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LOS LAZOS QUE VINCULAN A LA FRANC-MASONERÍA

Los lazos que vinculan a la Franc-Masonería con las organizaciones preexistentes, son de una extremadamente fascinantes

. Además de las “herencias pitagóricas y templarias, que están atribuidas muy frecuentemente al orden masónico, existe otra que lo reivindica igualmente: la de los Rosa- Cruces. La realidad de esta herencia ha sido objeto de múltiples controversias. Y si la herencia templaria ha podido pasar a la Masonería, ha sido debido, en gran parte, por la intermediación del Rosacrucianismo auténtico; puesto que, “después de la destrucción de la Orden del Templo, los iniciados del esoterismo cristiano, se reorganizaron, según las ideas del esoterismo islámico, para mantener, en la medida de lo posible, el lazo que aparentemente había sido roto por esta destrucción; pero, esta reorganización, debió hacerse de una forma muy oculta, invisible en cualquier forma, y sin tomar apoyo en ninguna institución conocida exteriormente, que, como tal, hubiera podido ser la causa de una nueva destrucción” En un ya antiguo artículo, uno de los mejores historiadores actuales de la Masonería, ,había abordado esta cuestión analizando los diversas textos sobre los que ha intentado probarse que, los Rosa-crucienses, han jugado un papel en el paso de la Masonería operativa a la especulativa. Son diversos poemas, opúsculos, cartas y artículos de revistas, los que fueron seleccionados de 1638 a 1730. Si bien parece, como dice M. Luquet, que cada uno de estos escritos, tomado por sí sólo, no demuestra gran cosa, es extraño ver como en seis de los nueve textos analizados, el nombre de los Franc-Masones se acerca al de los Rosa-Cruces y, en un séptimo texto, al de los Cabalistas. Este conjunto de coincidencias es digno de examen, si se piensa en el hábito de ciertos rosacrucienses de proceder por alusiones, de atraer la atención para desviarla luego, de propagar, ellos mismos, el descrédito de sus propias obras.

El octavo de los nueve textos estudiados, que M. Luquet analiza profundamente, está titulado Long Livers (lo que podría traducirse por “Aquellos que están dotados de longevidad”), publicado en Londres en 1723, bajo el nombre de Eugñenius Philalethes junior. Es la traducción de un tratado hermético de Arnau de Vilanova, traducción dedicada a “los Grandes-Maestros, Maestros, Vigilantes y Hermanos de la muy antigua y honorable Fraternidad de Franc-Masones de Gran Bretaña e Irlanda”. Sobre la identidad de esta obra, por lo demás muy interesante, nos dice M. Luquet: “Llamándose Eugénius Philalethes el joven, tiene el aspecto de querer situarse bajo el patrón de un¡ “período francés” de la guerra de los Treinta años; período, que debió ver la destrucción irreparable del Santo-Imperio; después de lo cual, los Rosa-Cruces dejaron Europa y se internaron en Asia. Cuando, en 1730, es 13 años después de la fundación de la Gran Logia del los “Modernos”. Eugénius Philalethes más anciano. En fin, los libros impresos de 1650 a 1657, estaban firmados por Eugénius Philalethes. Su verdadero nombre fue Thomás Vaughan. Pero la cuestión se complica. Obras del mismo género que las de Eugenius Philalethes, fueron publicadas en Ámsterdam y en Londres, de 1664 a 1678, por un cierto Eirenaeus Philalethes, “Inglés de nacimiento y cosmopolita de residencia”, al que no hemos llegado a identificar. Varios autores han confundido a estos dos Philalethes, pero son más excusables de lo que ha llegade a decirse; Eirenaeus, él mismo, hubiera tomado por una de sus obras, el nombre de Eugénius. No sería, por tanto, nada sorprendente que ese Eugénius Philalethes el joven, haya cometido la misma confusión, y, situándose bajo el signo de Eugenius, se haya inspirado a la vez en Eugenius y en Eirenaeus”. En resumen, todo se ha hecho perfectamente, y muy perfectamente, para “quemar las pistas” y que no se encuentre nada. Los que quieran otros datos sobre los dos -Sea lo que fuere, Long Livers, debió tener una cierta repercusión en el mundo masónico, pues M. Luquet nos enseña que, cinco años más tarde, un alto dignatario de la Masonería galesa, Edward Oakley, pronunció, ante la Logia londinense “En los tres Compases”, un discurso que fue impreso en un documento oficial, y en el que, no sólo tomaba las ideas de Long Livers, “sino hasta pasajes textuales entre- comillados”. Señalaremos tres puntos de los que no se ha hablado en el artículos de M. Luquet, y que, nos parece, tienen cierta importancia. En primer lugar, está muy claro que Long Livers no hace ninguna mención de los Rosa-Cruces, y que esta obra no está “firmada” por ellos, pues en una parte del prefacio que precede a la de M. Luquet ha traducido, se habla de ciertas personas “cuyo nombre debe estar rayado (¿eliminado?) para siempre del libro M”. Se trata, evidentemente, del “Libro M” de los Rosa-Cruces, que se ha interpretado por Liber Mundi o incluso por Mutus Liber, y que es el único libro sobre el que consienten leer, ellos, que no escriben nada. Seguidamente, se hace mención del Long Livers y del “Hermano” Eugenius Philalethes, en una obra editada en Londres, en 1723 “para el uso de las Logias” y titulada Ebrietatis Enconium En fin, muchos autores han pensado que Eugenius Philalethes era un cierto Robert Samber, que vivía en el entrono del duque de Montagu, sucesor de Désaguliers como Gran-Maestro de los “modernos”. * * * la doctrina profesada por los Rosa-Cruces auténticos, era reveladora del “hermetismo cristiano” Ahora bien, es remarcable que el grado masónico de Rosa-Cruz, que se encuentra en casi todos los sistemas de altos grados85. Es especialmente hermético y cristiano. Es tan así, que el signo de reconocimiento de Notablemente en El Teosofismo. En el capítulo IV, menciona que, en una organización rosacruciana del siglo XVIII, y, por tanto, muy tardía, la “Rosa-Cruz de Oro”, aun prescribe que “cada hermano cambiará sus nombres y apellidos después de haber sido admitido, y hará lo mismo cada vez de cambie de país”. Sobre Eugénius Philalethes, ver la misma obra, pgs. 55 y 56. 83 Historia y Doctrina de los Rosa-Cruces, capítulos VI y VII. 84 Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XXXVIII y XLI. 85 En el Rito Escocés, la denominación completa de este grado, es la siguiente: “Caballero del Águila y del Pelícano, Soberano Príncipe Rosa-Cruz”. este grado, hace visiblemente alusión al adagio de la Tábula esmaradigna: “Lo que está arriba es como lo que está abajo y, lo que está abajo, es como lo que está arriba”. El carácter cristiano del grado viene marcado por el hecho de que, el “signo del orden” es llamado “Signo del Buen Pastor”, y que la “edad ritual de los Hermanos es de 33 años”. La palabra de paso es “Emmanuel” y, la palabra sagrada, que no se pronuncia, está constituida por las cuatroletras “I.N.R.I.”, cuyo evidente significado es a la vez cristiano (Jesús Nazarenus Rex Judeorum) y hermético (Igne Natura Renovatur Integra)86. Vayamos ahora al misterio casi insondable que rodea todo lo que concierne a los Rosa-Cruces. Guénón ha subrayado el hecho de que, el mismo nacimiento de este “Colegio de Invisibles”, debió ser cuidadosamente ocultado, a fin de evitar que se renovara el drama de 1314. Es, en efecto, la razón inmediata, y casi podríamos decir “histórica”, del secreto que concierne al origen de la Rosa-Cruz, y también de las diferentes actividades de las que ha podido ser la inspiradora. Luigi Valli, por trabajos destacables, ha llegado a descifrar el lenguaje secreto de los iniciados contemporáneos de Dante, para los cuales, por ejemplo, la palabra “llorar” significa, en realidad, “disimular”. Este disimulo podría llegar muy lejos, puesto que, en el Romance de la Rosa, un papel, por así decirlo, benéfico, es atribuido al personaje de la Falsa- Apariencia87. Pero hay que recordar que ésta es una razón puramente contingente del secreto iniciático; secreto, que tiene, ante todo, a su propia naturaleza, que lo hace inexpresable en la lengua profana. Es evidente que, mientras la Masonería ha recibido en herencia el “depósito iniciático” de tal otra organización que desaparecía como tal, un secreto absoluto sobre el “transfert”, debía ser guardado por las dos razones que acabamos de indicar. En principio, una organización no desaparece, al menos generalmente, sino está acollada por una hostilidad exterior, y esta hostilidad, pudiera reportarse a una organización heredera, si ésta fuera conocida89. Además, una transformación tal, corresponde exactamente a una muerte seguida de un renacimiento, es decir, a un cambio de estado, que no puede cumplirse más que en la obscuridad. Los elementos cristianos vienen aun acentuados en el “ágape” del grado 18º, donde la mesa debe tener forma de cruz griega y toma el nombre de “altar”, los vasos son designados bajo el nombre de “cáliz”, _ y, sobre todo, en la “cena mística de los Rosa-Cruces”, que se celebra en Jueves Santo. Las iniciaciones de los I.N.R.I., son aun interpretadas de una tercera forma en las “cuestiones de orden” del grado. He aquí las cuatrocuestiones: “¿De dónde venís?” De Jerusalén ._ ¿Dónde vais? A Nazaret._¿Quién es vuestro guía? El Arcángel Rafael._ ¿De qué tribu sois? De Judá”. Las dos primeras respuestas, tienen evidentemente un carácter cristiano pronunciado. La tercera, comporta un sentido hermético, pues Rafael (“Remedio de Dios”) hace alusión al elixir de larga vida, es decir, a la “verdadera medicina” (la veram medicinam del acróstico Vitriolum). En cuanto a Judá, era la tribu real de los Judíos. 87 Los dos personajes evangélicos, que juegan un papel en las leyendas de la Mesa redonda y del Santo-Graal, son José de Arimatea y Nicodemo, de quienes, en la Escritura, se dice haber sido discípulos de Jesús, pero en secreto por temor a los Judíos”. Esta mención de secreto, es evidente -ya que, en el contexto escritural, no puede decirse que sea elogiosa- que ha hecho escoger a los dos discípulos como depositarios de secretos esotéricos. Y, es por la misma razón, por lo que varios de los amores simbólicos de los caballeros del Graal, son amores secretos y, a veces, culpables. El ejemplo más típico es el amor de Lancelot del Lago por la reina Ginebra, amor cuyo carácter secreto, fue incluso conservado, en el episodio de “Ordalie”, por el artífice de una mentira particularmente grave, lo que, por otra parte, justifica las duras expiaciones en las que, los dos héroes, acabaron sus días. No es necesario decir que, tomar estas formas un poco particulares del simbolismo, -al igual que aquellas, tan análogas, que encontramos en Bocacio y en Rabelais, para los verdaderos elogios de embriaguez, de la mentira y del adulterio,_ sería simplemente mostrarse incapaz de romper el hueso y succionar la substanciosa médula”. 88 En ciertos rituales los Hermanos del grado 18º, son llamados “Soberanos Príncipes de Heredom”, y aquí la palabra Heredom hace alusión, no a los Harodim de la Masonería operativa, sino a la herencia (heirdom en inglés) y, en particular, a la herencia de los Templarios. 89 Esto es, en particular, el porqué la herencia de los Templarios, está rodeada de una obscuridad tal. * * * Querríamos ahora fijar la atención sobre un punto importante. subraya el hecho de que, la institución de la Rosa-Cruz, fue el resultado de un acuerdo o alianza de los iniciados cristianos con los iniciados musulmanes. Esto es, por otra parte, totalmente natural, puesto que los Templarios -la cuestión es harto conocidamantuvieron relaciones continuas con ciertas organizaciones islámicas90. Ahora bien, si la Rosa- Cruz se vincula al hermetismo cristiano, hay que acordarse que también hay un hermetismo musulmán, puesto que, según Guénon, el hermetismo es una ciencia de origen egipcio, revestida de una forma griega y que fue transmitida, a la vez, al mundo cristiano y al musulmán; y, en gran parte, al primero de estos dos mundos, por intermediación del segundo91. El hermetismo, como la Masonería, es el “Arte Real”, y no hay que extrañarse de las relaciones de la Rosa-Cruz con el “Santo- Imperio”. Es al final de la guerra de los treinta años, 333 años después de la ruina de los Templarios92, que los Rosa-Cruces desertan de Europa, donde el Santo-Imperio no es más, en adelante, que una “ficción diplomática”. En el siglo XVIII, la creación del Consejo de los Emperadores de Oriente y Occidente”, prepara las vías para lo que vendrá cuando Napoleón haya llevado el golpe de gracia al Imperio romano-germánico, los “Supremos Consejos del Santo-Imperio”, cuyo ritual lleva trazos evidentes de una inspiración marcada por el sello de la más alta espiritualidad93. 90 Mientras que las relaciones de los Templarios con los musulmanes, jamás se han puesto en duda, ¿no es extraño que no se haya hablado casi nunca de las relaciones que hubieran podido existir con los cristianos de las Iglesias “bizantinas”, sabiendo que el Emperador de Constantinopla era, al menos nominalmente, el soberano de los Estados fundados por las Cruzadas? 91 Cf. Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XLI. Los lazos entre hermetismo cristiano y hermetismo islámico, vienen simbolizados por una célebre “anécdota” en la historia de Carlomagno. Este fundador del Santo-Imperio recibe, justo después de su consagración, una embajada de Haroun al- Rachid, califa abbasside de Bagdad, que aportaba al soberano las “llaves del Santo Sepulcro”. Se sabe que el “poder de las llaves” es una noción específicamente hermética. 92 Sobre el número 333, cf. Formas Tradicionales y Ciclos Cósmicos, pg. 168. Es como el 666, en relación (benéfica o maléfica) con la figura de César, primer fundador del Imperio Romano. Muchas cosas también podrían decirse sobre el número 111 y sus diferentes múltiplos. La Predicción de los Papas, atribuida a San Malaquias, que es, con las Centurias de Nostradamus, la única predicción no escrituraria a la que Guénon ha dado cierta importancia; es una lista de 111 divisas. A propósito de las Centurias, es bastante distraído ver las actuales tentativas de interpretación. Aunque se exceptúe un pequeño número de coincidencias muy chocantes, como la relativa a la muerte de Enrique II y las cinco o seis estrofas que Napoleón evidentemente anotó, es posible que todo los demás no sea más que un puro “relleno”. En este caso Michel de Notre Dame, ha debido divertirse previendo los penosos esfuerzos de sus futuros comentadores; él, que no quería más que poner atención en las dos fechas sobre las que ha escrito “claro”: La fecha en prosa y la fecha en verso. En cuanto a la “predicción de los Papas”, las búsquedas recientes, parecen probar que se remonta a la misma época que San Malaquias. Sobre éste último, no debe considerarse inútil ofrecer algunos detalles. Era un monje cistercense, amigo íntimo de San Bernardo y que fue elevado a Arzobispo de Armagh, en Irlanda. Volviendo a Roma, paso por Clairvaux, donde murió en brazos de San Bernardo. Fue enterrado en el cementerio de la Abadía, donde Bernardo más tarde le acompañó. En la revolución, las sepulturas de los dos santos, fueron violadas, y sus huesos fueron mezclados. Hoy en día aun, las reliquias del legislador de los Templarios y las del autor, bajo cuyo patronazgo se han atribuido la predicción de los 111 lemas, son veneradas conjuntamente en una iglesia de Troyes. Recordemos en fin que Guénon reconocía que la labor de los Templarios no era extraña a la predicción atribuida a San Malaquias. 93 Michel Valsan, en los Estudios Tradicionales de Junio, Julio-Agosto y Septiembre, de 1953 y bajo el título de Los últimos altos grados del Escocismo y la realización descendente, ha ofrecido un destacable artículo sobre ciertos símbolos de este grado, que están en evidente relación con la Tradición primordial. * * * Según Guénon, existe una distinción esencial entre los Rosa-Cruces y los Rosacrucenses. Los primeros han alcanzado un muy alto grado de realización espiritual, no escriben, y partieron de Occidente a mediados del siglo XVII, es decir, poco antes de que la Masonería operativa comenzase a devenir especulativa. En cuanto a los Rosacrucenses, han jugado un papel de mucha más “acción “, y fueron sin duda los “órganos” de los verdaderos Rosa-Cruces, que son los auténticos “Superiores Desconocidos”; y es por lo que, las tentativas hechas en el siglo XVIII para establecer un contacto con estos últimos, han fracasado lamentablemente, al igual que la Estricta Observancia, que fue el origen de estas tentativas, había cometido la insigne y casi sacrílega torpeza, de asignar, como fin de su actividad, el descubrimiento del tesoro de los Templarios. Tesoros “monetarios, bien entendido, y las manes de Phillepe le Bel, debieron estremecerse de envidia si llegare a conocer la ¡noticia! Pero es un tesoro de un alto “valor” y también de una muy alta “significación”, que a los iniciados, que velan en la Masonería, se les ha permitido recoger la herencia. En el momento en que esta Masonería estaba en el punto de perder su carácter operativo y de asumir su transformación “especulativa”, y como para comprender, en alguna medida, esta indudable degeneración, las numerosas organizaciones iniciáticas y, sobre todo, las organizaciones caballerescas aun subsistentes, iban a encontrar, en el seno de las Logias, un refugio seguro y definitivo. * * * Recordábamos anteriormente, que la doctrina esotérica que existía en Occidente antes de la aparición de Rosacrucianismo, “presentaba características que permitían encuadrarla en lo que, generalmente, llamamos como hermetismo94. Guénon seguía así: “la historia de esta tradición hermética, está íntimamente ligada a la de las Órdenes Caballerescas, y era conservada por organizaciones iniciáticas como las de la Fede Santa y los Files de Amor”, y de la Massenie del Santo-Graal. M. Jean-Pierre Berger ha examinado en un largo artículo95, las relaciones entre las dos organizaciones que tienen lazos directos con la Franc- Masonería, a saber: los Fieles de Amor y los Templarios. Como todos los estudios de este autor, este artículo toca cuestiones de la más alta importancia. M. Berger conoce muy bien la Obra de Guénon; pero ha querido hacer búsquedas personales “a fin, dice, de confirmar y precisar la adhesión que se ha podido hacer a la palabra de un hombre, del que no sería, a pesar de todo, muy razonable tener una “fe” ciega, aunque sí digna de confianza en la casi totalidad de los casos”. Es cierto que una actitud “pasiva” no es del todo indicada para abordar una obra tal; y nadie ha reclamado jamás, para las verdades tradicionales, una “fe” ciega. Guénon dijo un día a Oswald Wirth: “En materia de metafísica, se 94 El Esoterismo de Dante, cap. IV. 95 Aparecido en la revista El Simbolismo, Octubre-Diciembre de 1969. comprende o no se comprende”. La adhesión a los principios, que se traduce prácticamente por una cierta comprensión del simbolismo (que es “el idioma de la metafísica”), he aquí, en definitiva, la principal condición requerida para recoger cualquier fruto de la lectura y, sobre todo, del estudio de la obra guenoniana, y es del todo vano preguntarse si su autor ha creído “a pies juntillas”, tal o cual, de las alegaciones de Henri Martín, de Aroux, de Rossetti e, incluso, de Luigi Valli. La extraordinaria “erudición” de Guénon, y los “materiales” que extraía de sus lecturas en las cincoprincipales lenguas de Europa occidental, no eran para él más que ocasiones que utilizaba para exponer las ideas de proveniencias muy distintas. Hemos conocido guenonianos (o que se creían tales) que se encontraban “confundidos” constatando que Guénon, en Autoridad Espiritual y Poder Temporal, difiere de Dante, quien, en su tratado, De la Monarquía, sostiene la independencia de los dos poderes. Tales “confusiones”, nos llevan a recordar a algunos cristianos que están turbados por las contradicciones entre ciertos libros del Antiguo Testamento y las, aun más numerosas, entre los cuatro Evangelios. Sea lo que fuere, M. Berger, en su estudio, ha querido examinar de cerca, la cuestión de las relaciones entre los Fieles de Amor y los Templarios, “pues, dice, que hay que reconocer que R. Guénon no expuso el mínimo indicio que permitiera justificar estas afirmaciones tan netas y plenas de consecuencias” en estas materias. M. Berger no profesa la mínima consideración por los trabajos de Aroux y de D.-G. Rossetti. Lo encontramos muy exigente. Poco importa lo que pudieran ser estos dos personajes. Aroux (sinceramente o no) se da por una especie de católico “ultraintegrista”, enemigo jurado del “viejo Alighieri” ¡herético, revolucionario y socialista! Rossetti, él, joignait a la fogosidad de un conspirador quarante- huitard el lirismo de un poeta romántico y de un pintor pre-Rafaélico. Estos dos autores tan diferentes han reunido una masa considerable de hechos, de citas, de alusiones, de las que han dado sus interpretaciones a veces discutibles, pero que nada impide “restituir” en una perspectiva tradicional. Bajo este aspecto, merecen ser citados en el Esoterismo de Dante, preferencia a tantos eminentes “dantólogos” cuyo alcance de sus trabajos no sobrepasa los dominios de la lingüística y de crítica literaria. M. Berger ha leído a los autores italianos citados por Guénon: Luigi Valli, Ricolfi y Scarlata. Ha quedado decepcionado por el primero, de quien dice: “causa demasiada ceguera estar rendido a Rossetti y Aroux”. Pero ¿cómo M. Berger ha leído entonces a Liugi Valli?. Parece haber buscado en este autor la mención de hechos que establecen de una manera indiscutible, y, por así decirlo, “oficial”, la existencia de relaciones entre Templarios y Fieles de Amor. Esta no era la finalidad de Valli. El título de su obra: El Lenguaje Secreto de Dante y de los Fieles de Amor, muestra suficientemente que se trata de un estudio sobre la “jerga” iniciática de los Fieles de Amor.

Este estudio ha sido llevado con una habilidad consumada. El sentido de los principales términos del lenguaje secreto, ha sido indudablemente establecido por la comparación de una multitud de piezas escritas por los autores, célebres u obscuros, del dolce stil novo. Es mediante este lenguaje eminentemente simbólico, por donde hay que dirigir toda la búsqueda relativa a los Fieles de Amor. Ahora bien, en este lenguaje, hay dos términos con una particular importancia: son las palabras “dama” y “llorar”. La dama simboliza, entre otras cosas, a una organización iniciática (Valli dice una secta). La muerte de la dama es la destrucción de esta organización. Y “llorar”, término que se repite constantemente entre los Fieles, significa la no-pertenencia a la “secta”. Los peligros, en efecto, eran considerables; es por lo que es inútil buscar en la Obra de Dante, una alusión explícita a su vinculación con los Templarios. En un artículo de Arqueología96, M. el duque de Levis- Mirepoix ha escrito: “Otro interrogatorio de muy alto interés, es el de Florencia, estudiado en la Biblioteca del Vaticano por Loiseleur”. Relata, después de las deposiciones obtenidas sin violencias, las misteriosas iniciaciones que el Templo hubiera ocultado. Están, más o menos, en relación con el catarismo, por el hecho del número de cátaros que, después de la catástrofe de su secta, habían sido introducidos “de grado, o a la fuerza, entre los Templarios”. Había, entonces, en Florencia una commanderie de Templarios, y estos Templarios eran reputados como heréticos puisque Albigeois. Sabemos como éstos últimos fueron tratados. El peligro era mortal, para Dante y para sus amigos, si eran reconocidos como de los suyos. * * * La segunda parte del artículo, habla, sobre todo, de la obra de André le Chapelain, estudiada por Ricolfi. M. Berger vio en la Champagne una provincia privilegiada. ¿Es esto seguro? En todo caso cuando nos dice que hay una filiación de San Bernardo a Ruysbroeck y de Dante a Eckhart, la cosa, en lo que concierne a los dos últimos nombres, es altamente improbable: en efecto, la Obra de Dante está totalmente impregnada de simbolismo, lo que seguramente no es el caso de Eckhart. A propósito del simbolismo de la “lluvia” en Masonería, el autor evoca lo que dice San Bernardo sobre una pasaje del Cantar de los Cantares: “El Invierno ya ha pasado, la lluvia se ha ido, las flores han aparecido en nuestra tierra, el tiempo de la cosecha del vino, ha llegado”. Este acercamiento es interesante. Pero, a decir verdad, pensamos que la expresión: “Llueve sobre el Templo”, empleada en la colación de los grados, cuando el candidato llama “irregularmente” a la puerta, es debida sobre todo al hecho de que la Tabla de Logia (y, sobre todo, el Pavimento Mosaico), se dice representar a “Tierra santa” (Holy ground), substituto del Paraíso terrestre y que no llovía en el jardín del Eden. Aprovecharemos para mencionar algunos puntos importantes. El Cantar de los Cantares, epitalamio de las bodas de Salomón con la hija del rey de Egipto, ha sido objeto de una multitud de comentarios, tanto judíos como cristianos. Entre éstos últimos, el más remarcable es ciertamente el de San Gregorio de Nysse. Este “padre cappadocien”, ha integrado en su teología, no únicamente ciertas perspectivas de filósofos neo-platonicienses, sino tesis “ortodoxas” de Clemente de Alejandría y de Orígenes, de quienes sabemos que han expresado, en parte, el esoterismo cristiano primitivo. Se encuentran, en Gregorio de Nysse, nociones sobre la posición central del ser humano, sobre el verdadero sentido de las “túnicas de piel”, sobre la “transfiguración” del Cosmos operable por el hombre, sobre la no- eternidad del mal, sobre el sentido superior de las tinieblas, etc… El pensamiento de Gregorio, jamás ha sido olvidado en Oriente. Pero en Occidente, este Padre no ha sido traducido al latín más que por el dichoso Guillome de Saint-Thierry, discípulo y biógrafo de San Bernardo. Bernardo y Guillome han escrito comentarios sobre el Cántico, donde se 96 Cf. El capítulo de la presente obra titulada; “El Templo, Orden iniciática cristiana” aprecia como un eco de Gregorio de Nysse.

No queremos sacar más de estos acercamientos, que lo que puedan donar. Pero ¿no es, como mínimo, curioso que el más metafísico de los Padres griegos (y, posiblemente, de todos los Padres de la Iglesia) ha sido puesto al alcance de la cristiandad occidental, por un religioso del inmediato entorno de San Bernardo,  redactor de la Regla de los Templarios que (según los autores tan poco afines al esoterismo como René Grousset y el duque de Lévis- Mirepoix) estuvieron en relación, en Oriente, no únicamente con las “sectas” del Islam, sino también con las de la cristiandad bizantina? En los artículos que M. Jean-Pierre Berger ha publicado, siempre hemos remarcado que, después de cribar una crítica -frecuentemente mal fundada de algunas de las tesis de René Guénon- termina aportando, a esas mismas tesis, una chocante “justificación”. Esto no está ausente en el artículo que acabamos de comentar ampliamente, y ha tenido la buena idea de traducir para sus lectores una página capital de Luigi Valli, donde este autor expone el único hecho que puede adelantarse en favor de una filiación entre Templarios y Fieles de Amor. Esta prueba es extraída de Boccacio. No nos resistimos al placer de reproducir lo esencial. Es Valli quien habla en principio, y que seguidamente cita a Boccacio.: “En fin, un argumento, según mi opinión de un alcance considerable, puesto que aquí no se trata de reencontrar únicamente a un Dante Templario, sino de poner en evidencia los lazos ocultos de que todo este movimiento (los Fieles de Amor) con los Templarios, está constituido por la apología caliente, apasionada y de una gran nobleza que Jean Boccacio hace de los Templarios en el Libro IX (los libros son – por azarnueve) de sus Vidas de Hombres Ilustres. Después de haber exaltado a la pureza, la nobleza y pobreza originales de los Templarios (…), después de haber narrado, en particular, las vicisitudes del Gran Maestro Jaques, que se consideró digno de morir, no por haber cometido crímenes, sino por haberse dejado arrancar, por la tortura, falsas confesiones (…), después de haber dado testimonio de su padre, presente durante los suplicios, Boccacio hace ciertas “consideraciones sobre la constancia”, donde encuentra una manera muy hábil de llamar, en diversas ocasiones, a los Templarios “los nuestros” (…)”. Dice: “numerosos ancianos (…), para las enseñanzas de la divina filosofía, o bien para adquirir la gloria (…), fueron conducidos a horribles tormentos. Los nuestros fueron de otro modo (…) ¿Qué dirán entonces aquellos que se maravillan de la paciencia de los antiguos bajo los suplicios, si hubieran visto la resistencia considerable de los nuestros?

No hubieran tenido más remedio que alterarse”. Después de reproducir estos textos de Valli y de Boccacio, M. Jean- Pierre Berger añade: “Puede sorprender que Boccacio (nacido, sin duda, en Paris, hacia 1313 y fallecido en 1375) hable de los Templarios utilizando las palabras “los nuestros”, cuando de su viva Orden de los Templarios ya no existía nadie. Habría que suponer que este calificativo apunte a la fraternidad de los Fieles de Amor, de la que sí formaba parte”. M. Jean-Pierre Berger ha hecho muy bien en recordar que el padre de Boccacio, como Dante probablemente, estaba en Paris durante el drama de 1314. En cuanto a saber si los Templarios ya no existían en 1375… Digamos, como el mismo Boccacio (a propósito de otro sujeto) en el 3º cuento del Decameron, que “la cuestión está pendiente, y que, posiblemente, aun lo estará durante largo tiempo”.                                                                  Existen ciertos temas de los que existen PRUEBAS, pues existen «datos que nos hacen suponer de una vinculación entre la masonería y el temple», En primer lugar tenemos los «Libros y Leyendas» que en realidad no son sólo «las opiniónes de sus autores», sustentadas otras tantas, hasta acumularese en tal cantidad, y con tanta profusión, que nos hacen «creer» que está demostrado. Si tomamos los datos históricos:

1.- La orden templario, aunque disuelta CON ANTERIORIDAD a que exista la FRANC-MASONERIA. Consecuentemente, la «leyenda» de que se unieron a la masonería y comenzaron a trabajar tal o cual «Grado de rito», es Real (desde el punto de vista histórico) pues dichos «ritos» existían ya en el temple, y fueron inventados varios siglos después. Ya podemos darle a dichas leyendas una interpretación «simbólica», pero es necesario tener clara conciencia de que estamos hablando de un hecho histórico o «real».

2.- Existían, los «gremios de constructores», a las que actualmente denominamos «masonería operativa», y es posible (y lógico) que algunos de los templarios, acudieran en demanda de auxilio y protección. Es lógico también, que «algunos» recibieran el socorro solicitado, de conformidad con la antiquísima tradición masónica de ayudar (aunque esta obligación se circunscribía exclusivamente a los «miembros», cabe en lo posible). Pero lo que «algunos» consiguieron de manera personal, considero que sea suficiente para justificar la conocida frase de que «la masonería dió asilo a los templarios».

3.- Es parte de la historia que, en España, que la Corona (que no estaba en buenas relaciones con el Papado), los protegió «cambiándole de nombre a la orden», por lo que cuando se hizo la «persecución» no había «templarios» para perseguir, sino miembros de otra orden, a la que no le afectaba la persecución.

4.- Muchos se «refugiaron» en Inglaterra, donde aparece una «nueva» agrupación, cuyo símbolo es la CRUZ (simbolo templario) que se encuentra «envuelta» (protegida) por una rosa (enredada en ella en sus primeros símbolos), siendo la rosa el símbolo de la Casa Real. ¿Podremos deducir de lo anterior que se repitió el caso de España y que la auténtica «continuación» de la orden del temple son los Rosacruces

5.- Varios autores sostienen que continuaron como agrupación es ESCOCIA y que de éllos proviene el RITO ESCOCES, pero la masonería escocesa no lo ha desmentido, y afirmado que dicho RITO no es originario de Escocia y que ellos nunca lo practicaron. (Hasta que ya difundido en el mundo, empezó a ocupar algunos espacios en Escocia). 6.- En el libro «La Clave Secreta de Hiram», el autor, muy minuciosamente, va «hilando» puntos históricos, y concluye que las tradicones masónicas tienen su origen en la época de Abraham, en el Alto y Bajo Egiptos. Ofrece datos de que cómo los judíos «absorven y conservan» éstas tradiciónes, previas «adaptaciónes» en las historias simbólicas que las contienen, y cómo a travez de la «reconstrucción del templo» son «conservadas»; que los principales «guardianes» de ellas son los Esenios (de los que formaba parte Jesús), y que quedan «sepultadas» en las ruinas del Templo, hasta que los Templarios las rescatan, y cuando son disueltos, las trasladan a Escocia donde fabrican un duplicado del Templo para continuar conservándolas. Según el autor,

las riquezas de los templarios sirven para pagar la mano de obra de los masones, quienes resultan «absorbidos» por la Orden del Temple (adquieren los conocimientos templarios y los incorporan a sus tradiciones, no así el nombre, pues continúan llamándose masones). Ofrece el autor que tratará de conseguir la PRUEBA FEHACIENTE de sus dichos, misma que se encuentra en el «SANCTA SANTORUM» (bóveda bajo tierra, que aún no ha sido descubierta), cuya ubicación tiene ya perfectamente localizada en la reproducción del Templo, que resulta ser una curiosa capilla, que ha sobrevivido a todas las destrucciones a través de los siglos, porque los masones «la han protegido porque sabían de su importante secreto». Se trata de capilla de Rosselyn, que entre otras curiosidades nunca ha sido dedicada a culto religioso… Pero nuevamente, otra historia interesante que, aunque tiene (como todas las demás) apoyo en «detalles históricos aislados» armoniosamente enlazados en la narración, que la hacen » muy posible», tienen la suficiente solidez sus cimientos para poder considerarla verídica.

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