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Tolerancia

A L.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.·.
A.R.L.S. GEORGE WASHIGTON Nº. 187

Valle de Asunción, 27 de Mayo de 2020(E:.V:.)

QQ.·.HH.·.

Tolerancia

La Tolerancia como la Fraternidad son  los vínculos Masónicos que constituyen, sin lugar a dudas, unos de los rasgos más característicos con que se conoce a la Orden en la Sociedad Civil y unos de los pilares fundamentales de la sociabilidad Masónica.

Y es afortunado su análisis en momentos en que muchas de las energías parecen convocarse para atender las adversidades de la coyuntura y las herencias de un pasado cismático con miras a colaborar en la construcción de un futuro superior.

El diccionario de la Real Academia Española nos enseña:

Tolerancia: (sustantivo femenino) Acción y efecto de tolerar. 2. Respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras. 3. Reconocimiento de inmunidad política para los que profesan religiones distintas de la admitida oficialmente. (…) De cultos. Derecho reconocido por la ley para celebrar privadamente actos de culto que no son los de la religión del Estado.

Tolerar: (verbo transitivo) Sufrir, llevar con paciencia. 2. Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente. (…)

Lícito: (adjetivo) Justo, permitido, según justicia y razón. (…)

El estudio cruzado de estas definiciones permitiría aclarar válidamente el concepto de tolerancia como la acción y efecto de permitir algo que no se tiene ni por justo ni permitido, según justicia y razón, sin aprobarlo expresamente.

La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.

El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una conquista que brilla a la vez por su presencia y por su ausencia.

Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar.

La Masonería, que es una antigua institución que se auto define como una sociedad de hombres libres y de buenas costumbres, altruista, filosófica, progresiva y discreta, que ha sido una histórica abanderada de la tolerancia, la define, aunque no de modo oficial ni mucho menos dogmático, como un hábito, el de respetar las opiniones en cualquier materia; opinión de los que creen que debe permitirse en cualquier estado el ejercicio libre de todo culto religioso y respetarse la opinión y manifestación de todas las ideas político sociales.

Los progresos en el camino de la verdad sólo se logran en una situación de libertad. Por eso la tolerancia es un simple dictado de la prudencia. Con la prohibición de la duda sistemática y de la revisión de las conclusiones, los errores se eternizan y se evita el progreso de los conocimientos.

Podemos desplazar el centro de gravedad del concepto de tolerancia en la constatación de la ausencia de certezas en el conocimiento no verificable; conclusión a la que se puede arribar únicamente si se admite inicialmente: 1) la libertad de pensar y de opinar; 2) el abandono del dogmatismo y del fanatismo, 3) la autonomía de la razón y de la conciencia humana. Por tanto, podemos afirmar que esta oferta definitoria es neutra, no se encuentra comprometida ni con principios éticos, ni con la satisfacción de intereses públicos, sino que es más bien de tipo epistemológico y objetivo

En la tolerancia no hay tampoco ninguna conformidad con el error, con el mal o con la injusticia. La cuestión de la verdad o el error es el tema de las tres grandes direcciones del dogmatismo, del relativismo (o criticismo) y del escepticismo. Y todo esto concierne a la tolerancia sólo dentro del área que algunos autores han llamado del “subjetivismo intermedio”.

No se trata, pues de una conformidad con el error, sino de un relativismo crítico, conforme al cual, dentro de dicha área, no podría hablarse de unas verdades absolutas, ni tampoco, dentro de ciertos límites, de unos errores absolutos, es conveniente aclarar que la Tolerancia como condición necesaria para la socialización no contempla complicidades silenciosas hacía todo tipo de doctrina.  No se trata del «todo está bien» por el que llegamos al «nada está mal».  A contrario, en nuestro caso la Tolerancia se perfecciona en el respeto de todos por los valores primordiales de la Masonería, y va de la mano con el «combate activo contra el mal«. La Masonería, en su necesidad de librepensamiento y su absoluto respeto por las convicciones de sus miembros, no es un orden vacío, sin reglas, ni valores, ni límites.

La tolerancia es un derecho, una virtud y un camino ético, que se configura con el respeto por la opinión ajena y su manifestación, en virtud de que no existen condiciones en que se pueda afirmar válidamente su corrección o incorrección; siendo límite el bien común, y que no necesariamente exige reciprocidad. La tolerancia es así un arco que se asienta sobre los pilares de la razón y de la libertad.

En lo ético la Masonería ha distinguido siempre, netamente, entre la “luz” y las “tinieblas”. La tolerancia no se refiere aquí al mal y a la injusticia considerada en sí mismos, sino a los medios y a los modos de operar contra tales desvalores.

Podemos observar que hay una tolerancia propia del que exige sus derechos: La oposición de Gandhi al gobierno británico de la India no es visceral sino tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En sus discursos repetirá incansablemente que, “dado que el mal sólo se mantiene por la violencia, es necesario abstenerse de toda violencia”. Y que, “si respondemos con violencia, nuestros futuros líderes se habrán formado en una escuela de terrorismo”. A pesar de ser ocupada por el líder varios años atrás, aún conserva su frescura y relevancia en los tiempos que corren. Además, “si respondemos ojo por ojo, lo único que conseguiremos será un país de ciegos”.

En algunos ámbitos es más difícil que se dé, sobre todo en aquellos de índole religioso, pero en la actualidad hemos visto destacados ejemplos, como la visita de Juan Pablo II a una sinagoga, en Abril de 1986; el papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger) no se ha quedado atrás, dialogando con representantes de la comunidad islámica y visitando además templos de otras religiones. El líder del budismo tibetano el Dalai Lama, también se ha caracterizado por la apertura y el diálogo abierto, y asimismo otros líderes religiosos se muestran hoy en día más dispuestos al diálogo y la comprensión; estas actitudes de tolerancia religiosa ya han pasado de ser un lujo para llegar a ser una verdadera necesidad, en un mundo marcado por el conflicto de ideologías, conflictos que han desencadenado los más terribles actos extremistas en el mundo, tanto históricamente como en la actualidad.

En esa búsqueda de la verdad, la tolerancia será útil para los combates que debe librar la inteligencia en aras de construir las grandes y pequeñas obras, que debemos dejar en nuestro paso por la tierra. En ese viaje, los que no piensan como yo pueden representar un ensanchamiento de mi horizonte vital. Es más, juntos podemos realizar grandes obras en beneficios de nuestros congéneres, como sucedió en el siglo XIII, cuando tres médicos se unieron en un lugar del golfo de Nápoles para llevar a cabo una magnífica labor. Uno de los médicos era musulmán, el otro era judío y el tercero era cristiano. De su consorcio nació la primera escuela de medicina. Ellos fueron tolerantes, por que supieron emprender el oficio de trabajar por la salud y curar enfermos, independientemente de su inclinación por Ala, Yave o Jesús, simplemente entendieron la medicina en su dimensión humana, como ejercicio profesional que debe estar al servicios de la humanidad.

Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al “vive y deja vivir”, y también a cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia.

 Los hombres, dijo Séneca, deben estimarse como hermanos y conciudadanos, porque “el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque “ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fin”. Séneca no se conforma con la indiferencia: “¿No derramar sangre humana? ¡Bien poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!”. Por naturaleza, “las manos han de estar dispuestas a ayudar”, pues sólo nos es posible vivir en sociedad: algo “muy semejante al abovedado, que, debiendo desplomarse si unas piedras no sostuvieran a otras, se aguantan por este apoyo mutuo”. La benevolencia nos enseña a no ser altaneros y ásperos, nos enseña que un hombre no debe servirse abusivamente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos y sentimientos.

Decía Mahatma Gandhi: “Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio”.

La Masonería contemporánea, necesariamente filosófica, aplica las reglas de la construcción al Templo o Edificio Espiritual, cuyo levantamiento exige de sus operarios un doble esfuerzo: la construcción personal en los terrenos de su propio «Yo Interno» y la construcción externa en los escenarios del mundo, de la sociedad y de la comunidad, estructurados sobre la base de los Principios masónicos: la tolerancia, el reconocimiento de la igualdad espiritual de los hombres y la posibilidad política de acceder a esquemas jurídicos que la garanticen, la libertad, la fraternidad entre todos los hombres sin distinción de credos, ideologías, razas, clases y orígenes sociales.

El masón que cree poseer la verdad absoluta e indiscutible, cae fácilmente en una senda peligrosa para él y quien le sigue. Para él mismo, al retraer y anquilosar su espíritu sobre aquello que cree saber de manera cierta. Para los otros, al imaginar que solo él posee la luz, caen fácilmente en la intolerancia..           

En último término, la Tolerancia implica una valoración negativa. Toleramos, convencidos de que la posición del prójimo está equivocada. La belleza espiritual de la Tolerancia radica en la aceptación del derecho del prójimo a equivocarse, infundida, quizás por un profundo anhelo: también nosotros queremos ser tolerados pero sin olvidar de practicar la tolerancia activa o masónica.

QQ:.HH:, Es saludable desarrollar la capacidad de dialogo para que de él salga la luz que ilumine los caminos de la verdad y entendimientos.

Salud                                     Fuerza                                   Unión

M:.M:. GUSTAVO R.NOGUERA

Bibliografía

  • Diccionario RAE, Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporación
  • Plancha del Q:.H:. Ivan Herrera Michel – Colombia – Internet
  • Plancha del Q:.H:. Mario Morales Charris – México – Internet
  • Plancha del Q:.H:. Paulo Cesar Gayan Candia – Chile- Internet
  • Plancha del Q:.H:. Jose Ernesto Muñoz – Chile –  Internet
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