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Tres siglos de la Masonería Especulativa

INTRODUCCIÓN

Londres es una ciudad del sureste de Inglaterra, capital del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, situada en el cuello del estuario del Támesis, al oeste de la desembocadura del río. Fundada inicialmente por los romanos, como un importante punto de embarque de cereales y minerales, se fue convirtiendo gradualmente en la próspera capital de una rica región agrícola e industrial. En la actualidad sigue siendo un punto clave del comercio mundial, con una población de más de siete millones de habitantes. La expansión del Imperio Británico en el siglo XIX aumentó más su influencia. Desde la II Guerra Mundial, su importancia en el concierto internacional ha disminuido, aunque sigue siendo un destacado centro cultural y financiero. En los primeros años del siglo XVIII, contaba con medio millón de habitantes. Era el centro de la vida política del país. A partir de fines del siglo XVII se hacían fortunas con el boyante comercio colonial. En esta capital se desarrolló una sociedad de consumo elegante, que frecuentaba las cafeterías y los teatros, creaba empleo y atraía emigrantes del campo. Tiempo en el que Inglaterra se consolidó como potencia marítima y también con una gran influencia intelectual dentro de esos primeros años del nuevo siglo, que se caracterizaría por la Ilustración. El reinado de la Reina Ana, hasta 1714 en que fallece, -afirma un historiador- se ha conquistado, en la historia de Inglaterra, un puesto permanente y glorioso, tanto por las brillantes victorias que alcanzaron las armas inglesas en los campos de batalla, como por el esplendor de sus letras. Otro asegura que había entrado el genio inglés en una vía brillante. La consolidación definitiva de su libertad política a fines del siglo XVII, las victorias gloriosas de sus armas en las batallas del continente, la prosperidad material, el bienestar y la vida robusta de las florecientes clases medias, el carácter moderado de sus aspiraciones políticas, los grandes descubrimientos en el campo de las ciencias naturales, la filosofía basada en el raciocinio experimental de Locke, elevaron los ánimos a nuevas esferas del pensamiento humano, desconocidas hasta entonces, y produjeron óptimos frutos en todas las manifestaciones de la inteligencia. Sucedió en Inglaterra, en la época de la reina Ana, lo que había sucedido en Roma en el siglo de Augusto: la pasión y el amor a la literatura, el entusiasmo por las grandes concepciones, el respeto y veneración hacia los grandes genios, hacia los literatos y poetas eminentes, se apoderaron de todas las clases de la sociedad. De esta manera se formó una nueva sociedad, sedienta de ilustración verdadera, de sabiduría y de verdad. Entre finales del siglo XV y mediados del siglo XVIII Inglaterra se convirtió en Gran Bretaña. En 1763 ya se había establecido como la mayor potencia en Europa y en el mundo entero, con un imperio colonial inmenso. Alcanzó esta posición gracias a la estabilidad política que siguió a las convulsiones de los siglos XVI y XVII, al establecer una monarquía parlamentaria protestante en 1688. Recordemos que el intelecto y la ciencia se encontraban en el alma de los londinenses y de los británicos, ya que científicos, filósofos y literatos se congregaban en la Royal Society, institución de la que, lo podemos presumir, algunos de sus miembros se inscriben en la Masonería Especulativa, como masones aceptados, en ese tiempo en el que la Luz del Conocimiento trascendería a siglos de obscurantismo, de ignorancia, de despotismo y de superstición. De acuerdo con la Enciclopedia Wikipedia, ―la Royal Society‖, una de las sociedades científicas más antiguas del mundo con más de 350 años de existencia y sede en Londres, ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2011. En su acta, el jurado destaca el «carácter multidisciplinar» de una institución, «en la que se ponen de manifiesto los vínculos entre ciencia, humanidades, sociedad y política», que tiene «entre sus objetivos prioritarios el impulso de la investigación científica y la difusión del conocimiento para beneficio de la humanidad». Los orígenes de la Royal Society se remontan a 1640, a las reuniones celebradas en Londres por científicos y hombres de la cultura, aunque no fue hasta 20 años después cuando, tras una conferencia del arquitecto Christopher Wren, se acordó la fundación de una sociedad para la promoción del «saber experimental físico-matemático». El 28 de noviembre de 1660 se constituía oficialmente la Royal Society. Entre sus históricos miembros, que son elegidos con carácter vitalicio y bajo criterios de excelencia científica, figuran Isaac Newton, Charles Darwin, Benjamin Franklin, Albert Einstein o Stephen Hawking, según recuerda la Fundación Príncipe de Asturias en su página web. En la actualidad, cuenta con más de 1.500 miembros, entre ellos 75 Premios Nobel, además de cinco integrantes de la familia real británica, como la reina Isabel II. La Royal Society se rige por un consejo electo de 21 personas, presidido actualmente por Paul Nurse, Premio Nobel de Medicina. He intentado, por lo precedente, daros un breve panorama histórico y geográfico necesario para sumergirnos en el tiempo por el que atravesaba la cuna de la Francmasonería actual.

NACIMIENTO DE LA MASONERÍA ESPECULATIVA

En ese contexto, por cierto, favorable y promisorio para el pensamiento y la cultura, el 24 de junio de 1717, día en el que se conmemoraba la festividad de San Juan, nació oficialmente la Masonería Especulativa, que el 24 de junio de este año cumplió 300 años, fundada por cuatro logias londinenses en la Taberna del Ganso y la Parrilla, bajo el denominativo de Gran Logia de Londres, siendo elegido como Gran Maestro el caballero Antonio Sayer. Las cuatro logias, como es de vuestro ilustrado conocimiento, fueron: la Logia de la Taberna del Ganso y la Parrilla, que se reunía en los predios de la Iglesia de San Pablo. La Logia de la Taberna de la Corona, cerca del callejón Drury. La Logia de la Taberna del Manzano, en la calle Charles, Covent Garden. La Logia de la Taberna del Jarro y las Uvas, en la calle Channel-Row, Westminster. El Ritual de Primer Grado del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de la Gran Logia de Bolivia, nos señala que nace una nueva asociación, que trasciende a la masonería operativa, aunque conservó fielmente el espíritu, organización y nomenclatura de la antigua cofradía, con sus principios y usos tradicionales, dejando definitivamente el arte de la construcción a los trabajadores de oficio. Pero se mantuvieron los términos técnicos y los signos usuales que simbolizaban la arquitectura de los templos, aunque a tales expresiones se les dió un sentido simbólico. Un acontecimiento, por cierto, trascendental en la historia de la humanidad, que se inserta en las grandes transformaciones filosóficas, políticas y sociales de ese siglo, en el que se registraron dos grandes acontecimientos, la revolución francesa y la independencia de Estados Unidos de América, que cambiaron la faz del planeta, remontando el oscurantismo y la férula dogmática de las religiones, hacia el predominio de la razón y del liberalismo, que influyó decisivamente en los movimientos libertarios de nuestro continente. Pero es necesario que nos ubiquemos en las corrientes filosóficas sobre las que se delinearon los principios de la Francmasonería y en su transformación, en el inicio de una centuria que se denominaría el Siglo de las Luces o de la Ilustración, término utilizado para describir las tendencias en el pensamiento y la literatura en Europa y en toda América durante el siglo XVIII, previas a la revolución francesa. La frase fue empleada con mucha frecuencia por los propios escritores de este periodo, convencidos de que emergían de siglos de oscuridad e ignorancia a una nueva edad iluminada por la razón, la ciencia y el respeto a la humanidad. En primer lugar, me referiré a las bases que sustentan a la Masonería Especulativa, mediante las Constituciones de Anderson, y luego al pensamiento del Siglo de las Luces, exposiciones mediante las cuales podremos captar nítidamente la relación existente entre la filosofía de la Orden y de la Ilustración.

CONSTITUCIONES DE ANDERSON Y LOS PRINCIPIOS DE LA MASONERIA

Si bien la transformación de la Masonería Operativa en Especulativa se realizó oficialmente en 1717, los principios sobre los que se levantaría ese gran edificio universal, se encuentran claramente definidos en las Constituciones redactadas por los pastores protestantes James Anderson y Teófilo Desaguliers, las mismas que se las conocieron en 1723. Pero, primero señalemos que el origen de la Masonería cuenta con muy diversas versiones, en las que con frecuencia se confunde la leyenda con la realidad, siendo la más aceptada y segura la que defiende su procedencia de los gremios de constructores medievales. Su historia suele dividirse en tres grandes períodos convencionales. El primero, en el que la Masonería es denominada Operativa, abarca aproximadamente los siglos XIII a XVI. Coincide con la edificación de las grandes catedrales góticas y corresponde a una etapa en la que el centro de unión de los colectivos masónicos gravitaba sobre el oficio de la construcción. El segundo, o de los Masones Aceptados, abarca el siglo XVII y los primeros lustros del XVIII. El tercero y último comienza en 1717 y llega hasta nuestros días. Aquel año marcó la fecha de nacimiento de la Francmasonería moderna. A partir de entonces surgió un nuevo concepto, el de Obediencia, es decir federación de logias. En adelante, la soberanía residiría en la Obediencia. Únicamente la Gran Logia tendría autoridad para crear nuevas logias, naciendo de este hecho la legitimidad masónica llamada Regularidad. A la Masonería así configurada se la conocerá como Masonería Especulativa. El 28 de febrero de 1723, en Londres, se conoció el documento fundamental de la Masonería, bajo el nombre de ―Constituciones de Anderson‖. Anderson informa que, en el Festival anual del 24 de junio de 1718, cuando la Gran Logia cumplió su primer aniversario, el nuevo Gran Maestro, George Payne, ―solicitó que cualquier hermano podía traer registros y escrituras antiguas sobre todo lo concerniente a Masones y a Masonería a fin de conocer los Usos y las Antiguas Regulaciones: Y este año varias copias de Viejas Constituciones Góticas eran producidas y coleccionadas‖. Este documento está compuesto de cuatro partes: 1a. Historia de la Masonería, o más propiamente del arte de construir. 2a. Las obligaciones de un francmasón. 3a. Los Reglamentos generales, seguidos de la manera de levantar una nueva logia y de las diversas autoridades pertenecientes a veinte logias particulares. 4a. Cuatro cantos masónicos con sus músicas, para terminar con la orden del Duque de Wharton de publicar la obra. Tal como lo señala Pedro Alvarez Lazo, en su obra ―La Masonería Escuela de Formación del Ciudadano‖, de estas cuatro partes la primera posee indudable interés simbólico. En realidad, más que de una narración histórica veraz se trata de una proyección sobre el pasado de conceptos masónicos que, en gran medida, se habían gestado en tiempo de Anderson o en épocas inmediatamente anteriores a él. Es decir, consiste en una interpretación de la historia del arte de construir forjada desde categorías masónicas. Se encuentra en él una extensa historia tradicional sobre la Geometría, Masonería y Arquitectura, ocupando un poco más de la mitad del texto, haciéndonos saber cómo Salomón construyó el Templo con la ayuda del Rey Hiram y su Maestro Constructor. Pero en cuanto a nuestro trabajo, debemos referirnos a la segunda parte de las Constituciones, porque contiene los puntos capitales de la Masonería Especulativa en lo concerniente a su ideario, que para el análisis coincide con las corrientes filosóficas y de pensamiento del Barroquismo y de la Ilustración. En el artículo primero de la segunda parte se refiere a las obligaciones del masón en lo que atañe a Dios y a la Religión, en el que se muestra las exigencias religioso-morales de la masonería como institución y las actitudes del francmasón en esa problemática. Se puede resumir el contenido de este artículo en cuatro puntos: 1o. La masonería exige la creencia en Dios (al que denominará genéricamente Gran Arquitecto del Universo), pero es ajena a cualquier profesión religiosa determinada. 2o. La masonería proclama la libertad de conciencia, respetando las creencias religiosas individuales. Por tanto, el masón ha de ser un hombre tolerante en cuestiones religiosas. 3o. La masonería es una institución fraternal creada para ser centro de unión entre los hombres por encima de lo que les distancia. 4o. La masonería exige el cumplimiento de las obligaciones emanadas de la moral natural, a la que caracteriza por la bondad, la lealtad, la probidad y la honorabilidad, y no toma partido por ninguna moral religiosa determinada. Anderson abordó también otro tema delicado en el segundo artículo de sus Constituciones. Se trata de la actitud de la masonería frente al Estado, que tendrá una importancia capital implícita a la hora de preguntarse sobre las posibles vías que le son permitidas a la masonería para la transformación de la sociedad. En este artículo se manifiesta tanto el respeto de la masonería a las ideas políticas de sus miembros, en cuanto a ciudadanos, como la lealtad apolítica de la institución. Al neutralismo religioso del artículo primero, se añade el neutralismo político en el segundo, pero ambos pretenden lo mismo: la armonía interna de la Orden para lograr su objetivo unificador, lo que se expresa claramente en el artículo cuarto, en el que también se afirma una nueva característica para la masonería, que es su vocación de universalidad, enfatizándose en él que toda preferencia entre masones ―ha de fundarse únicamente en la valía y en el mérito personal‖. Debemos tener en cuenta, en forma nítida, que la Masonería es una institución esencialmente Filosófica, Filantrópica y Progresista. Es Filosófica porque orienta al hombre hacia la investigación racional de las leyes de la Naturaleza; invita al esfuerzo del pensamiento que va desde la simbólica representación geométrica hacia la abstracción metafísica; busca la reflexión filosófica, la penetración del sentido espiritual del movimiento de la Historia; contempla en cada tiempo histórico las nuevas inspiraciones doctrinarias y asimila, de cada sistema filosófico, lo que pueda significar el aporte al patrimonio de la Verdad abstracta, más allá del tiempo y del espacio. Es Filantrópica porque practica el altruismo, desea el bienestar de todos los seres humanos y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales de ninguna clase. Sus esfuerzos y sus recursos están dedicados al progreso y felicidad de la especie humana, sin distinción de nacionalidad, razas, sexo ni religión, para lo cual tiende a la elevación de los espíritus y a la tranquilidad de las conciencias. Es Progresista porque enseña y practica la solidaridad humana y la absoluta libertad de conciencia. La Masonería tiene por objeto la búsqueda de la Verdad, desechando el fanatismo y abordando sin prejuicios todas las nuevas aportaciones de la invención humana; estudia la moral universal y cultiva las ciencias y las artes y no pone obstáculo alguno en la investigación de la Verdad. Los Principios que sustenta son: Libertad, Igualdad y Fraternidad, proclamados en la revolución francesa. Libertad de la persona humana y de los grupos humanos ya sean instituciones, razas o naciones, y en todos sus aspectos, es decir, libertad de pensamiento y de movimientos. Igualdad de derechos y obligaciones de los individuos y grupos humanos sin distinción de religión, raza o nacionalidad. Fraternidad de todos los hombres, y de todos los pueblos y naciones; porque todos los seres humanos nacen libres e iguales en derechos y en dignidad. Un alto espíritu de fraternidad inspira los actos de la Masonería. Su Lema se basa en Ciencia, Justicia y Trabajo. La Ciencia logra el esclarecimiento del espíritu y la jerarquización de los valores intelectuales, así como la discriminación del saber humano, armonizando la aspiración a la Verdad con el reconocimiento de las posibilidades del hombre. Es fuente de modestia, cualidad que se opone al orgullo y al dogmatismo intelectual que muchas veces separan a los hombres. La Justicia es necesaria para equilibrar las relaciones humanas y para educarnos en la adaptación a las evoluciones sociales. El Trabajo, que es condición fundamental de la existencia humana, debe ser para elmasón un mecanismo creador de vida espiritual. Por el trabajo, el hombre se dignifica y se hace económicamente independiente dentro de la sociedad civilizada. Es eminentemente Tolerante y exige de sus miembros la más amplia comprensión. Todos los masones, de cualquier país que sean y cualquiera que sea el rito que profesen, constituyen una sola familia universal, porque la Fraternidad Humana es uno de sus principios y la Tolerancia el principal de sus deberes. En la Masonería caben todos los hombres libres y honrados y de buenas costumbres, sin distinción de razas, religión, ideas políticas y sociales, profesiones, categorías y posición en el mundo profano.Su moral no está directamente ligada a ningún sistema filosófico, ni a ningún credo religioso. La constituye el fondo común de preceptos universales que enseñan al hombre a ser mejor y a amar a sus semejantes. Busca la solidaridad de los valores intelectuales, éticos y estéticos para lograr la consistencia armónica de la conducta. Entiende por virtud la capacidad de hacer el bien en su más amplio sentido y el cumplimiento de nuestros deberes para con la sociedad y la familia, sin egoísmo ni vanidad. Enseña a practicar la virtud como calidad suprema de la moral y como lealtad de la conducta para el ideal, que debe conducir hasta el sacrificio cuando sea necesario para el cumplimiento del deber Por deber nos indica el respeto hacia los derechos del individuo y de la sociedad, así como el estricto cumplimiento de las obligaciones que ello envuelve. Pero también tiene el hombre sus deberes para consigo mismo. Induce al hombre a ser fiel con sus ideales ajustando su conducta a los principios que proclama. El deber masónico es la vocación inquebrantable del espíritu para la virtud.

LA ILUSTRACIÓN

Hemos resumido los principios sobre los que se basa la vida de la Masonería, que nos recuerdan a las corrientes filosóficas que se implantaron en la Ilustración, en ese ideario que habíamos señalado, que tiene como puntos centrales la búsqueda de la Verdad a través de la Razón, la práctica del Humanismo. Considerando al hombre como el centro de las preocupaciones y, por lo tanto, tratando que éste practique el amor, la honradez, la tolerancia, la caridad, la igualdad, la fraternidad y la libertad, desterrando el dogmatismo, el fanatismo, la envidia, la ignorancia y la ambición, en un camino de superación espiritual y moral que hemos denominado como la construcción de nuestro Templo Interno. El estudio, también está aparejado a la intuición, a la experiencia, al libre albedrío, a la especulación racionalista, a la educación y las leyes laicistas, la libertad de pensamiento y de conciencia, a la creencia en un Dios, al que denominamos como fórmula de unión Gran Arquitecto del Universo, y al que podemos llegar a comprender por la investigación, por la contemplación de la Naturaleza, de esas maravillas que llamamos macrocosmos y microcosmos, que por su perfección no podían surgir del Hombre sino de un Ser Superior. Todos estos principios están contenidos claramente en los proclamados en las corrientes de pensamiento de los últimos años del siglo XVII y en los primeros de la siguiente centuria, que influyeron en la Masonería Especulativa, que se convierte en recipiendaria y promotora de un cambio fundamental en la historia de la humanidad. Podemos afirmar, tal como lo hace Alvarez Lazo, que de un modo general las logias del continente europeo asumieron diversos talantes que oscilaron entre el misticismo y el racionalismo, convirtiéndose, en virtud de la variedad de sus inclinaciones, en lugares privilegiados para acoger en su seno el complejo espectro de ideales que caracterizaron a la Ilustración. El francés Paul Hazard concebía los años comprendidos entre 1680 y 1715 ―como escenario de un viraje decisivo de la conciencia europea hacia el racionalismo y la emancipación de los dogmas religiosos‖. La Ilustración es una de las etapas más brillante, atractiva y sugerente de la Historia de la Filosofía. Comienza a finales del siglo XVII, se extiende por Inglaterra y Alemania y culmina con los acontecimientos revolucionarios de 1789 en Francia. Los antecedentes del pensamiento ilustrado se sitúan en Inglaterra: en el ámbito científico con la obra de Newton; en el ámbito filosófico, con las aportaciones de la filosofía empirista; y en el ámbito social, económico y político con los sucesos revolucionarios (1649 y 1688) que culminaron en un sistema liberal. Si hay un concepto que pueda expresar todo el alcance y sentido de la Ilustración ese es el de la Razón, de una razón a la que se le niega todo carácter innato; se forma y perfecciona; se confunde con esa actividad que operando sobre los datos de los sentidos es capaz de organizarlos y estructurarlos. Se pasa de prisa sobre su poder deductivo, pero se insiste en su valor discriminatorio: juzga, compara, mide, descubre. Su método es el análisis. Es una razón autosuficiente, autónoma: no necesita de la autoridad ni de la tradición.Su valor radica en su carácter universal: es idéntica en todos los individuos. Pero, además tiene una dimensión práctica: es un instrumento que puede perfeccionar las ciencias y las artes y, con ello, la comodidad y el bienestar del individuo. En la razón está la salvación, la luz y la felicidad: estamos en los comienzos de la Humanidad. La oscuridad, la intolerancia, el fanatismo habían dominado. La luz, la tolerancia, la libertad fueron su resultado. Las características principales de la Ilustración son: anti-dogmatismo y escepticismo en la religión; liberalismo y anti-autoritarismo en lo político y optimismo en el progreso. John Locke y Baruch Spinoza dieron origen a la escuela deísta inglesa, que quería basar la verdad únicamente sobre el raciocinio, y que enseñaba la existencia de una divinidad, personal e independiente de la creación, pero de una manera tan omnipresente e indefinible, que venía a acercarse muchísimo a la idea panteísta. El protagonista de la ilustración francesa es el filósofo, pero ya no estamos ante el filósofo tradicional académico y escolástico, sino ante un hombre culto, informado en las distintas artes y ciencias, libre de prejuicios, tolerante. No vive en un mundo hostil ni es reticente ante los placeres que ofrece la vida. El sentir y el quehacer de la nueva época se plasman en la Enciclopedia, obra de treinta y cinco volúmenes que comenzó a publicarse en 1751 y se concluyó en 1780. Fue una empresa editorial, filosófica y científica llevada a cabo por Denis Diderot y Jean d‘Alembert dentro del espíritu de la filosofía de la Ilustración. Su objetivo era el de oponerse al Diccionario de Trévoux de los jesuitas y favorecer la difusión de la filosofía de la Ilustración. Diderot recurrió a autores conocidos de la talla de Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Buffon, Du Marsais o Daubenton y a otros menos conocidos. D‘Alembert se ocupaba de las Matemáticas, Diderot de la Historia de la Filosofía, el abate Morellet de la Teología, Buffon de las Ciencias de la Naturaleza, Paul-Joseph Barthez (1734-1806) de la Medicina, Quesnay y Turgot de la Economía. El caballero de Jaucourt ayudaba a Diderot en tareas de redacción y de edición. Por ejemplo, François Marie Atouet, que está inscrito en la filas de la Masonería por cuanto se inició en la Logia Les Neuf Soeurs de París el 7 de abril de 1778, unas semanas antes de su muerte, nació en París, el 21 de noviembre de 1694, hijo de un notario y que a partir de 1718 adoptó definitivamente el nombre de Voltaire, esencialmente, rechazó todo lo que fuera irracional e incomprensible y animó a sus contemporáneos a luchar activamente contra la intolerancia, la tiranía y la superstición. Su moral estaba fundada en la creencia en la libertad de pensamiento y el respeto a todos los individuos, y sostuvo que la literatura debía ocuparse de los problemas de su tiempo. Estas opiniones lo convirtieron en una figura clave del movimiento filosófico del siglo XVIII ejemplificado en los escritores de la famosa Enciclopedia francesa. El artículo  ̳Enciclopedia‘, redactado por Diderot y situado al principio del primer volumen después del Discurso preliminar de D‘Alembert, define el programa global de la obra: el proyecto de la Enciclopedia era el de reunir todos los conocimientos adquiridos por la humanidad, su espíritu, una crítica de los fanatismos religiosos y políticos, y una apología de la razón y la libertad de pensamiento. Diderot aúna el proyecto enciclopédico con la filosofía, que tiene en este siglo su máximo desarrollo. Las corrientes filosóficas que mejor caracterizan la Enciclopedia, son el sensualismo y el empirismo, base fundamental de la filosofía de la Ilustración. La imagen bíblica del Génesis se invierte, el proyecto antirreligioso se explicita. No sólo no se prohíbe el conocimiento, sino que además se afirma que éste está construido por el hombre, y que en él debe basarse para obtener la felicidad. La posibilidad del cumplimiento de todo el programa de la Ilustración sólo es posible mediante la educación. Es ésta una de las batallas más importante que los ilustrados mantuvieron con las ideas, los valores y las instituciones tradicionales, y el origen laico y universal de la educación actual. El pensamiento ilustrado tiene un carácter pedagógico ya que se encamina a la difusión del saber y a la creación de un nuevo tipo de hombre: un hombre crítico y libre. Los precursores de la Ilustración pueden remontarse al siglo XVII e incluso antes. Abarcan las aportaciones de grandes racionalistas como René Descartes y Baruch Spinoza, los filósofos políticos Thomas Hobbes y John Locke y algunos pensadores escépticos galos de la categoría de Pierre Bayle o Jean Antoine Condorcet. La época sufrió el impacto intelectual causado por la exposición de la teoría de la gravitación universal de Isaac Newton. Si la humanidad podía resolver las leyes del Universo, las propias leyes de Dios, el camino estaba abierto para descubrir también las leyes que subyacen al conjunto de la naturaleza y la sociedad. Se llegó a asumir que, mediante un uso juicioso de la razón, un progreso ilimitado sería posible —progreso en conocimientos, en logros técnicos y sus consecuencias también en valores morales—. De acuerdo con la filosofía de Locke, los autores del siglo XVIII creían que el conocimiento no es innato, sino que procede sólo de la experiencia y la observación guiadas por la razón. A través de una educación apropiada, la humanidad podía ser modificada, cambiada su naturaleza para mejorar. Se otorgó un gran valor al descubrimiento de la verdad a través de la observación de la naturaleza, más que mediante el estudio de las fuentes autorizadas, como Aristóteles y la Biblia. Aunque veían a la Iglesia, -especialmente la Iglesia Católica- como la principal fuerza que había esclavizado la inteligencia humana en el pasado, la mayoría de los pensadores de la Ilustración no renunció del todo a la religión. Optaron más por una forma de deísmo, aceptando la existencia de Dios y de la otra vida, pero rechazando las complejidades de la teología cristiana. Creían que las aspiraciones humanas no deberían centrarse en la próxima vida, sino más bien en los medios para mejorar las condiciones de la existencia terrena. La felicidad mundana, por lo tanto, fue antepuesta a la salvación religiosa. Nada se atacó con más intensidad y energía que la doctrina de la Iglesia, con toda su historia, riqueza, poder político y supresión del libre ejercicio de la razón. Más que un conjunto de ideas fijas, la Ilustración implicaba una actitud, un método de pensamiento. De acuerdo con el filósofo Immanuel Kant, el lema de la época debía ser ―atreverse a conocer‖. Surgió un deseo de reexaminar y cuestionar las ideas y los valores recibidos, de explorar nuevas ideas en direcciones muy diferentes. Durante la primera mitad del siglo XVIII, los líderes de la Ilustración libraron una ardua lucha contra fuerzas considerables. Muchos fueron encarcelados por sus escritos, y la mayoría sufrió persecución y penas por parte de la censura gubernamental, así como descalificaciones y condenas de la Iglesia. En muchos aspectos, sin embargo, las últimas décadas del siglo marcaron un triunfo del movimiento en Europa y en toda América. Es el caso de la Masonería, cuyos miembros también sufrieron persecuciones y la cárcel a raíz de sus postulados. Recordemos la anatemización de la Iglesia Católica, a través del Papa Clemente XII, quien, el 24 de abril 1738, a escasos 21 años de la fundación de la Gran Logia de Londres, emitió la Constitución In Eminenti, que señala en su parte principal: «Teniendo la misión de salvar las almas, Nos ordenamos a todos los fieles, en nombre de la santa obediencia, que no se agreguen a estas sociedades de masones. También les prohibimos propagarlas o favorecerlas. Todos los cristianos deben abstenerse de esas reuniones y congresos bajo pena de excomunión inmediata, reservada exclusivamente a Nuestra Persona‖. De lo que no cabe duda es que la Ilustración dejó una herencia perdurable en los siglos XIX y XX. Marcó un paso clave en el declinar de la Iglesia y en el crecimiento del secularismo actual. Sirvió como modelo para el liberalismo político y económico y para la reforma humanitaria a través del mundo occidental del siglo XIX. Fue el momento decisivo para la creencia en la posibilidad y la necesidad de progreso que pervivió, de una forma moderada, en el siglo XX y en el actual.

CONCLUSIÓN

Podemos concluir, señalando que la transformación hacia el imperio de la Razón y el Humanismo en la búsqueda de la Verdad, que proclamamos en nuestros templos, tuvo su base en las corrientes de pensamiento que insurgieron en ese Siglo, el de las Luces, después que la Humanidad vivió siglos de oscuridad, de fanatismo y de intolerancia, en los que la centralidad en el pensamiento y en la filosofía se concentraba en Dios (deo-centrismo) y a nombre de éste se cometían los peores atropellos contra elHombre. Sin embargo, en la centuria que analizamos, se volcó el centro de la preocupación de la humanidad hacia su especie (antropo-centrismo), tal como es la finalidad de la Masonería en estos trescientos años de su vigencia especulativa en nuestro planeta, cuando se proclama la moral como principio de vida para la regeneración espiritual del ser humano. Indudablemente creemos en Dios y en la Inmortalidad del alma, como preceptos de nuestra doctrina, pero sin los dogmas que nos impone una fe ciega y fanática, sino con la especulación, el estudio, la investigación, la tolerancia, el libre albedrío y nuestra propia conciencia, que tiene la virtud de dirimir y distinguir entre lo bueno y lo malo. A tres siglos de la fundación de la Gran Logia de Londres, que posteriormente, con su fusión con la Gran Logia de Masones Antiguos y Aceptados, en 1813, se convertiría en la Gran Logia Unida de Inglaterra, madre de todas las logias regulares de la Tierra, podemos señalar fehacientemente que los principios que se sustentaron en las Constituciones de Anderson aún están plenamente vigentes, en un mundo en el que esos valores se van perdiendo y que es preciso rescatarlos y difundirlos para bien de la Humanidad, a la que nos debemos. Los ritos, las tradiciones y el simbolismo de nuestra Orden Universal, datan de tiempos inmemoriales, por cuanto los mismos, de una u otra manera, los podemos conocer en diferentes tiempos y civilizaciones, desde las orientales, donde nacen las tres grandes religiones monoteístas que predominan en la humanidad, hasta las occidentales, especialmente en la tradición filosófica griega, que tiene como exponentes a Pitágoras, Platón y Sócrates, como Grandes Iniciados, que son una continuidad de aquellos que nacieron donde nace el sol y la sabiduría, es decir de Hermes Trismegisto, Jesucristo, Buda, Zoroastro y otros que seguramente pervivirán por siempre en la memoria del Hombre y le servirán como guías en su camino a la perfección. En lo que se refiere a los principios filosóficos de la Francmasonería, los hemos encontrado en la Era Moderna, precisamente en el siglo en el que la Humanidad había logrado salir de ese oscurantismo inquisitorial, para trascender a la libertad, que no sólo se la obtiene liberándonos de las cadenas de la esclavitud, que eran normales en esos tiempos de fuego destructor y de torturas sin fin, sino de aquellas que no permiten que nuestros actos estén precedidos por la Razón y el libre albedrío. Recordemos la Ceremonia de Iniciación en nuestras Respetables Logias, cuando el Venerable Maestro pregunta a los candidatos ―¿En el momento presente qué es lo que más deseáis? La contestación es LA LUZ. Escuchemos las frases que vierte, cuando señala que ―la recibiréis al tercer golpe de mallete‖ En el primer golpe expresa: ―¡una venda os cubre la vista, como el prejuicio obscurece vuestra inteligencia!‖. En el segundo ―¡La francmasonería os quitará la venda y tendréis luz material para vuestra vista!‖. Y en el tercero ―¡También os dará luz de verdad, para vuestra inteligencia, y os destruirá el prejuicio!‖. Esa Luz de Verdad es la apertura al conocimiento, a la razón, a la investigación científica, para destruir los prejuicios que adquirimos desde nuestra niñez y buscar nuestra propia verdad. La Masonería en estos trescientos años ha contribuido a la obtención de esa Luz, no sólo para los hermanos, sino para la humanidad. Ha participado activamente en la Libertad, en la revolución francesa, con la declaración de los derechos del hombre, en la independencia de Estados Unidos de Norteamérica, con la fundación de una nueva república por hermanos masones, en la guerra de la independencia de las Colonias de España, bajo el mando de nuestros libertadores, hermanos masones también. En la fundación de la Liga de las Naciones y posteriormente las Naciones Unidas. En la Declaración de los Derechos Humanos. En la creación de los Boy Scouts y de la Cruz Roja Internacional. Ha sido fuente esencial en la educación, como un principio de liberación de la ignorancia y la adquisición de conocimientos. En nuestra Patria, a principios del Siglo XX, se implanta una educación calificada como época de oro, bajo la férula de un hermano masón belga, Georges Rouma, implantándose el laicismo, como respeto a la libertad de conciencia. Los ideales de la Masonería Especulativa, de hace 300 años, siguen teniendo validez y actualidad. Somos tolerantes, respetamos las ideas religiosas y políticas, practicamos el laicismo, la libertad de conciencia. Utilizamos la razón y la inteligencia en la búsqueda de la verdad. Los resultados del Siglo de las Luces y de la acción masónica son el progreso de la humanidad. Los adelantos tecnológicos, científicos, que hoy nos llevan más allá de nuestra galaxia. La comunicación, el internet, nos da como resultado contar con una Gran Enciclopedia Universal, al servicio de toda la humanidad, para continuar con la erradicación de la ignorancia y que sea el Conocimiento y la Razón, los que predominen en la búsqueda de la Verdad y de la Libertad. Respondemos a la primera pregunta del aprendiz, ¿de dónde venimos?. Con la respuesta que nos dio Charles Darwin en 1859, en su obra ―El Origen de las Especies, y la posterior verificación por medio de la investigación, la ciencia, la arqueología: Procedemos de la evolución de la vida y de las especies. De una sola madre que nació en el Africa y cuyos descendientes se expandieron por el planeta. Somos conscientes que somos hermanos, no sólo por nombre, sino por los hechos y la investigación científica, ya sea por medio del creacionismo bíblico o por la evolución científica. Está comprobado científicamente que el Universo, el tiempo y el espacio, es efecto del denominado Big Bang, de la explosión de una chispa de energía, hace 13.500 millones de años, que existen millones de galaxias, que la Tierra nace hace 4.500 millones de años. Como producto del avance de la ciencia y la tecnología, hoy todos estamos comunicados, gracias a las telecomunicaciones y a la gran carretera cibernética. La evolución de la humanidad es increíble, gracias al Humanismo, al Conocimiento, a la Razón, a la Ciencia y a la Tolerancia, que abanderó la Masonería hace 300 años. Por todas estas razones y aún por muchas más, debemos rendir nuestro homenaje a los creadores de la Masonería Especulativa, la Logia recipiendaria de la Luz del Conocimiento y la que se obligó a expandir las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad por el mundo entero. Quiero finalizar, queridos hermanos, recordando una cita de Immanuel Kant, uno de los filósofos de la Ilustración, que nos debe servir para la reflexión: ―El cielo estrellado encima de mi y la moral dentro de mi. Son para mí, pruebas de que hay un Dios por encima de mi y un Dios dentro de mí.

José Manuel Loza Oblitas