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EL PADRE NUESTRO

José Luis Alemán Gárate
Past Preceptor

Hacen algunos años atrás, escribí este trazado intrépido, osado y a la vez sereno, presentado en una Asamblea Ordinaria del Preceptorio “Civis Mundi” Nº 624, como es EL PADRE NUESTO, recuerdo que removí el campo del conocimiento, asistiendo a las vertientes más cristalinas y suplicando a Él para que los “rayos de su sapiente resplandor” me iluminasen en ese propósito.      

El hombre desde la más remota antigüedad tuvo la tendencia natural a divinizar los aspectos que no comprendía, siendo este el origen de la religión cuya división más comprensiva es la que la diferencia en: Natural fundada en la razón, objeto de la Teodicea y la Revelación Divina, esencia de la Teología. En muchas religiones del mundo antiguo, se dirigían súplicas a la Divinidad con el título de “Padre”, lo cual manifiesta un dogma en semejante paternidad. El concepto de “padre-madre” ha permitido nombrar a Dios como el origen y el principio. Las confesiones de fe son la resonancia de la creencia en una paternidad Divina y en una estrecha relación entre el hombre y la Deidad.       

Las referencias más antiguas al Padrenuestro son consideradas desde teorías teologales que relacionan al cristianismo con añejas creencias egipcias. LLogari Puyol, señala que: “un antecedente concreto se encuentra en un texto que data del año 1000 antes de Cristo. En la Oración del ciego se dice: El Dios de la Tierra es el gobernante del horizonte. Dios es para hacer grande su nombre, lo dedica a la adoración de su nombre, da su existencia de Dios. El hará tu negocio. Su semejanza esta sobre la Tierra. Dios es dado incienso y alimento en ofrendas diarias. Dios juzgara al verdadero y honesto y perdonara a nuestros deudores. Guárdate contra la cosa que Dios Abomina, presérvate del mal. Dios es el Rey del horizonte, del poder y de la gloria”.

En las formas religiosas adoptadas por la antigua Grecia, los principales ritos fueron las oraciones, ofrendas y sacrificios, estos no eran excluyentes. El culto público era de dos clases, el primero consistía en un rito panhelénico y el segundo, cada ciudad rendía culto a sus Dioses. El privado ofrecía preces a Zeus y Hestia. En el caso de la religión grecorromana la oración a las grandes divinidades como Júpiter, Neptuno, Atenea, etc. se caracterizaba por lo ceremonioso y de acuerdo a ritos complejos; en tanto que la oración a Dioses familiares se identificaba por las peticiones de manera íntima.

El Judaísmo se basa en el Tanaj (Antiguo Testamento) y mantiene la creencia en un Dios Omnipotente, Omnisciente y Providente; la plegaria más solemne aparece en el quinto y último libro del Tora, Deuteronomio Cap 6, Shemá Israel, “Oye Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno”. La oración judía, en hebreo, Abinu Malkenu, literalmente significa: Padre nuestro, Rey nuestro. La antigua plegaria Qadis decía: “Ensalzado y santificado sea su nombre en el mundo que Él creo. Haga prevalecer su reino en nuestras vidas y en la vida de toda la casa de Israel. Amen”.

Si bien, el hebraísmo cambio el concepto religioso del politeísmo por el monoteísmo o unicidad de Dios protector del pueblo judío; el cristianismo introdujo la creencia en un Dios Universal, el concepto de pluralidad en la unicidad de la substancia, y la unión hipostática como la suma de la naturaleza humana y la naturaleza Divina. San pablo (10-64) decía que Jesús vino al mundo a redimir al hombre del pecado original que, al sacrificarse, permitió que la gente participara en la gloria de la sabiduría. Clemente (120-220) y Orígenes (185-254) reconciliaron las fuentes hebreas del cristianismo con el politeísmo griego al que agregaron el determinismo de los estoicos, afirmaron que el Dios de los hebreos es la primera causa o principio de la vida. En los concilios ecuménicos de Nicea (325 d.C.) y Constantinopla (381 d.C.) se definieron la consustancialidad del Hijo con el Padre y se precisó la Divinidad del Espíritu Santo. La doctrina judaica monoteísta y el politeísmo de la tradición griega fueron resueltos con el concepto de la Santísima Trinidad. Con la distinción aristotélica entre esencia y existencia, percibían a Dios como esencia pura capaz de tres manifestaciones: el Padre creador, el hijo redentor Jesús y el Paráclito o Espíritu Santo que da el conocimiento.            

Existen dos versiones sobre la vida de Jesús en la que no aparece en forma pública, durante un periodo de 18 años.  La primera de estas, hace referencia a su permanecía en la India, Tíbet, Persia, y Egipto, países en los cuales realizaría estudios sobre la etapa cósmica solar de la Iniciación. En la obra atribuida a Ouspenshy (1878, 1947), “Iniciación de Jesús en el Templo de Heliópolis” (Egipto), el Maestro recibe su nombre y número místico “logos, círculo y siete”.  Críticos severos de Ouspenshy señalan que el filósofo ruso no escribió este libro y que el relato de la recepción de los siete grados corresponde a Levi H Rowling en su obra “The Acuarian Gospel of Jesus The Crist”, publicado en 1908. Algunos eruditos creen que Jesús se inspiró en la religión budista y que el Evangelio apócrifo de Tomas, escrito en copto, forma parte de los manuscritos Nagy Hammadi (Egipto) encontrados en 1945, refleja esa posibilidad. La segunda versión señala que Jesús permaneció en Israel en silencio para entender y cohabitar con su vida ordinaria en el contexto en el que le toco vivir. Esta vida oculta fue de entendimiento y preparación para su vida pública. Algunos estudiosos afirman que serían los esenios autores de los manuscritos escritos en arameo y hebreo que datan 150 A.C. y 70 D.C., encontrados en el Mar Muerto en 1947, ratificando la relación entre el cristianismo primitivo y los israelitas que esperaban el Reino de Dios y que constituyeron una fuente de inspiración para preparar en el desierto el camino de Jesús.

En ambas versiones, no es excluyente la influencia egipcia puesto que el Salvador y el Cristo ungido por el Paráclito para cumplir las tareas de: Profeta, Sacerdote y Rey; concibió la filosofía más profunda que Platón, las enseñanzas del Maestro agradaban al pueblo más que las de Sócrates. Jesucristo construyó la Oración de rasgos profundamente humanos y de dimensiones cósmicas, geométricamente perfecta para establecer la Relación del hombre con el Altísimo. 

El Pater Noster (latín), es el nombre de la oración cristiana enseñada por Jesús de Nazaret, según los evangelios de Mateo (6:9-13) y Lucas (11:2-4).  “Es el resumen de todo el Evangelio” (Tertuliano). “Es el más perfecto de todas las oraciones” (Santo Tomas de Aquino). En Mateo, existen doce versos que forman una invocación solemne típicamente judía y siete peticiones: las tres primeras son teologales: la Santificación de su nombre, la venida de su Reino y la realización de su Voluntad. Las cuatro últimas petitorias piden al Padre: alimento, su perdón y misericordia, compromiso de perdonar y protección contra el mal. En Lucas son ocho versos, una invocación breve, dos peticiones teológicas la santificación de su nombre y la venida de su Reino, tres peticiones referentes al pan, el perdón y al amparo contra la tentación. “Las diferencias entre las dos versiones son marginales, y en la practica la iglesia primitiva opto por el texto de Mateo”. Todas las petitorias del Padrenuestro son vehículos de protección, peldaños de esa victoria helicoidal contra el mal y frente al poder de la muerte.

Antología exegética del Padre Nuestro.

Padrenuestro, que estas en los Cielos. Abbá deb bashmaia (Arameo).

El G.A.D.U. Fuente de fulgor, aliento creador y energía que está en toda la obra de la creación es la causa y el hombre es el efecto o manifestación. La expresión Padrenuestro puntualiza la naturaleza y el carácter de ÉL y resume la Verdad del Ser. Se establece y para siempre que la relación entre el Altísimo y el hombre, es la de Padre e hijo. Al decir Padrenuestro se revela la hermandad entre los hombres hechos de la misma substancia. El G.G.D.U. está en el corazón de quien confía y cree en Él. El cielo es una dimensión cósmica, realidad no material, no es un lugar sino una manera de estar. No está fuera de otro mundo, sino que su presencia abarca más allá de todo porque es TODO.

Santificado sea Tu nombre. Jit cuaddás semac (Arameo).

YO SOY EL  QUE SOY, el Alfa y el Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Último, el que Era y que Es y que Será, Circunferencia y Circulo, Zenit y Nadir.  Él VVDA es el Único  que tiene su Ser en y de Sí mismo  y que concede a todos los demás su existencia. Santificar el nombre del Señor Misericordioso, es hablarle con reverencia y  es vivir en la conciencia perenne que merece Aquel que nos ha tomado por hijos. Se reconoce la integridad de nuestra Unidad con su naturaleza que es: Amor, Paz, Armonía, Felicidad e Inteligencia; que ablanda nuestro Ser y Santifica un espacio para implantar su presencia.  Al crear al hombre a su imagen y semejanza Dios lo corona de Gloria, pero al infringir la ley Divina el hombre queda privado de la Gloria. Hablamos de su nombre para designar su presencia activa: energía, irradiación, respiración de vida y esplendor que esta sobre todo el firmamento. La Santidad de Dios es el hogar de su misterio eterno.  

Venga a nosotros Tu Reino. Teté malcutác (Arameo).

Él, desde el trono del amor y la justicia, reina sobre todas las criaturas y de modo especial en el espíritu del mortal. Al Pedir que venga su Reino, el hombre vuelve sus ojos hacia la consumación suprema del dominio, pues desea su manifestación gloriosa. Su potestad apunta hacia un futuro ya amanecido, es una realidad presente, pero sobre todo una realidad futura. La expectativa de la venida del Reino del Señor implica la victoria de la Luz sobre la oscuridad, la actitud de apertura del corazón que reaviva las energías del Espíritu para que se derrame su Santa Gracia. Que su reino, que es un estado de suprema conciencia, crezca aquí y desde ahora, gracias a la satisfacción de los hombres en el Espíritu y al compromiso de estos por el amor, la justicia, la solidaridad y la paz.   

 Hágase Tu Voluntad en la tierra como en el cielo. Nehbe tzevianac deb bashmaia afbarja (Arameo).

¿Puede pedirse al Él que haga su voluntad sin que quede anulada la propia libertad? La exhortación no es antagónica ni coactiva, entraña AMOR que no es dependencia. La esencia de la libertad divina es su mismo Ser. La libertad humana posee un grado de perfección del Ser subsistente. Se pide al G.S.D.U. preservarnos en nuestras acciones que, marcando bien, podamos participar en la conciencia despierta de su obra. Solicitamos haga su voluntad en todas las cosas:  cielo y tierra, espíritu y materia, puesto que el Altísimo no quiere tener al hombre como simple ejecutor de su voluntad si no al hombre libre   dispuesto a responder a su amor paternal. Todo lo que sucede en el universo creado, sujeto al tiempo (Cronus), depende de otro mundo no creado donde no corre el tiempo (Cairos). 

Dadnos hoy nuestro pan de cada día. Hab Ián lachma desúncuaman iaomana (Arameo).

El pan es el símbolo ancestral del proceso de creación. La siembra de la semilla, la cosecha del fruto y su molienda, el proceso de la elaboración para conseguir la hogaza, es fruto de las acciones creadoras del hombre. Lo que se le pide a ÉL es que nos proporcione el pan material y espiritual, sostén de la vida y el agua que refresque el espíritu con los rocíos de la sabiduría para producir, crecer y florecer los siete centros de energía de la vida que elaboran la existencia, porque en el proceso evolutivo no existen tendencias muertas puesto que todo se encuentra vivificado. El pan espiritual es necesario para conservar y fortalecer la vida de la gracia santificante para que el Padre vea en el hombre una imagen cada día más perfecta de Él.

Perdonad nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a nuestros enemigos. Usheboc lán hobénan bacta, hain aicanna daf knan shbócuan lehaj jabénan (Arameo).

Dios Eternidad que comprende todo. El perdón es la necesidad más urgente del caído género humano, pues no hay aspecto que oprima tanto como una ofensa no expiada. Esta petición debe ser realizada desde el fondo del corazón puesto que suplica la misericordia del Padre Celestial inclinado a concedernos gracias a su naturaleza.  El Creador conoce y ama al hombre y desea que se le pida perdón por las ofensas. Para poder recibir el Amor de Dios, se necesita un corazón limpio y puro.

El G.A.D.U., creador de las reglas cósmicas sabe que las ofensas perdonadas abajo disipan automáticamente los mecanismos del perdón en los mundos de arriba.  Esta condición, la de perdonar, es necesaria para lograr la misericordia Divina la cual no se puede recibir si no se dispensa al prójimo que nos ofendió. Jesucristo, introdujo esta invocación para que el discípulo medite sobre el asunto y pueda tomar cognición de su propia actitud, puesto que el amor se refleja en amor. Perdonar las ofensas es tarea primordial para vivir en la Jerusalén Celestial.

Y no nos dejes caer en tentación; Bela ta elinnan lenisjón; La tentación surge ineludiblemente al alcanzar cierto grado evolutivo, las bajas pasiones deben ser erradicadas del corazón y la mente, en este valle de tentación, con la espada de la Virtud, el escudo de la Fe y la coraza de la Rectitud. Para posibilitar el proceso crístico, se le pide a Él noslibre de ese mal sutil, alejándonos del camino que conduce a la caída otorgándonos la suficiente lucidez para reconocerlo y concediéndonos su Santa Protección.

Pero líbranos del mal, ela patzan min bisha (Arameo).

El hombre vive en este mundo una situación de experimento que, proviene de la misma naturaleza humana. Tanto las dificultades adversas como las favorables, ponen a prueba la Fe en Dios. El hecho de vencer la tentación, disciplinando la naturaleza material a través de la mente para que predomine la naturaleza espiritual, significa el triunfo y la victoria que el Capitán Celestial espera, logrando en consecuencia elevar el vector síquico en el camino de perfección, asegurando estar preparados y sin temor para la hora final de la vida mortal, vislumbrando una inefable y eterna felicidad en aquel mundo por venir.

Doxología final.

Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre jamás, Amen. Metol dillake malcuta bahaia batesh bucta leahlam al min, amein. (Arameo).

Se manifiesta el total reconocimiento de que Él es un Ser Absoluto y Supremo que no tiene principio ni fin. Es la base de la visión fecunda, la fuerza que hace germinar y la integridad donde todo es reunido y hecho pleno nuevamente. La perfección requiere para expresarse un medio conveniente a su naturaleza, y si el hombre no adquiere la cualidad de esta, el Padre reside en el portal del Templo Interno, esperando que esa perfección se cumpla.  Un soldado de la Cruz.

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