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LA ESCALERA DE JACOB

Jacob partió de Berseba y se encaminó hacia Jarán. Cuando llegó a cierto lugar, se detuvo para pasar la noche, porque ya estaba anocheciendo. Tomó una piedra, la usó como almohada, y se acostó a dormir en ese lugar. Allí soñó que había una escalinata apoyada en la tierra, y cuyo extremo superior llegaba hasta el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles de Dios.

La escalera de Jacob es emblema de las virtudes y de las cualidades espirituales del alma, tiene siete escalones que corresponden a los siete planetas, indicando el progreso o elevación progresiva del hombre en sucesivos estados de conciencia, desde lo material a lo divino.

Los estados o condiciones de la conciencia, así como los pensamientos, se elevan hacia el cielo como aspiraciones y se manifiestan en nosotros como inspiraciones. Estos son los «ángeles y arcángeles de Dios». Mensajeros o expresiones de lo Divino, que «suben y bajan» por la escalera, que son según la expresión de Jacob, «casa de Dios y Puerta del Cielo».

Los siete peldaños o puertas de la escalera se consideran, respectivamente, formados de plomo, cobre, hierro, estaño, amalgamas, plata y oro correspondiendo a los siete planetas que dominan sobre estos metales y a las virtudes de la Prudencia, Templanza, Fortaleza, Justicia, Fe, Esperanza y Caridad.

La masonería adoptó a su vez el símbolo de la escalera como ascenso al mundo de la luz masónica. Allí le esperan los tesoros del conocimiento, una vez vencida la escarpada y penosa pendiente por medio de un mejoramiento personal que le permita el cambio de una vida inferior a otra superior.

La escala masónica que está re­presentada en el simbolismo del pri­mer grado deba consistir realmen­te de siete gradas, las que ascien­den pero los ejemplos más primitivos de ella la representan únicamente con tres, refiriéndose a las tres virtudes teológicas, de donde proviene el llamarla la escala teológica.

El libro de la ley, que en la mayoría de los templos masónicos es La Biblia, está abierto hacia el pueblo masónico para que todos puedan acceder a la sabiduría en él expresada. Si somos capaces de adquirirla, podemos ubicarnos acertadamente entre la Escuadra y el Compás, que abiertos sobre él representa la forma en que se entrelaza en el hombre lo material y lo espiritual, a través del alma.

Allí se inicia la escalera, que reproduce la visión de Jacob, símbolo de la posibilidad de progreso que le asignamos a la condición humana, siempre que decida ascenderla utilizando las virtudes que forman sus escalones. Su extremo se abre a la estrella de siete puntas o siete pequeñas estrellas, la luz perfecta a que aspiramos, ubicada en un firmamento que reproduce en sus extremos al Sol y la Luna.

De una manera o de otra, a través de las distintas creencias, la escalera siempre fue representativa de los deseos del ser humano de ver más allá, de ascender, ya sea espiritualmente o físicamente a otro nivel, aunque aveces, también para retroceder o descender a las profundidades del inframundo.

Tintero FranMasónico

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