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SOLSTICIO DE INVIERNO 2015

“Es fácil y sencillo bajar a las profundidades del Averno, pues la tenebrosa puerta del sepulcro está abierta día y noche; sin embargo, el regreso hacia arriba, a la clara atmósfera del cielo, pasa por un sendero duro y doloroso”

Virgilio: La Eneida V

Las culturas antiguas tenían particular respeto y dedicación a la astronomía y de manera especial al Sol, a cuyo estudio y ofrenda dedicaron gran cantidad de sus templos. Por ello se les daba a los solsticios especial atención, puesto que son precisamente los momentos del año cuando el sol llega a sus puntos más lejanos de oscilación entre el Sur y el Norte, en junio (Cáncer) y diciembre (Capricornio); es decir, en el momento que el Astro Rey tiene su máxima declinación meridional (al sur) o septentrional (al norte), aparentando detenerse para iniciar su camino pendular de regreso hacia el otro extremo.

Desde las épocas más remotas y prácticamente en todas las civilizaciones se han festejado las fechas en que se presentan los solsticios: en Roma, se dedicaban al Dios JANO, representativo del Sol, quien presidía los comienzos, las iniciaciones y en particular el ingreso del Sol en los dos hemisferios celestes. Para entender la trascendencia de la adopción de este mito en la Francmasonería, hay que tener presente que el mito solar, modelo a escala de la magna dinámica del Logos en el Universo, es uno alrededor de los cuales gira integralmente la estructura simbólica masónica. Desde entonces y hasta la fecha, la Francmasonería asimiló a Janus dentro de su estructura simbólica y celebra en su honor las fiestas Solsticiales. Por otra parte, desde un aspecto temporal, la imagen de Jano se interpreta habitualmente como símbolo del pasado (el perfil de un viejo) y el porvenir (el perfil de un joven). Interpretación correcta, aunque incompleta, dado que entre el pasado que ya no es y el porvenir que todavía no es, está un tercero y verdadero rostro de Jano, invisible, que mira el presente, que en la manifestación temporal no es sino un momento inasequible. Este tercer rostro corresponde en la tradición hindú al tercer ojo de Shiva, invisible también y simbólico del “sentido de la eternidad”, cuya mirada por un lado reduce todo a cenizas, destruye todo lo manifestado, pero por otro, cuando la sucesión (línea) se convierte en simultaneidad (círculo), ve todas las cosas que moran en el “eterno presente”.

JANO representativo del ideal iniciático, simboliza, al igual que el Delta griego, la puerta de entrada a la verdadera iniciación e indica perfectamente que en la Mas:. tenemos y tomamos a nuestros viejos usos y costumbres como Piedra Fundamental del desarrollo de nuestras actividades; pero en lugar de estancarnos viviendo del pasado, debemos y tenemos la obligación de utilizarlas con miras al futuro para ser mejores y hacer mejoras en beneficio de nuestras familias, de nuestra comunidad, de nuestra nación y del mundo. Por ello que en masonería Jano sea igualmente el emblema de los Landmarks, o antiguos límites, leyes no escritas y fundamentos constitutivos y universales de la Orden, los que junto con las festividades solsticiales masónicas, nos indican que debemos estudiar y practicar los principios y normas establecidos desde el origen, concentrando nuestros esfuerzos en el presente para construir el porvenir.

Los solsticios representan la armonía cósmica, que permite observar, año tras año, como se cumplen con asombrosa regularidad, de acuerdo a las leyes físicas de su relación con la tierra, prolonga los días o las noches, haciendo que la naturaleza cumpla inexorablemente sus ciclos biológicos. Que este nuevo solsticio, que éste cambio que hace la naturaleza, nos haga meditar en la necesidad de reactivar nuestra voluntad de renacer, que nos haga reflexionar en la necesidad de compartir el alma, cual semilla de fraternidad; que nos repitamos cada día que cada ser humano requiere ser levantado de sus desgracias. En resumen y utilizando una frase de nuestro Ex Gran Maestro y actual Secretario Ejecutivo de la C:.M:.I:. M:.R:.H:. Rudy Barbosa Levy, es hora de “pensar diferente” y de pasar de una “masonería especulativa a una masonería ejecutiva”, es decir del solo pensar y hablar a una de hacer y actuar cada instante de nuestras vidas, para verdaderamente organizar y disciplinar a nuestros iniciados. Para ello deberemos estar convencidos que no es suficiente ser masón un día a la semana, o disfrazar nuestra caridad en simples monedas semanales, sino en practicar de verdad y materialidad: la tolerancia, la caridad no vergonzante, y el estudio interno cuya finalidad no es otra que la de alcanzar la verdadera luz espiritual. Es tiempo de preguntarnos si de verdad estamos eligiendo obreros de paz para convertirlos en hombres de bien; si de verdad estamos encendiendo el celo de la virtud y la verdad para fortificar su voluntad, o por el contrario nos estamos ampliando en un simple círculo social de amigos de conveniencia, donde el interés profano se impone sobre la humildad y la reserva masónicas que aconsejan y enseñan nuestros rituales. ¿De que pueden servir nuevos rituales y juramentos, nuevos estatutos y reglamentos, nuevos grados, cargos o títulos, si olvidamos los deberes primigenios que nos impulsó a tocar las puertas de un templo masónico? ¿Estaremos de verdad siguiendo el camino del Sol que no se cansa, persevera, ilumina y crea la esperanza en que luego de un error existe la sublimidad del perdón y la reconducción? Nuestra misión es la de crear eslabones nuevos y fuertes que estén compenetrados de la dificultad de la misión de ser hombres de palabra y convicción, en lugar de intereses de grupo o personales, o de la simple repetición monótona de frases cargadas de simbolismo pero que caen en el vacio del gran agujero negro de la indiferencia por aprender y en la mentalidad del conocimiento por ambición personal o la frialdad de quien se considera totalmente perfecto y superior, de aquel que no considera a la equidad social como primera tarea.

En su reciente mensaje de Corpus Cristhie, en el Vaticano, el Papa Francisco Io decía: “Dejemos de sembrar división, dejemos de lado la arrogancia y el excesivo culto al YO, evitemos a los escaladores y a quienes predican la disgregación, entendiéndose por esto último a quienes tienden a infectarse con dogmas ajenos y externos que no nos permiten vivir en fraternidad”, mensaje que sin duda alguna puede y debe aplicarse en nuestra institución, donde la actitud de arrogancia, el ego impulsivo y dominante de un cargo o título, la tendencia e impulso de los escaladores, está sembrando la disgregación con la adopción de ideas y actitudes totalmente profanas, como lo podemos apreciar sobre todo en los periodos de elecciones y en otras decisiones e instancias institucionales que debieran estar impregnadas del juramento de hermandad y de protección y ayuda real al hermano; defensa de los débiles y no de simple espera de la oportunidad para salir en la foto, o publicar nuestro nombre y lucir la medallita como fundadores de algo que no perseveraremos ni velaremos o trabajaremos para un correcto y eficaz desarrollo institucional.

Tensionemos y distendamos nuestra cadena de unión, y verifiquemos la fortaleza de cada uno de nuestros eslabones, pues al hacerlo tal vez perdamos algunos débiles o falsos porque no lograron que la masonería penetre en ellos, pero quedarán los comprometidos, los que sienten a la masonería en su ser, en su mente y en sus actitudes diarias y constantes. También será posible y necesario que rescatemos algunos que por su edad, antigüedad o salud se encuentren solos, pero son fuertes, porque ellos si viven acorde a los “principios y/o land marks” que presiden nuestro accionar en la Orden. No esperemos sembrar de flores las tumbas de los que pasaron al O:.E:. y recordar lo buenos que eran, sino rodeemos de amor y comprensión a quienes la vida maltrató, o a quienes por ausencia temporal del pasado, sencillamente son ahora ignorados por no pagar sus óbolos o no participar de nuestros ágapes.

Al penetrar la puerta de nuestro templo masónico, la Gran Puerta del Círculo Aúreo, donde el magnetismo es universal, es donde nos sentimos más fortificados con la presencia de nuestros HH:. en las sillas de la Logia, que no deben estar vacías nunca, porque una silla de Maestro, Compañero o Aprendiz, sin ocupar, es un pensamiento puro, volatilizado, que no encuentra destino y que se pierde en la inmensidad del espacio sideral. La perseverancia, constancia y total entrega en pos de nuestros ideales jurados en la noche de nuestra iniciación, deben ser el norte que guie nuestro accionar imitando a la permanencia de la luz solar en el universo, inclusive en el invierno. Esa misma sabiduría es la que en un momento dado abrió la puerta grande de la Orden, para dejarnos el paso libre, para que siempre estuviese nuestra boca abierta para defender la libertad, la mano siempre tendida para brindarnos fraternalmente, y de esa manera ingresar a la Masonería para apoyar una total igualdad y equidad. Nosotros, no siempre somos los suficientemente humildes como para franquearles la puerta a todo ese cúmulo de sangre joven y nueva; pero no es solamente que ellos esperan, es que el abandono que hacemos de esa obligación de fortalecer la Orden, no siempre nos encuentra ocupados en la tarea de buscar fundir nuevos, permanentes y sólidos eslabones para la cadena de esta Unión Universal, poniendo en peligro inclusive la continuidad de la misión recibida de nuestros antecesores operativos. Y siguen aguardando en la puerta, y no escuchamos su murmullo, porque estamos escuchando – a veces- nuestra propia voz, nuestro ego que nos embriaga fácilmente y nos hace perder el sentido de la marcha de los tiempos, y por ello muchas voluntades e inteligencias brillantes, no adornan nuestras columnas en el presente. Necesitamos un nuevo San Juan, que redescubra el valor de ser considerado Masón y nos ubique en el proceso histórico y de actualidad que realmente merecemos. Este es pues el momento que necesitamos para reconcentrarnos, para mirar, como decía anteriormente dentro de nosotros, tal vez, es el momento de hacer nuestro balance espiritual para ver cuánto hemos avanzado, o también plantearnos y decirnos cuanto más debemos avanzar. Quizás es el momento de responder por “cuarta vez” si persistimos en ser masones, pero masones comprometidos para la acción, no solo para los ágapes y aniversarios, sino para luchar contra esa inequidad de la falta de oportunidades que origina- la hasta ahora- nunca justificada diferencia de clases. Alegrémonos con este nuevo advenimiento de la gran estación de la concentración y el auto examen que se avecina; apartémonos por un instante universal del ruido, tumulto y desorden de la sociedad profana.

Purifiquemos nuestro yo interior para evitar mantenernos en la caverna de la ignorancia y la ambición excelentemente detallada por Platón en su obra cumbre denominada “La República”. La Caverna es pues una pintura digital que intenta mostrar el encierro de nuestro ser entre las percepciones sensibles que manifiestan levemente la realidad. Una realidad más profunda y completa, ya que ésta es causa y fundamento de la primera que está compuesta sólo de apariencias sensibles. Una vez que ha asumido el hombre esta nueva situación, es obligado nuevamente a encaminarse hacia fuera de la caverna a través de una áspera y escarpada subida, apreciando una nueva realidad exterior o mundo inteligible, que encarna la idea del BIEN fundamento de las anteriores realidades. La alegoría acaba al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para «liberar» a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que hará que éstos se rieran de él. El motivo de la burla sería afirmar que sus ojos se han estropeado al verse ahora cegado por el paso de la claridad del Sol a la oscuridad de la cueva. Cuando éste prisionero intenta desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón nos dice que éstos son capaces de matarlo y que efectivamente lo harán cuando tengan la oportunidad, por ayudar a los hombres a llegar a la verdad. Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por el desaliento, porque no nos consideramos lo suficientemente satisfechos con lo que hemos caminado en el sendero masónico; todo lo contrario, el Solsticio de Invierno, es el indicado por señalarnos el trayecto que debemos recorrer para llegar felices al Solsticio de Verano. Ahora que en nuestras sociedades ancestrales y el Calendario Andino se apresta a celebrar el inicio del año 5523, vivamos con intensidad y dinamismo la frase que lo enmarca y representa y que dice: “Retorno al Origen”, retomemos nuestras armaduras y emblemas de verdaderos caballeros masones de la verdad y de la acción, respetémoslas y cumplamos con nuestros principios y juramentos para que la sociedad se percate que a su lado “se siente” a un masón por sus obras. De la reserva de energías que se produce en el encierro dentro de uno mismo, es de donde surgirán nuevos caminos de esperanza, nuevas luces para los senderos obscuros, nuevas fuerzas para afrontar los históricos desafíos de intolerancia e indiferencia, y surgirán los espíritus nutridos de una nueva Luz con que el G.·.A.·.D.·.U.·. ha dotado a quienes se han animado a trasponer la puerta de la inmensidad de la Luz.

Ábranse las puertas para dar entrada a la máxima sabiduría y a la quietud del alma. Recibamos lo que se nos brinda como alimento hoy, porque ese será el fuerte murallón que enfrentará la ignorancia y la intolerancia, para de verdad conquistar al mundo profano y convertir en realidad el viejo adagio que señala: “convertir a todos los hombres en iniciados para cumplir la misión final de la masonería”.

SAFO