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Masonería Invisible

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Masonería Invisible 

Lo diferente a lo que diariamente miramos, sentimos, palpamos y a instantes ignoramos debido a la rutina de nuestro transitar diario, se presenta cuando caminando por cualquier otra ciudad urbana o pequeño núcleo poblado por seres humanos que no es nuestro hábitat, con la natural curiosidad percibiremos más precariamente algo diverso a lo que habitualmente transitamos en nuestro lugar de origen, llamándonos la atención espontánea e intentar descifrar el motivo o significado que contiene determinado elemento, sea este una escultura, pintura, artesanía u obra arquitectónica, etc, etc. Pues todo lo humano expresa simbolismo. 

En masonería es mucho más complejo aún incluso para el recién iniciado quien percibe elementos o actitudes de los hermanos que se expresan en secreto, reservado o sigilosamente. Un masón se reconoce con sus pares por palabras claves o formas de saludo que nadie más distingue. Un masón juramenta no revelar la identidad de sus compañeros mientras no hayan pasado a mejor vida. 

Un masón jamás habla en público de sus ritos iniciáticos. 

Perseguidos por Hitler, Stalin, Mao, Mussolini y hasta denunciados por el Papa Juan Pablo II que en 1983 autorizó un documento firmado por el Cardenal Joseph Ratzinger donde se explicitaba que los masones están en «pecado grave», los miembros de las Logias Masónicas se han hecho maestros del silencio y el bajo perfil. Pero están ahí. Actuando. Casi siempre invisibles. 

En una de las visitas de Ricardo de la Cierva (Historiador claramente anti masón, los tiene acostumbrados a aquellos que leen habitualmente sus libros a engañar con algunos de sus títulos. Promete algo que ciertamente da, pero acompañado de materias no menos sustanciosas y llenas de sabor) a una exposición en la que se escenificaba una logia con sus tres columnas en la sede del Grande Oriente Francés (París). El «guía explicaba que las tres columnas se referían a la Masonería visible, pero que existía allí mismo una cuarta columna sólo visible a la luz masónica que naturalmente no todos los visitantes poseían. «Entonces -alguien preguntó, dado su alto grado en la Orden- ¿Usted la ve?», Sin vacilar respondió: «Naturalmente, aunque sólo en el plano de los símbolos». 

Los símbolos verbales. 

“La palabra, por su misma etimología, es una «parábola (gr. parabolé)» o «lo lanzado hacia fuera», una «proyección» exterior, sensible, de lo mental y, a la vez, una referencia a lo invisible. Como todos los signos, consta de significante y significado. El significante es lo audible de la palabra pronunciada y lo visible de la escrita. El significado es como el alma encarnada en el cuerpo o significante; se estructura en varios estratos: el conceptual, el psíquico-afectivo, el simbólico cultural. Las palabras «masón, masonería», tecnicismos de origen francés/inglés, incorporados ya al léxico español, originariamente significaban «albañil, albañilería», alusión evidente a la «masonería operaria » o constructora de catedrales, monasterios e iglesias en el Medioevo. Los albañiles, sobre todo los cualificados, estaban organizados en cofradías de impronta cristiana que celebraban las fiestas de sus santos patronos, participando en una Misa, en la comida de confraternización, etc. 

A lo largo del siglo XVII fueron “aceptados” otros profesionales (abogados, cirujanos, mercaderes, filósofos, etc.) que, con el tiempo, se impusieron de modo exclusivo. Así se incubó la “masonería especulativa”, o sea, la masonería actual, cuya partida de nacimiento fue expedida el 24 de junio del año 1717. Desde entonces “masón, masonería” son palabras dotadas de un significado metafórico, técnico.” 

Absolutamente todas las palabras, usadas o no por la masonería, son símbolos o signos compuestos de significante y de significado. Pero la simbología de algunas es específicamente masónica en cuanto solo son inteligibles desde la jerga o lengua especial de un grupo social diferenciado, el masónico. 

Su alfabeto llama la atención por su sencillez, la facilidad de su memorización y el juego de las mismas figuras geométricas con o sin punto, así como por el predominio de ―elementos‖ tan masónicos como la escuadra, el compás y el triángulo. Se refiere a tecnicismos o palabras portadoras de un valor semántico de curso legal sólo en el ámbito masónico, por ejemplo: «valle» = cada región o subdivisión de una nación, «tenida» = reunión reservada a los masones, «tenida blanca» = reunión masónica a la que pueden asistir uno o más no masones, ―profano‖ = persona no iniciada en la masonería. 

«Tronco de proposiciones» = caja cerrada o ―saco‖ en la que los masones depositan las «planchas o trazados, piezas de arquitectura», o sea, los trabajos intelectuales (cartas, artículos, documentos escritos) ordinariamente leídos y complementados en las tenidas y que a veces se publican en los periódicos; «alzar» y «abatir columnas» = la apertura o clausura de los trabajos en la logia conforme al ritual, «en sueño» = el masón que no cumple con sus obligaciones (no asiste a las reuniones, etc.); «pólvora» = licores, «recibir la Luz» = ser iniciado en la masonería. etc. 

La “palabra perdida”. 

Si todas las palabras de cualquier idioma son simbólicas, mucho más las masónicas, y, entre todas ellas, la llamada «palabra perdida», clave de las creencias de los masones, sobre todo en la masonería «regular», la nacida en 1717, llamada así porque «se regula» por unas normas y principios de obligado cumplimiento (los Landmarks = «mojones»), conocida también como «masonería inglesa, Grandes Logias». 

“En la mitología tradicional de la masonería la palabra perdida se refiere a los secretos del arquitecto del templo de Jerusalén: Hiram Abiff, que se habría perdido cuando este fue asesinado. El rey Salomón habría ordenado reemplazar la palabra perdida por otras provisionales. Figura en el rito iniciático del Arco Real. La palabra perdida, encontrada por la masonería, sería el verdadero nombre propio de Dios, nombre sincrético y pagano: JAHBULON, compuesto de JAH (nombre hebreo: Yahweh y caldeo de Dios), BUL (abreviatura siriaca de «Baal», joven dios mistérico cananeo, que significa «Señor, Poderoso») y ON (palabra egipcia, abreviatura de Osiris-Apis en la religión telúrico-mistérica de Isis en el antiguo Egipto).” 

Los símbolos gestuales. 

Se llama «retejar» la forma peculiar de saludarse, específica de los masones, o de reconocerse en y fuera de la logia, mediante los «toques» mientras se le estrecha la mano. En la iniciación del primer grado el Maestro explica este y otros gestos. 

Los símbolos cósicos. 

En masonería, además de los verbales, abundan los cósicos, o sea, las cosas u objetos cargados de valencias simbólicas, como el mandil o delantal, simbólico del trabajo masónico con sus signos distintos en los diferentes grados (dos, tres rosetas azules en los grados So y To; la tau invertida en otros grados, etc, etc). 

Las llamadas joyas, o sea, las insignias características de cada cargo. El piso o suelo ajedrezado. Las columnas con determinada letra en cada cual. Las tres columnas u órdenes arquitectónicas: dórica, jónica y corintia. Los tres grandes candelabros. El friso adornado por un cordel con nudos o la cadena, correspondiente a determinado rito. El mallete o mazo. Una espada lisa o flamígera. Una piedra tosca, natural o bruta. Una piedra tallada y pulida. La logia, templo o cámara‖, es decir, el ambiente o sala de reunión. Etcétera. 

Los ritos. 

De ordinario el rito comprende tanto el mito, la palabra, el relato, como la acción, los gestos; designa la ceremonia completa. En la masonería se llama «Rito» al sistema de reglas, preceptos, de acuerdo con los cuales se practican o realizan las ceremonias y se comunican las instrucciones de los grados. Los ritos son o pueden ser comunes a varias Obediencias masónicas. Cada rito está estructurado en un número determinado de grados, si bien son esenciales los tres primeros (aprendiz, compañero, maestro), sin los cuales propiamente no hay masonería. 

La espiritualidad de la masonería se fundamenta en los ritos y símbolos masónicos, no en creencias dogmáticas, absolutas y reveladas, ni en la acción y gracia divinas. 

Los ritos son un entramado de símbolos. Ya en la preparación de la iniciación el Guardián Exterior despoja al candidato de su chaqueta, chaleco, corbata y de todos los artículos de metal que lleve… Su camisa se desabrocha y se abre para dejar el pecho izquierdo al descubierto; el guante (manga) derecho se enrolla sobre el codo. La pernera (parte inferior) izquierda de su pantalón se enrolla sobre la rodilla. Se le quita el zapato derecho y se le sustituye por una zapatilla. 

Se le coloca alrededor del cuello un cordón anudado…Se cubren los ojos con un capuchón. Dados los golpes estatuidos en la puerta e iniciada la marcha, el candidato debe «andar colocando los pies en forma de escuadra», etc. Basta leer el texto del rito de iniciación para captar cómo todo el rito está entretejido de simbología. La simbología masónica es como un idioma distinto del hablado en la vida ordinaria o fuera del contexto masónico. 

Quién desconoce el idioma inglés no capta el sentido de lo escrito en dicha lengua aunque sepa deletrear sus signos o letras por, ser latinas, no sánscritas ni hebreas. Lo mismo o aún más acontecen con la compleja simbología masónica. 

La escala de los grados en la masonería. 

Los grados son como peldaños en el camino de iniciación y de ascenso hacia el vértice de la pirámide, hacia la cima de la perfección masónica. Los tres primeros, los llamados «simbólicos o masonería azul» , a saber, «Aprendiz, Compañero y Maestro», designaciones idénticas a las de los grados o categorías profesionales de los gremios medievales de la construcción, son el cimiento de la masonería y uno de los Landmarks en la masonería regular de suerte que, si faltan, no puede llamarse masonería. Los masones del primer grado conocen solo lo relacionado con él e ignoran lo de los restantes grados, a saber, 33 en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado que es con mucho el más extendido, 90 grados el Rito Misraim, 9 el Rito York, etc. Por tanto, para la mayoría de los iniciados queda invisible una parte mayor o menor de los grados y de la masonería. 

No sin razón, una de las máximas autoridades masónicas “Albert Pike reconoce que en los rituales de los primeros grados la propia Masonería “oculta” (???) a sus adeptos para luego revelarles la verdad en los grados superiores» 

El verdadero y único desafío para un buen masón, es ser cada día más sabio y cambio de consciencia. 

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