas relativos a la humanidad, a la sociedad humana. 

La virtud como habito de obrar siempre bien en todos los actos de la vida, una concepción actual la definía como el más amplio ejercicio de la razón, que busca el perfeccionamiento personal mediante el esfuerzo y voluntad propios. La concepción intelectual de la virtud es la búsqueda de la verdad, sustentada en la teoría y experimentación científica que demuestre su vigencia. La verdad hace libre al hombre que la conoce y lo independiza de la sumisión a la ignorancia. El estado de ignorancia es el mayor daño al ser humano. Lo mantiene en la carencia de conocimiento, entendimiento e información; beneficia únicamente al que las restringe porque abusa y se apropia del rédito económico, social o político que se produce por el manipuleo de la ignorancia y perjudica a todos, porque frena el desarrollo humano que el conocimiento promueve. 

En las adversidades sale a la luz la virtud. Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego. 

En cuanto a la religión, la visión social la definía como un sistema cultural de comportamientos y prácticas; cosmovisiones, ética y organización social, para relacionarse con aquella parte de la humanidad que la prefería, como forma de vida y se identificaban con su moral ética, leyes religiosas y estilo. 

Para completar el escenario, en los dos últimos capítulos habíamos traído como cita y mejor respaldo los criterios de especialistas respecto a actitud y conducta. La primera se entendía como la capacidad del humano para enfrentar a la vida y la segunda como sus acciones y sentir ante determinados hechos, circunstancias y personas es decir en relación al medio que lo rodea. 

Las virtudes y las religiones, son temas relacionados a la conciencia, al ser mental y espiritual del humano. En cambio, la actitud y conducta son expresiones personales en su actividad individual y social. El ámbito mental y espiritual del hombre influye decisivamente en su conducta y actitud. El ser humano aprende con la mente, el intelecto, almacena la información en la memoria, la procesa y la conforma en la consciencia y actúa y siente como demuestra en su actitud y conducta

Este proceso es continuo e indefinido durante la existencia del hombre. Desde niño en la generalidad de los casos, hasta su madurez es instruido primero por la familia, luego en centros de enseñanza, trabajo, relacionamiento, etc. sobre determinadas normas, instrucciones, códigos, limites, oportunidades etc. que debe respetar, observar, abordar, asumir, cumplir, etc. como reglas de relacionamiento y convivencia sana, tranquila, considerada con otras personas de la familia, cercana y extensa, amistades, colegas de trabajo, de diversión, amistades, conocidas o desconocidas. 

En la mayoría de los casos la religión se ha convertido además de la creencia en una determinada fe y práctica de los dogmas, rituales, escritos, etc., en una enseñanza de moralidad, ética, conducta que ha instruido al hombre desde pequeño hasta la mayoría en principios y valores así como en conducta dentro la familia y sociedad. Sin embargo, se han descubierto casos de inmoralidad que han cuestionado a las religiones. 

“He recorrido bastantes países pertenecientes a diversas culturas; en ninguno de ellos me preguntaron por mi religión, pero en ninguno de esos lugares me permitieron robar, matar, mentir o cometer actos deshonestos”. Bertrand Rusell. 

Esto ha sucedido en la generalidad de las sociedades mundiales. Sin embargo desde unos 60 a 70 años atrás, digamos desde los años 50 aproximadamente del siglo pasado, han empezado a producirse cambios, inicialmente imperceptibles, luego otros que acumulados a los anteriores hacen notoria la situación extraña. No obstante, pese a los cambios notables que se han dado en la educación, instrucción, religión, política, etc., aún es posible ver, aunque con menos frecuencia, que esta práctica permanece en familias escuelas colegios universidades sociedades religiones etc. 

Por lo tanto los temas de principios, valores, virtudes, conducta, no han sido extraños ni ajenos a los hombres desde la pequeña infancia hasta bien avanzada la mayoría de edad. 

Significativo es el caso de la justicia, que ha sido un concepto vital en todos los tiempos. La determinación de establecer inocencia o culpabilidad; absolución o pena merecida, es una norma de coexistencia y de protección a la sociedad y sus componentes, de las perversas acciones de los malos ciudadanos. En este sentido, los códigos y leyes de los sistemas judiciales vigentes en los países, conformaban un escudo de protección a la sociedad contra el abuso y exceso que se cometían contra ella y sus componentes. Había sensibilidad, responsabilidad, preocupación por el bien estar de la humanidad, dentro las respectivas sociedades y también severas penas que se cumplían, contra quienes osaban vulnerar la seguridad, tranquilidad estabilidad de los miembros de ella. 

Los administradores de justicia eran gente proba, la mejor calificada, que tenía el honor y la responsabilidad de dictaminar que era justo e injusto y de que parte estaba la razón. La sociedad confiaba en ellos y les entregaba su protección, la justicia, la razón a esos ciudadanos que se esforzaban en ser dignos de semejante confianza y de ser probos ante la sociedad que había depositado en ellos tanta confianza. 

«La justicia es la verdad en acción.»

Joseph Joubert 

Por su parte, los líderes, aspiraban a la dirección de las instituciones, confiados en sus capacidades intelectuales, sociales, morales, éticas y prometían responsabilidad, seriedad y compromiso con las ofertas que realizaban. En el ejercicio de su mandato se producían circunstancias y hechos que menguaban la credibilidad en el líder, reducían el alcance de la promesa efectuada o cambiaban el sentido de la misma por la presencia de factores no tomados en cuenta pero que la surgencia era informada oportunamente. El líder se retiraba en el momento correspondiente, rindiendo cuentas de sus acciones y asumiendo responsabilidades de las mismas. 

Quienes ejercían el control fiscalización de esas gestiones, eran comprometidos con la sociedad a quien debían su nombramiento y por quien desarrollaban su trabajo con esmero dedicación responsabilidad y seriedad. 

Otro tema de gran connotación en todos los tiempos, es el relacionado con la actitud y conducta humana en actividades cuyo ejercicio conlleva la disposición de influencia, poder y fuerza. 

La virtud aconseja un actuar moderado, sobrio, mesurado, prudente en la vivencia y uso de lo material, sensual, gustos, satisfacciones y placeres. Estos límites se han destacado y subrayado en toda circunstancia dentro las sociedades y sus instituciones y aun con vehemencia como recordatorio a quienes ejercían labores dirigénciales. 

Es cierto que contar con poder de decisión, mando, acción, ejecución, influencia y fuerza son atributos que empoderan al hombre que dispone de ellos. Se espera una acción virtuosa con principios generosos y hábitos buenos de quien cuenta con el poder. El gobierno cedido por la sociedad a un ciudadano que ha cautivado su confianza, tiene que ser correspondido por éste, con un agradecimiento, reciprocidad y responsabilidad por la confianza que ha merecido. 

En términos generales y aplicables a todas las instituciones públicas y privadas, así se entendían las actividades de la sociedad y sus componentes y aunque había distorsiones a esta norma de conducta y actitud, en la generalidad de los casos se respetaban e incentivaban los principios, valores y virtudes del ser humano dentro la sociedad conformada por ellos. 

En resumen los principios valores y virtudes, no eran ni actualmente son, definiciones y conceptos desconocidos para el hombre. Eran práctica consuetudinaria y la mayoría intentaba y se esforzaba en cumplirlos en su vida en sociedad. Es más, en toda actividad y oportunidad la vara de medida de la conducta humana, eran los principios, valores y virtudes. Cumplirlos era la mejor expresión de probidad. 

Como indicamos líneas arriba, en el presente se ha notado en el mundo un cambio en esta conducta desde hace unos 70 años. En los países y sus instituciones; en las sociedades, las reparticiones y personas que la componen; en las agrupaciones sociales, educativas, políticas, religiosas, deportivas, culturales, vecinales, sindicales, profesionales, académicas, universitarias, de comunicación, servicio, etc. el cambio de actitud y conducta de las personas están marcando un serio y sorpresivo efecto en la vida humana y la naturaleza. 

Corren tiempos de cambio para la humanidad. Otro mundo comienza a emerger. Millones de personas lo esperamos y caminamos hacia él. Germán Martín Rais 

Como el cambio que se advierte, parecería que se consolida progresivamente en el tiempo que transcurre y en la geografía de nuestro planeta, estaría anunciándose un periodo de inflexión en el universo que aún no termina de ser entendido por el ser humano. 

Al respecto, posiblemente nos falta madurez racional, memoria y comprensión para entender lo que está pasando. 

El Maestro de Galilea decía: «El que tiene oídos para oír, que oiga.» Entonces, acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.» -Mateo 13:9-14. 

En nuestros tiempos, consultado el Dr. Albert Schweitzer ganador del premio Nobel,: «Doctor, ¿qué los hombres de hoy están haciendo mal?» el doctor se mantuvo en silencio por algunos momentos y luego dijo: «Los hombres no están pensando». Esta es una respuesta medular. El hombre existe, pero no medita. El pensamiento del hombre no es de existencia sino de sucesos particulares sin conexión. Cada uno de nosotros es la suma total de nuestros propios pensamientos de hechos particulares e inconexos, no de existencia. Estamos donde estamos porque eso es exactamente lo que quieres ser o sientes merecer. Desorientado en el proceso integro de la vida terrena, contento por algunos logros particulares, descontento por otros no alcanzados y tremendamente desorientado en el porqué de su existencia. 

En los siguientes capítulos abordaremos más reflexiones. 

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