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Ramiro Vladimir Mora Miranda: DIEZ MIL HORAS PARA LA MAESTRÍA

Ramiro Vladimir Mora Miranda: DIEZ MIL HORAS PARA LA MAESTRÍA 

En el libro de Malcolm Gladwell titulado “Los fuera de serie. La historia del éxito”, se describe cómo algunas personas con autoridad lograron tener éxito. Gladwell indica que, para alcanzar la excelencia, es necesario acumular 10.000 horas de práctica, que significa aproximadamente diez horas por semana durante 20 años o 20 horas por semana en diez años o 40 horas por semana por cinco años. 

En un pasaje del libro se cita el ejemplo de Mozart, reconocido como un gran genio, quien comenzó a componer a los siete años, aunque es sabido que algunas de sus obras sobresalientes fueron escritas recién durante su adolescencia. Pero sus grandes sinfonías fueron escritas después de los 21 años, cuando ya había acumulado más de 10.000 horas de práctica, tanto en composiciones como en interpretaciones. 

Otro caso es el del grupo inglés “The Beatles”, que antes de convertirse en fenómeno musical, practicaron muchas horas. Los Beatles solían ser invitados a tocar en la ciudad alemana de Hamburgo. Pero no era una gira cualquiera. Los conciertos que brindaban en esa ciudad se diferenciaban porque debían tocar durante ocho horas o más, todos los días de la semana, cuando en un concierto normal, un artista o grupo musical, se enfoca en 

promocionar sus éxitos o las mejores canciones y, casi siempre, un par de canciones nuevas de su álbum más reciente. 

Dentro del campo de la tecnología está el reconocido Bill Gates, quien también tuvo sus largas horas de práctica. Gladwell, quien tuvo la oportunidad de entrevistarlo cuenta que, en el momento de su adolescencia, 

Gates tuvo la oportunidad de que la escuela, a la que asistía, disponga de un equipo de computación que fue empleado para desarrollar sus habilidades en la programación. Esto fue en los años 70, una época histórica en la que las computadoras eran raras y de difícil acceso. 

El neurólogo Daniel Levitin indica: “Las conclusiones de múltiples estudios siempre terminan en que 10.000 horas de práctica son necesarias para alcanzar el nivel de experticia de clase mundial. En estudios de compositores, basquetbolistas, escritores, patinadores sobre hielo, pianistas, jugadores de ajedrez, etc. este número aparece una y otra vez… aparentemente le toma al cerebro todo ese tiempo para alcanzar el nivel necesario de maestría”. 

Más allá de la relación estadística, que demuestra la directa proporcionalidad entre las horas de práctica y la superioridad en los resultados; los investigadores encontraron otro factor de gran importancia: un profundo “amor” por la práctica. La mayoría de las veces, estas personas exitosas, prefirieron practicar a realizar cualquier otra actividad. Los mejores programadores de software que han existido realizaban sus prácticas en su tiempo libre incluidos los fines de semana; de igual forma los doctores de renombre mundial escuchaban audios médicos mientras estaban en el transporte público y los jugadores profesionales de fútbol analizaban vídeos de sus prácticas por largas horas, inclusive en sus hogares. Este grupo que sobresale en su profesión se distingue porque cultivó su pasión y se entregó a ella hasta llegar al punto de dejar de sentirla como un trabajo. 

Entonces, las 10.000 horas, ¿podrían aplicarse a la masonería? Considero que sí, ya que, desde el momento de la iniciación, realizamos el juramento de asistir a todas las tenidas que se nos convoque, quizás sea una misión difícil de cumplir, por diferentes razones, sin embargo, cada hora en el templo cuenta. 

Para aplicar esta teoría de las 10.000 horas en la masonería y alcanzar la excelencia, se deberían invertir ocho horas diarias durante cinco días a la semana, alrededor de cinco años. Pero lo primero es pensar si estamos invirtiendo energía en lo que realmente nos gusta y si estamos en el lugar correcto. 

Una vez que se haya definido esa parte fundamental, a continuación, se debe pensar en las necesidades para realizar como práctica y aprendizaje deliberado para volvernos cada vez mejor, conscientes de que no bastan las horas, la motivación es absolutamente fundamental y, para promoverla, lo mejor es establecer una serie de objetivos teniendo en cuenta las necesidades y habilidades personales. 

Ningún aprendizaje será efectivo si no invertimos tiempo y esfuerzo en llevarlo a la práctica. En el caso de la masonería, la razón es evidente: nunca seremos capaces de mejorar nuestra vida, si no la ejercitamos. Sabiendo que es muy difícil lograr el dominio de la disciplina si no tenemos claro qué queremos, qué necesitamos y cómo podemos conseguirlo. 

La frustración, el miedo y la desmotivación son las principales causantes del fracaso en el desarrollo masónico, por lo que los métodos que logren impulsar nuestra confianza y guiar nuestro aprendizaje, serán las que realmente nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos. 

El trabajo conjunto, la motivación personal y los deseos por superarnos diariamente deben ser el estímulo para el desarrollo de nuestras 10.000 horas de práctica masónica, de esa manera lograremos alcanzar la maestría y por consiguiente nuestro objetivo de vida. 

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