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MI NACIMIENTO

Para poder ser iniciado o nacer, a las artes de la masonería, lo primero que uno hace es una introspección donde analiza los motivos, los porque?  De dar este paso, más aun cuando nadie nos obliga al mismo, pues bien todo el que ha reflexionado suficientemente sobre el paso que se está por dar, debe poseer también la debida madurez y la necesaria predisposición para poder participar de manera efectiva y no solo formalmente, de todo lo que ha de llevarse a cabo y comprender lo que las formas simbólicas revelan a nuestros ojos y nuestros oídos.


Con esa predisposición, cada P:. S:.T:. se va entendiendo, que se está en presencia de algo muy significativo, cada palabra, cada acto del ritual, encerrará alguna clave, que como un destello, podrá encender alguna luz en nuestro interior que estaba ya lista para manifestarse.
Permitidme ejemplificar mi iniciación con este relato: 


En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:
– ¿Tú crees en la vida después del parto?
– Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.
– ¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
– No lo sé pero seguramente… habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
– ¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto no existe. Además el cordón umbilical es demasiado corto.
– Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
– Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
– Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
– ¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella ahora?
– ¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
– ¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.
– Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?… Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…

Parece que estamos obviamente aquí para prepararnos a ser lo que seremos más tarde y que las grandes capacidades que tenemos son para algo más que sólo para usarlas aquí. (Trascender en la vida)
Esto se traduce en el hecho de que como dice, Dios ha puesto la eternidad en nuestro corazón.
En otras palabras quiere decir que podemos imaginar universalmente conceptos que están fuera de las palabras físicas y de nuestras experiencias, tal como lo es, lo eterno y el concepto de la perfección lo cual es una indicación que estamos llamados a conocer, ver, experimentar, y “caminar” en ello algún día.
Los bebés en el útero tienen ojos que se hacen para la luz, pero no pueden ver mientras están en el útero. Pero sus ojos indican la finalidad para cual están hechos. (Igual que en masonería)
Sus piernas están hechas para caminar, y a pesar de que ahora no pueden caminar, sus piernas indican la realidad para la que están hechas, como la finalidad de cada uno de nosotros en esta vida. La lógica de una capacidad indica la realización de su propósito.
Por lo tanto, si tengo piernas podré caminar algún día y tengo que desarrollar esa habilidad y luego tomar el riesgo de caminar.
Si yo puedo ver, entonces tengo que aceptar la responsabilidad de lo que miro y hacer cambios en mi vida basados en ello. (Como cuando uno se inicia en masonería)
Así, la visión de la vida eterna y el llamado superior no son sólo una ilusión; son pensamientos que nos exigen y nos imponen la obligación de prepararnos y luchar por cosas más elevadas.
El argumento de que si no puedo ver algo con mis ojos físicos o considerar su dimensión en una balanza, entonces decir que eso no existe, no es una afirmación cierta, existen muchas cosas que no se pueden ver. No puedo ver mis pensamientos pero existen, ni tampoco puedo ver la justicia con mis ojos, pero puedo ver sus efectos, aunque no puedo ver las causas.
Es así con Dios, sus efectos son evidentes en todas las cosas que Él ha creado, como lo es la inteligencia y la razón para la cual Él las hizo.
El que las cosas funcionen predeciblemente y de una manera ordenada es la base de los métodos científicos.
Alguna inteligencia ordenó todo esto con una lógica y la cubrió de una inteligencia que es inteligible. Así que no veo a Dios, pero sí veo sus efectos, así como yo no veo mi inteligencia o pensamientos pero veo sus efectos.

Cuando decidimos ingresar en masonería, lo hicimos con la convicción de que nuestra vida hasta ese momento, necesitaba de algo más trascendental, de un gran cambio, o solamente de reafirmar lo que ya habíamos caminado.
Consecuentemente, resulta que la masonería demuestra que en su seno nada es secreto, ni nada es oculto, por esa razón existe el sublimes preceptos que dicen: “pedid y se os dará” buscad y hallareis, llamad y se os abrirán.
Mi caminar en este tiempo fue titubeante, dudoso, con miedo de ir de lo conocido a lo  desconocido, aunque intuyo que eso que desconozco se encuentra en mi interior, caminaré tal vez dificultosamente, hasta llegar al lugar donde vive la sabiduría, en mi corazón, donde tendré la posibilidad de reconocer la verdadera luz, la luz de vida que me hará un hombre de paz, un hombre de amor, un verdadero masón.
Ahora permitidme  que retorne a las tinieblas ya no como ese ser de egoísmo, de ambición, de fanatismo, de vanidad, de intrascendencia, más bien como un ser de luz que ponga claridad en la oscuridad.

RODMY FELIPE PERALTA POCOACA

RESPETABLE LOGIA MARISCAL DE ZEPITA Nº 20

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