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SOLSTICIO DE INVIERNO

Solsticio de invierno. Momento en el que el planeta Tierra, en su hemisferio sur, experimenta la menor presencia de la luz solar en todo el ciclo del año, debido a su inclinación de alrededor de 23,5 grados, quedando el Sol aparentemente quieto – estático – por espacio de unos 10 días. Es la fecha en la que comienza el invierno, es el momento en el que la noche – la oscuridad – alcanza su máxima duración respecto del día – la luz -. Es el punto de inflexión astronómica a partir del cual la Tierra se dispone a vivir el invierno y simultáneamente comienza a dirigirse hacia la primavera.

Solsticio de invierno, acontecimiento astronómico que se repite inexorablemente año tras año, confirmando una vez más que el Universo esta regido por leyes. Y así es, puesto que allí donde el ser humano decida adentrase, encontrará – aunque no lo entienda totalmente – que todo está regido por leyes inexorables, causas, condiciones y efectos. Encontrará Ley, Orden, Armonía y Equilibro allá donde dirija su mirada.

Desde lo inmemorial de los tiempos, las diferentes culturas de nuestro mundo han esperado el solsticio de invierno con una mezcla de temor y optimismo. Con temor a la partida definitiva de la luz solar, intentando mantener la presencia de esta energía en la Tierra manteniendo vivo el fuego que encendían en el día del solsticio de invierno y pidiendo mediante tan numerosos, como comunes rituales, que el ígneo astro vuelva a brillar para preservar la vida. Y con optimismo porque sabían que superado ese momento de oscuridad se avenía el tiempo de la siembra, del renacimiento, del inicio del viaje rumbo a la prosperidad y la cosecha, hacia la abundancia.

Con matices diversos de monumentos rituales, de actos y circunstancias, los pueblos del pasado y los pueblos del presente, preparaban y preparan la espera y recibían y reciben el solsticio de invierno y aunque el avance de la tecnología ha permitido ahora a la humanidad conocer que el sol no se apagará en el solsticio invernal, con seguridad que en el momento culminante de esta ritualística, el solitario corazón humano se contrae en un instante ante la majestuosidad de los hechos del Universo.

Las culturas de nuestro mundo han aprendido que el solsticio de invierno es el tiempo en el que la naturaleza muere por un instante y renace de inmediato, han aprendido que es el tiempo en que muere la semilla para dar vida nueva a la planta y que de esta surgirán las flores y los frutos marcando el nuevo tiempo de la vida, en ciclos interminables, inevitables y continuos.

En el pasado, sin siquiera saber mutuamente que existían sobre la faz de la Tierra, las culturas interpretaron de una misma manera el solsticio de invierno y desarrollaron para la ocasión, con pocas diferencias, un mismo ritual, una forma similar de reacción ante el fenómeno, casi manifestando comunes raíces de pensamientos y sentimientos pre – establecidos en ellos o quizás recordando – paradójicamente en forma inconsciente – un pasado y un origen común. Y aunque hoy disponemos de las explicaciones detalladas respecto de la forma en que ocurre el solsticio de invierno, las culturas han mantenido aquellos rituales de su común inteligencia.

El solsticio de invierno plantea una vez mas la teoría de los ciclos de la vida, de la repetición permanente de los hechos, de que lo que es, ya fue y será. Mas con un elemento adicional muy importante, de que si bien los ciclos se repiten, estos lo hacen en una espiral, es decir cada vez en distintos planos o contextos. Hace un año también hubo un solsticio de invierno, pero las condiciones de la vida seguramente fueron particulares a ese momento, como lo son ahora a este momento.

La Masonería, esta magnífica como difícil forma de vivir, tiene como fiestas principales los solsticios, el invernal y el de verano, asociando a estos las festividades de san Juan Bautista al primero y de san Juan Evangelista al segundo. En el solsticio de invierno se abre la Puerta de los hombres, es decir el portal de la iniciación, que permite comenzar la vida iniciática, invitando a enterrar la semilla de nuestra existencia, para que muriendo abra paso a una nueva vida, para que muriendo a la vida profana, renazca a la vida iniciatica y así, comenzar a caminar en el sendero de la luz y dirigirse rumbo a la Puerta de los dioses que se abre en el solsticio de verano, para marchar hacia el encuentro con la Esencia Primera de nuestro origen.

En la masonería el Universo está reflejado con exactitud en nuestro Templo (Logia) y este es una síntesis del Hombre – Macrocosmos y Microcosmos – y por lo tanto las leyes que rigen al Universo, rigen también al ser humano (“Como es arriba es abajo”).

Tal como en el Universo, todo lo que conforma la Logia tiene un perfecto orden y los símbolos que allí se encuentran y el rito que los pone en movimiento, revelan los misterios de la creación, la conservación y la destrucción del cosmos, de tal manera que el iniciado al comprender, a través de esta revelación, las leyes que rigen la vida, debe utilizarlas para llegar a lo profundo de su corazón, allí donde se revela la sustancia del misterio de la vida, abriendo la puerta que le comunicará con el Ser Primordial.

En este contexto, para nosotros el solsticio de invierno, el acontecimiento en el que muere y renace el Sol, es un momento en que el tiempo se detiene, manifestándose el presente en un instante eterno, sin el pasado que ya no existe, ni el futuro que existe tan solo como posibilidad. Es un momento de silencio, recogimiento interior y meditación. Es un instante en el que la naturaleza muere para resurgir inmediatamente renovada… es el límite entre la oscuridad y la luz… es el punto final de las sombras que dan paso a un nuevo amanecer… y esto acontece año tras año inexorablemente.

Es una noche para referirse, aunque muy sintéticamente, al significado que el solsticio tiene en el Universo individual, en la interpretación que de este acontecimiento astronómico podríamos hacer en nuestro sistema solar interno y en la utilidad que de esto puede resultar.

La masonería tiene como objetivo el perfeccionamiento del hombre, como requisito indispensable para construir un mundo libre, justo y fraterno. Por lo tanto su labor está centrada en la evolución individual, pero inspirada siempre en el bien colectivo.

El hombre es un microcosmos en el que se reproduce con exactitud el Universo, en su constitución y en sus leyes y en los ciclos que en él se producen. Cada Ser Humano posee un Sol interno del que no emana energía por combustión de hidrógeno, sino que es la resultante del Poder de Dios: el amor. Alrededor de este sol interno y alimentándose de él, gira la vida individual, todos los acontecimientos cotidianos.

El masón busca la verdad, se esfuerza permanentemente por conocer la naturaleza y sus leyes, porque entiende que conociendo la vida en sus más profundos detalles, tendrá la posibilidad de utilizarlos para construir un mundo mejor.

Comienza su camino en la Iniciación, recibiendo la luz interior o un destello de la misma o quizás simplemente el símbolo de ella. Como haya sido, da inicio a su esfuerzo por conocer y comienza a caminar de Oc. a Or. por el Norte hacia la luz, intentando recibirla de ese su Sol Interno.

Sin embargo, muchas veces confundimos al conocimiento como un fin en sí mismo y dejamos que la soberbia de sabernos poseedores de conocimientos nos aleje de la verdadera misión que tenemos. Confundimos fin con medio, conocimiento con saber e ignoramos, generalmente, que el punto culminante de la obra radica en la acción.

Dedicamos muchas horas de estudio al pasado y a la especulación acerca del futuro, olvidando o escapando del presente, dejando de vivirlo a plenitud y llenando nuestras mentes de hechos que ya acontecieron y de quimeras futuras que tal vez nunca ocurran.

Buscamos luz afuera, intentando conocer las respuestas a nuestras múltiples preguntas en el exterior de cada uno de nosotros e intentamos justificar con factores externos, todo lo que  nos acontece.

Así caminamos hacia nuestro solsticio invernal, hacia nuestra oscuridad, hacia el momento en que las respuestas se agotan, hacia el instante del profundo silencio.

La oscuridad en si misma no es ni estéril ni fructífera y solo adquiere una de estas características de acuerdo a nuestra actitud. Por ello nuestro individual solsticio invernal puede durar mucho o poco tiempo.

En este estado de oscuridad, en nuestro solsticio invernal, es que actúa como ley inexorable la dinámica de la Iniciación que no nos permite permanecer en ese estado y pone en funcionamiento nuestra capacidad de reencender la llama de la Verdad, completando así nuestro solsticio con el resurgimiento de la luz y el reinicio de nuestra Búsqueda permanente, enriquecida con la experiencia del ciclo vivido, con algún incremento de nuestra capacidad para percibir y recibir la luz interior y proyectarla afuera de nosotros.

En la ciencia óptica se distinguen tres clases de cuerpos: los opacos que no permiten el paso de la luz, los traslúcidos que permiten el paso de la luz, mas no el de ver a través y los transparentes que dejan pasar la luz y dejan ver a través de ellos. Con cada ciclo de solsticios individuales debemos avanzar de la condición de opacos hacia la de transparentes.

La historia de la humanidad tiene solo dos clases de elementos humanos: los que la espectan y los que la protagonizan. Es decir los que hacen la historia y los que solo la contemplan.

El masón ha elegido voluntariamente ser constructor de la vida, por lo tanto no puede ser espectador de la historia. Es obrero de la existencia y por ello ni siquiera puede descansar, sino por el contrario debe esforzarse, en progresión creciente, para lograr su objetivo.

Para ello tiene ese sol individual que continuamente lo alimenta y lo impulsa, ese sol de amor, pleno del poder de Dios que lo empuja fundamentalmente a obrar… a hacer, a proyectar esa luz renovada, renacida de su solsticio invernal.

Debe por lo tanto ser consistente entre sus pensamientos y sus acciones, debe hacer que su vida sea la expresión de su pensar y sentir, solo así podrá utilizar provechosamente el objeto de su búsqueda: La Verdad. “Buscad la Verdad y ella os hará libres”… solamente así podrá utilizar su siempre renovada y creciente luz y brillar en hechos que transformen permanentemente la vida. Solo así podrá encontrar el significado de su solsticio… y lo que es mas importante, la utilidad de él.

En este Solsticio de invierno a todos ustedes es importante que cada uno tenga siempre la valentía del amor para vivir en plenitud su solsticio individual, su acercamiento a su oscuridad íntima, valor para detenerse por un instante y hacer un examen honesto de lo realizado y alcanzado y renacer de ese instante de quietud, fortalecidos en deseos de trabajar por la magna obra, con la fuerza y la voluntad para hacer de su misión una realidad imperecedera. Que la luz brille en cada síntesis de su búsqueda y que el amor se acreciente permanentemente en sus recorazones.

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