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El Otro Simbolismo

Los masones saben lo que significa la palabra simbolismo en la Logia. Sin embargo, no es el único movimiento que ha utilizado el término, sino que una escuela artística lo ha elevado a la categoría de su propia denominación. Se trata de un movimiento artístico surgido hacia 1888 que revela inquietudes místicas y ejerce una influencia limitada. Sobre 1900 se funde con el art nouveau.

Se ha definido el simbolismo como ideista, sintético, decorativo, subjetivo… elementos que son, ciertamente, comunes a muchos estilos. Muchas de sus obras están inspiradas en la Biblia y en la mitología, expresan misterio y magia.

El simbolismo alcanza sólo esporádicamente la arquitectura, en la figura de Gaudi y la escultura. Se manifiesta más bien en la pintura donde combina aspectos ideológicos y metodológicos. El término es fuente de controversias, ya que para unos, el simbolismo, es un movimiento que proviene del romanticismo; para otros, tal simbolismo no existió, y, finalmente, algunos críticos dicen que es una manifestación típica del postimpresionismo. A continuación una reseña sobre este fenómeno de la expresión del espíritu.

Definición del simbolismo

La palabra simbolista proviene del mundo literario. El primero en usarla fue Jean Moreas, en 1886, aunque es en la década de los 90 cuando se emplea relacionada con el arte.

Téngase en cuenta, además, que el hombre desde siempre, se ha servido de símbolos para expresarse y a través de ellos aproximarse al mundo inmaterial. La mitología y la religión han echado mano de los símbolos para ir más allá del mero lenguaje y dejarse entender.

El simbolismo tema extendido

El Simbolismo fue uno de los movimientos artísticos más importantes de finales del siglo XIX. En » Un manifeste littéraire («Un manifiesto literario»)» , publicado en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo: «Enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad, la descripción objetiva» (Ennemie de l’enseignement, la declamación, la fausse sensibilité, la description objective). La poesía simbólica busca vestir la idea de manera sensible» (la poésie symbolique cherche à vêtir l’Idée d’une forme sensible).

La literatura simbolista posee intenciones metafísicas, intenta utilizar el lenguaje literario como instrumento cognoscitivo, por lo cual se encuentra impregnada de misterio y misticismo. Intentaba encontrar lo que Charles Baudelaire, gran poeta precursor de este movimiento, denominó «correspondencias», las secretas afinidades entre el mundo sensible y el mundo espiritual. Para ello utilizaban determinados mecanismos estéticos, como la sinestesia

El Simbolismo es una tendencia que supera nacionalidades, límites cronológicos y estilos personales. En este cajón de sastre podemos encontrar figuras tan dispares como Vincent Van Gogh, Paul Gauguin, Gustav Klimt, Edvard Munch, etc. Para complicar más la cuestión, el Simbolismo derivará en una aplicación bella y cotidiana de honda raigambre en el arte europeo de fines del siglo XIX y principios del XX: el Art Nouveau. El Simbolismo pretende restaurar significado al arte, que había quedado desprovisto de éste con la revolución impresionista. Mientras que otros neoimpresionistas se inclinan por ramas científicas o políticas, el Simbolismo se decanta hacia una espiritualidad frecuentemente cercana a posiciones religiosas y místicas.

La fantasía, la intimidad, la subjetividad exaltada sustituyen la pretenciosa objetividad de impresionistas y neo-impresionistas. Continúan con la intención romántica de expresar a través del color, y no quedarse solamente en la interpretación. Ahí encontramos el nexo de unión con el resto de neo-impresionistas, puesto que las teorías del color local y los efectos derivados de las yuxtaposiciones de primarios, complementarios, etc., les resultarán muy útiles a la hora de componer sus imágenes, muy emotivas, como en la casi violenta visión de la pasión amorosa que Klimt ofrece en su Dánae.

El belga Emile Verhaeren (1855-1916), también narrador, y Francis Vielé-Griffin (1863- 1937), entre muchos otros. En otros países el Simbolismo tuvo también extensión: en Rusia, por ejemplo, fue divulgado por Alexandr Blok, Fiódor Sologub, Andrei Bely; en Suecia, el dramaturgo August Strindberg recurrió a algunos de sus postulados, y en el mundo hispanoamericano y español se difundió a través del Modernismo.

Simbolismo literario hispanoamericano y español

El simbolismo literario hispanoamericano y español, con algunos importantes antecedentes peninsulares como Gustavo Adolfo Bécquer y como Salvador Rueda, se subsumió en un movimiento más general conocido como Modernismo que empezó en Hispanoamérica. Se encuentra Simbolismo ya en los cubanos Julián del Casal y José Martí, en el colombiano José Asunción Silva, en el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y en otros autores posrománticos hispanoamericanos; Rubén Darío, gran introductor del Modernismo en España, lo asimiló y difundió; en España lo cultivaron Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Francisco Villaespesa y Ramón Pérez de Ayala entre los más importantes. En Hispanoamérica se encuentra en el argentino Leopoldo Lugones, en Julio Herrera y Reissig, José Antonio Ramos Sucre en Ricardo Jaimes Freyre, Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Guillermo Valencia, José María Eguren y en muchos otros autores modernistas.

CAPILLA SIXTINA

Un estudio realizado sobre el significado cristiano de la Capilla Sixtina, revela que Miguel Ángel Buonarrrotti, estudioso y cultor del judaísmo, introdujo en la posición del brazos, manos, piernas, pies, en figuras femeninas y masculinas, en todo elemento expresado pictóricamente, escritura judaica transmitiendo mensaje paralelo.

En otras palabras la educación del hogar es indispensable en todas las edades y no debe existir límite ni excusa para el cumplimiento de esta sagrada misión. En cuanto a los centros de formación básica, secundaria, profesional y post grado, llenos de nuevas modalidades en el uso de la cibernética y de los TIC,s de comunicación pero sin el alma del verdadero cultivo y desarrollo de la “vocación”; los niveles y cumplimiento real de sus objetivos se ha puesto en tela de juicio, como consecuencia de los resultados observables a simple vista. Los costos de esta educación se han incrementado en forma proporcional geométrica y los logros no han alcanzado ni siquiera una progresión aritmética limitándose a solo un crecimiento vegetativo.

Esto es fácilmente comprobable, cuando se analiza estadísticas sobre: la cantidad de educandos que ingresan al nivel inicial, la cantidad de graduados como bachilleres, la proporción disminuida como titulados y no simplemente egresados de las Universidades, y la cada vez menor cantidad de los que logran culminar estudios de post grado en sus diferentes denominaciones y especialidades y ni que decir sobre las tremendas limitaciones de captación del mercado nacional con relación a la siempre creciente oferta laboral.

Lo grave es que todo este proceso formativo es enormemente oneroso y solo se basa en formación tecnológica y enciclopédica, donde los nuevos profesionales o son “expertos conocedores” de todo a medias o son súper especializados en áreas muy delimitadas y de poca o ninguna demanda en el mercado laboral de escasa tecnología, y ésta es la triste realidad de la mayoría de los países latinos. Un otro aspecto a destacar es que en la formación especializada los humanos se vuelven expertos tecnológicos dependientes de la cibernética y de los inconmensurables y rapidísimos cambios tecnológicos que existen en la actualidad, pero siguen carentes de un manejo conciencial personal y en el cual no impere simplemente el apego a lo material y al consumismo, descuidando totalmente los valores espirituales, morales, familiares y hasta sociales, pues el único apetito es crecer económicamente, acumular bienes materiales, las más de las veces suntuarios e innecesarios siguiendo modas pasajeras e ingresando en la fase de lo desechable y sin apreciación alguna.

La formación afectiva también ha sido dejada de lado, pues la enorme variedad y excesiva oferta en el mercado de competencia voraz existente, desde el laboral hasta el suntuario, hace que cada quien se obsesione por su progreso e incremento material, sin interesar si en el proceso se debe aplastar a los demás competidores. Consecuencia de esto son las sociedades actuales y sus excesos, donde un reducido porcentaje de personas poseen más dinero acumulado que el presupuesto anual del 80% de los países existentes; actitudes de desprecio o indiferencia ante la tragedia de millones de seres humanos que no tienen alimento, carecen de agua, vivienda, atención médica y son simplemente esclavos de otros humanos en pleno siglo XXI.

La verdadera educación debe ser un conglomerado de conocimientos y prácticas dirigidas a formar seres de bien, humanos completos, en los que se involucre no solo la fase material, sino y por sobre todo el sentimiento de solidaridad y convivencia pacífica entre seres de la misma especie y con profundo respeto al resto de vida animada existente, con inteligente uso de las nuevas tecnologías, equipamientos y conocimientos que la ciencia a diario obtiene. La carencia de una cultura ecologista y de respeto al medio ambiente es una clara demostración de una formación incompleta, en donde lo que importa es solamente la satisfacción inmediata de las necesidades y placeres materiales, sin importar, analizar y menos prever las consecuencias de estos hechos a mediano y largo plazo.

Nuestras sociedades se encuentran en crisis, y no simplemente de carácter político, económico o ambiental, sino fundamentalmente educativo, es decir, de humanos mal e incompletamente formados, donde los títulos adquiridos no podrán jamás reemplazar la carencia de conocimiento en los valores de cuna, que son los que se aprenden en casa y se llevan hasta el último de los días.

Dicen las viejas leyendas que el hombre comienza en realidad a ser viejo, cuando deja de ser educable, frase que debe inspirarnos a continuar con esta tarea en forma imperecedera, constante y progresiva, tanto desde el punto de vista personal, como de los seres que aún dependen de nosotros y con quienes tenemos no solamente el deber de dotarlos de la mejor educación como progenitores, sino también como ocupantes no solitarios de la nave espacial llamada Tierra, y en la cual no somos los únicos y tal vez ni siquiera los más importantes.

“¿Qué es el hombre en la naturaleza? Una nada frente al infinito, un todo frente ala nada y un medio entre todo y nada”.

¿De dónde venimos? La eterna pregunta de siempre Por cuanto, si somos y siempre lo hemos sido, seres de energía concentrada, siempre en nosotros ha estado la Luz y La Fuerza, y el tomar conciencia de aquello es el proceso más fenomenal que puede enfrentar todo ser humano, y para todo Aprendiz de Masón debería ser su motivación.

Plantearse la pregunta: ¿De dónde venimos?, implica, paralelamente, preguntarse de qué modo evoluciona la vida, para concluir con la búsqueda de una respuesta del hacia dónde vamos como humanidad. Esta pregunta, para un aprendiz de masón, contiene una afirmación en sí misma. Porque sólo se la puede formular quien se encuentra en un lugar y se es un ser consciente de un antes y después. Ese tiempo que llamamos después, es uno especial, por cuanto determina a formularnos la pregunta esencial a todo hombre, pero que en masonería es trascendente responder.

No debemos olvidar que nuestra Orden es una institución ética, iniciática y filosófica y por tanto está constantemente en búsqueda de la verdad. Para ello ocupa un sistema educativo basado en el simbolismo. Nuestra búsqueda a nivel masónico empieza desde nuestra iniciación, donde partimos en la cámara de reflexiones a un viaje hacia nuestro interior, buscando la respuesta de esta pregunta.

Por cierto la pregunta: ¿de dónde venimos? es consustancial a la calidad de ser humano, por cuanto como seres con autoconciencia la formulamos desde nuestro entendimiento en diversas escalas y profundidades, comenzando en nuestra infancia, interrogando a nuestros padres y preguntando por nuestros ancestros. Y así como también la formulamos colectivamente, dándonos respuestas desde la religión, como seres productos de una creación divina; y la ciencia que nos habla de una evolución y es de esta segunda perspectiva la que se tratará más extensamente en esta plancha.

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