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Ser masón, imprime carácter

Ser masón, imprime carácter.

Uno, no se hace masón para después de sus votos renunciar al día siguiente.

Uno, no se hace masón para ser «masón de Logia», es decir aquellos que sólo saben decir «Querido Hermano!» y darse golpes de pecho en el Taller, y ya en la calle ser distantes y peores que profanos.

Uno, no se hace masón para presumir de masonería, de saber secretos o entender lo que la mayoría de la gente no entiende.

Uno se hace masón por propia voluntad y con plena conciencia del compromiso adquirido en su juramento votivo.

Uno se hace masón para brillar con la luz propia del silencio, el trabajo callado, el sacrificio y el esfuerzo, que dan como resultado el ejemplo.

Uno se hace masón para luchar contra el ego, contra todo lo que le separa del Ser Perfecto al que llama «El Gran Arquitecto del Universo».

Uno se hace masón para siempre, no para un rato. Y trata a sus hermanos, desde el aprendiz al maestro con la misma empatía y dedicación fraternal.

Por eso los masones, se dan entre sí el Triple y Fraterno Abrazo….

Uno se hace masón por pertenecer a una de las sociedades mas serias y que mayor repercusión tienen en el desarrollo de la historia de la humanidad.

Por eso, y por mucho mas, uno se ha hecho masón.

Lux ex tenebra.

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