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EL ALFA Y EL OMEGA

“El sentido MM y ser parte del S.R.A.J. nos obliga a construir el Segundo Templo interno Permitiéndonos ser parte de YO SOY”

Deseo expresar en primera instancia el sincero agradecimiento al habérseme distinguido con la lectura de este trabajo, en la convocatoria de esta noche, este privilegio para mi significa una gran responsabilidad y al mismo tiempo me impulsa ha pedirles su comprensión por algunas imperfecciones que con seguridad ustedes podrán encontrar en mi presentación.  Sin embargo, estén seguros que puse todo mi empeño para cumplir con este deber de la mejor forma posible y espero su retribución solo con la tolerancia y comprensión debida.  Deseo finalmente agradecer a los CC. que me colaboraron facilitándome bibliografía, solo espero compensarles, cubriendo las expectativas de todos ustedes.  Gracias CC.

INTRODUCCIÓN

Antes de introducirme en el tema, considero necesario puntualizar que esta investigación en sí es apasionante, puesto que se trata de desentrañar y entender el origen mismo de nuestra creencia, el entender con  mayor precisión el Discurso Místico del Primer Principal en nuestra ceremonia de exaltación, el aprehender “con h intermedia”, el apropiarnos de su real significado, para eso a manera de introducción y recordatorio permítaseme traer esas palabras y momentos en sus dos partes:

“Al hacer el Signo de Confianza y Fe, demostramos que nos postramos ante la misericordia de nuestro Divino Creador y Juez, confiando con humildad y santa fe en sus benditas promesas, con cuyo auxilio esperamos pase a través del arco de nuestra  redención a las mansiones de eterna felicidad y gloria, y ante la presencia de Aquel quien es el Gran YO SOY,  El Alfa y Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Último”.

Acá mis CC. podemos entender que efectivamente depositamos en el Altísimo todas nuestras acciones y somos hijos  de la misericordia.

Pero las enseñanzas de nuestra exaltación sobre este tema no terminan acá y es en la segunda parte del Discurso Místico, después de saber que en el Real Arco gracias a los Moradores que fueron a construir los cimientos del Segundo Templo, descubrieron un altar de doble cubo con una placa de oro con las iniciales de los Tres Grandes Maestros que presidieron la construcción del Templo anterior, además grabada la Triple Tau, un triángulo, un círculo y principalmente el Nombre del Inefable:

“La Palabra escrita es el nombre del impronunciable, ese grande, terrible, tremendo e incomprensible nombre del Altísimo; que significa:  YO SOY EL QUE SOY, el Alfa y el Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Último, el que Era y que es y que Será, el Todopoderoso.  Es el nombre del actual, futuro, eterno, inalterable y omnisuficiente Dios, el único que tiene Su Ser en y de Sí mismo y que concede a todos los demás su existencia; así que Él es lo que fue, fue lo que es, y será siempre lo que fue y lo que es, de eternidad a eternidad, dependiendo toda criatura de su magna voluntad y poder.”

Nuevamente, recibimos de esta explicación la esencia de nuestro ser, es decir, se nos muestra que todos somos de Él, aquel que nos ha permitido vivir para su voluntad y al que le debemos tributar el ejercicio de la más pura y devota piedad, reverencia y obediencia.

Después de este recordatorio aceptemos que la Masonería en general “Es un sistema peculiar de Moralidad velado por alegorías e ilustrado por símbolos”, y como verdaderos constructores del Segundo Templo, no solo debemos aceptar como cierto todo lo mencionado, sino buscar la esencia y fuente primordial de todos sus principios, buscar el origen y manantial de todas las virtudes y todo está en Él, en el V. y V.D.A.

DESARROLLO

Es imprescindible para desarrollar este tema acudir en primera instancia a las enseñanzas de nuestro V.L.S., el que, en el APOCALIPSIS dice:

APOCALIPSIS 1: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.  Una visión del Hijo del Hombre”

APOCALIPSIS 2:  “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.  Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mi una gran voz como de trompeta, que decía:  Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último.  Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.  Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.  Pero tengo una pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.  Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.

He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.  Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según sea su obra.  Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Alfa y Omega en la teología judía:   cuando Dios pasó frente al rostro de Moisés en Sinaí, el gran legislador dijo en voz alta: “Jehová, Jehová y Dios misericordioso, de gran sufrimiento y lleno de bondad y verdad”, en la Versión Douay, “Oh el Señor, el Señor Dios, misericordioso y gracioso, paciente y lleno de compasión y verdad”.  El ser de Dios está lleno de bondad y verdad – Plenitud veri el boni en la traducción latina.  Estas son las primeras de las cualidades morales de Dios.  Son el resultado inmediato de sus operaciones  divinas pues Dios es un espíritu infinitamente puro.  Su ser es intelecto y voluntad.  La verdad es el objeto final del intelecto; la bondad lo es de la voluntad.

La verdad es la primera de todas las perfecciones.  La palabra hebrea para verdad es Emeth.  Está compuesta por tres letras: Aleph = Alfa, Mem = Mu y Thaw = Teta.  La Aleph y la Thaw son la primera y la última letra respectivamente del alfabeto hebreo: como Alfa y Omega lo son del griego.  Así el término Emeth (verdad) comienza con la primera letra del alfabeto y termina con la última.  Esto llevó a los judíos a encontrar un significado místico en esta palabra.  La Aleph o la primera letra de Emeth (verdad) indica que Dios es el Primero de todas las cosas.  No había nadie antes que Él de quien hubiera podido recibir la plenitud de la verdad.  La Thaw, o la última letra, significa de modo semejante, que Dios es la última de todas las cosas.  No habrá nadie después de Él a quien Él pueda legarle.  Así Emeth es una palabra sagrada que expresa que la verdad vive absolutamente, y en toda su plenitud, en Dios, Emeth, como lo menciona la verdad judía, es el signaculum Dei essentia – signo de la esencia de Dios.

Alfa y Omega en el Uso Cristiano:  La forma de expresar la eternidad de Dios por medio de la primera y la última letra del alfabeto, parece haber pasado de la sinagoga a la iglesia.  El alfa y omega fueron sustituidos en el lugar de la Aleph y la Thaw.  Pero la sustitución de las letras griegas por aquellas de la lengua hebrea causó, inevitablemente, la pérdida de una porción del significado y belleza de la forma de designar a Dios.  Las letras griegas Alfa y Omega no guardan relación con la palabra Verdad.  Omega no es la última letra de la palabra aletheia (verdad), como Thaw lo es de la palabra Emeth.

El Cuarto Evangelio, tras declarar que la “Palabra era Dios”, dice: “y la Palabra habitó entre nosotros llena de gracia y verdad”.  Gracia aparece representando a bondad.  La frase es idéntica “llena de bondad y verdad”.  Aquí tenemos dos grandes atributos divinos, Verdad y Bondad, asignados a Cristo en toda su plenitud.  Lo que Moisés dijo de Dios, el Evangelista lo dice de Cristo.  En el Apocalipsis el Alfa – Omega, tornando el lugar de su equivalente hebreo, aparece en el primer capítulo para designar a Dios; pero designa a Cristo en sus dos últimos capítulos (Ap., xxi, 6; xxii, 13.). Es un argumento que establece que su autor creyó en la divinidad de Cristo.  En los primeros años de la iglesia el Alfa y Omega eran usados como el monograma de Cristo.  Estas letras se convirtieron en Su escudo.  El símbolo Alfa – Omega era escrito bajo los brazos de la cruz dentro de un círculo o triángulo. El Alfa a veces se encuentra a la derecha y la Omega a la izquierda a fin de indicar que, en Cristo, el comienzo y el fin convergen en uno.  Este escudo se encuentra en las monedas del Emperador Constancio y Constantino (Martigny, 458-459).  Los primeros Cristianos tenían dos letras grabadas en sus sortijas (Vigouroux, Diccionario Bíblico).  Alfa – Omega a veces se encuentran escritos en el nimbo –o halo- del cordero; por ejemplo en las pinturas de las catacumbas de Pedro y Marcelino, siglo III.  También encontramos estas dos letras en frescos y mosaicos de varias iglesias antiguas; por ejemplo, en la capilla de San Felicitas y en San Marco en Roma; en los mundialmente famosos mosaicos de Ravenna, en Galla Placidia, San Crisologo, San Vitale.  Con el paso del tiempo Alfa y Omega cesaron de ser usadas en las pinturas y ornamentos de la iglesia como el monograma de Cristo.  Durante los últimos siglos las letras I.H.S. tomaron su lugar.  

¿Qué es la Divina Revelación Alfa y Omega? : Es el fruto intelectual de un Padre Solar más conocido por la humanidad terrestre como Cristo, el Hijo de Dios; Él prometió retornar al mundo, para concluir su misión.  Él es el Alfa y Omega.  El Principio y el Fin. El Cordero de Dios.  Él está una vez más entre nosotros; y cumpliendo con la Divina Voluntad del Divino Padre Eterno; porque no viene a dividir ni a confundir a nadie; viene a unificar a la humanidad en una sola Verdad Universal.

La Divina Revelación Alfa y Omega, es la materialización de la visión viviente de Juan en la Isla de Patmos; porque dice Dios en su Divina Revelación: EN EL UNIVERSO VIVIENTE, TODO SUEÑO, TODA IDEA Y TODA VISIÓN, SE MATERIALIZAN CON EL CORRER DEL TIEMPO; SI NO SUCEDE EN UNA EXISTENCIA, SUCEDE EN OTRAS EXISTENCIAS; PORQUE TODO ESPÍRITU NACE DE NUEVO, PARA CONOCER VIDA NUEVA; Esta es Ley Universal de la Reencarnación, que el Divino Padre nos enseña en su Evangelio, como: TODO ESPÍRITU NACE DE NUEVO, O HAY QUE NACER DE NUEVO PARA VER EL REINO DEL V. Y V.D.A.

El Alfa y Omega, es el Divino Apocalipsis revelado y explicado para todo entendimiento; por que el Divino Creador de todas las cosas, en su Infinita Sabiduría y Perfección, revela y explica al hombre actual las cosas que acontecerán en el futuro; así como todos los misterios y enigmas que la humanidad no ha podido explicar ni explicarse a través de los siglos; tiempo que duraría la prueba de la vida humana, que todos pedimos a Dios con olvido del pasado galáctico.

Alfa y Omega podríamos interpretar como el acontecimiento más grandioso y trascendental de los últimos tiempos de la era cristiana; porque escrito está: EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN; MAS, MIS PALABRAS NO PASARÁN; significa que en este mundo, todo es relativo; incluyendo el tiempo y el conocimiento; lo que significa que el Divino Creador de la vida, envía una Nueva Luz para el conocimiento humano; Luz intelectual que llega en forma de Doctrina – Revelación, que todos pueden ver, leer y verificar con los propios ojos que el Divino Padre nos dio.

Es también la Tercera y Última Doctrina planetaria, que el Padre Eterno en su infinito Amor y Bondad, envía para sus hijos terrenales en prueba de vida; dando cumplimiento a su Divina Palabra – Promesa:  AL FINAL DE LOS TIEMPOS, OS ENVIARÉ AL ESPÍRITU SANTO DE LA VERDAD, QUE LES CONDUCIRÁ HACIA LA VERDAD TOTAL; porque Dios habiéndolo creado todo, sólo Él tiene la potestad de revelarlo y explicarlo todo; porque creación y explicación, marchan paralelos en el conocimiento; si la creación es infinita, significa que la explicación también es infinita; porque cuanto más se sabe, menos se sabe y más hay que aprender; y jamás lo sabremos todo; porque sólo Dios lo sabe todo.

CONCLUSIONES

La enseñanza de todo esto es que hay un solo Dios, autor de la vida y supremo creador del Universo, nos muestra que como espíritu todos somos eternos, inmortales e indestructibles, tenemos la herencia de Dios, por lo que cumplimos la misión de venir a la tierra a lograr el conocimiento y perfeccionamiento lo que logramos cumpliendo la divina ley universal de la reencarnación que nos permite acercarnos más a Dios.

Haciendo un resumen de la relación de Alfa y Omega en el uso cristiano e interpretando los mensajes descritos en el Apocalipsis, podríamos indicar que otra enseñanza es que el Hijo de Dios vuelve de tiempo en tiempo para llevar a cabo grandes cambios y grandes transformaciones, tanto en el plano moral como en el plano espiritual, por que en la infinita creación de Dios todo es renovado y todo es restituido.

Por ello mis EE.CC. y CC., Alfa y Omega es la definición del mismo Cristo, significa el inicio y el fin de una alianza, es la creación, expansión, desarrollo y transmutación de un objeto por otro, o la culminación de una alianza materia – espíritu para empezar otra.

Alfa y Omega se constituye en la aparición y expansión de un conocimiento que trata de todas las cosas, es decir:  el origen, causa y destino de todo sobre todo.  En Apocalipsis 1:8 Cristo dice:  Yo soy el Alfa y Omega, es decir el Creador y transformador de todos cuanto existe, lo que quiere decir que solo el que creó todo, lo puede explicar todo.

Para concluir HH:. deseo recordarles aquello que nos enseña nuestro Discurso Místico en nuestra Ceremonia de Exaltación, con lo que empecé este trabajo: El Alfa y Omega; significa: YO SOY EL QUE SOY, el Principio y el Fin, el Primero y el Último, es el nombre del futuro, eterno, inalterable y omnisuficiente Dios, el único que tiene Su Ser en sí mismo y concede a todos los demás su existencia.  Hagamos de nuestra inspiración el más alto concepto de Dios y una reverencia a Él, el eterno gobernante del Universo, vida elemental y fuente primordial de todos los principios, origen y manantial de todas las virtudes.

C. Juan Carlos Lea Plaza López

17 de septiembre de 2004

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