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EXCISTENCIA ( PRIMERA PARTE )

Al no poder encontrar una palabra que exprese la existencia del ser humano con elevado grado de consciencia, emplearé la palabra excistencia,-con la letra “C” intermedia- para expresar esta instancia del ser humano que comprende su estancia sobre el planeta con un “algo más” subjetivo de solamente vivir ó existir.

De encontrar aquella palabra os insinúo inscribirla, lo que espero no cambie la substancia del presente documento.

EXCISTENCIA

Desde los albores de la humanidad se está gestando imperceptiblemente la evolución espiritual del ser humano para alcanzar la sublimidad de su excistencia que logrará palpitar la verdad en la plenitud de libertad. Si bien los íconos de la humanidad han ido manifestando que el ser humano es esencialmente espiritual, la manifestación oral o escrita no ha sido lo suficientemente clara como para que la humanidad comprenda el verdadero propósito de su existencia en la tierra y alcanzar la comprensión de la excistencia como un resultado de todo lo existente, ya sea creado por el ser humano o por la naturaleza misma que son, o están, o mejor, deben estar en el concepto de interrelación de excistencia.

O tal vez aquellos íconos de la humanidad, deliberadamente han simbolizado su mensaje para que solamente los propensos a ser elevados, puedan interpretar verdaderamente el mensaje sublime de la excistencia.

En un intento de develar esos símbolos escritos o relatados, es lo que seguirá a continuación, para poder despertar del letargo en que muchos nos hallamos, pues aquellos mensajes seguramente muchos lo percibimos, pero pocos lo sienten.

No todo lo que llega es por generación espontánea ni todo lo creado por el ser humano es definitivo. El concepto de la existencia misma cambia cuando germinamos la esencia de las vibraciones del alma, que alimentan los jardines de la naturaleza que adornan nuestro diario vivir, para encontrar en el entorno de nuestras acciones la satisfacción de sentir al lado nuestro el aliento del Creador

Cuando definimos que el alma es el generador de nuestras acciones, el cuerpo descansa de las tensiones de la vida, se halla en el interior del espíritu cierta paz que conserva el primer hálito de nuestra excistencia que es la fuente que alimentará por siempre el motivo de nuestro paso por el paraíso terrenal del cual formamos parte, entendida como excistencia misma.

EXCISTE.- “Característica propia del ser humano, cuando consciencialmente siente que existe.”

EXCISTENCIA.- “Acción de excistir” . “Filosofía de vida”

No todo lo que vive exciste, este es un don que es concedido solo a una especie que mora en este planeta y que está preparado para crear y posee sentimientos que son susceptibles de proyectarlo hasta momentos infinitos de la imaginación. Hasta donde hemos podido percibir mediante el estudio de la ciencia y naturaleza, somos los seres humanos que poseemos la capacidad máxima de rearticular ideas.

El intelecto es apenas un nombre que damos a una serie de ideas individuales, la acumulación periódica de experiencias y experimentos acontecidos en un determinado tiempo/espacio (¿cuántico?), que el género humano define como “evolución”, puede estar vigente un período, hasta que otra corriente de pensamiento se interponga o imponga en un contexto social.

El pensamiento puede también interpretarse como un acto subjetivo de excistencia. Descartes decía: “Pienso, luego existo”, sin embargo la frecuencia de pensamiento puede ser determinante para la existencia del pensante, en el grado de impacto emocional y espiritual que incida en su actitud.

Estoy acá para trasuntar la barrera de la lógica, que por sí, dice ya estar superada. El análisis no siempre es el camino para encontrar la verdad de la existencia humana y de la naturaleza misma. El “seccionar” la existencia nos ha apartado de encontrar la esencia de la verdad, así la consciencia sola como tal es difícil de definirla, más que a la misma física cuántica, cuando el ser humano es la relación de sus sentimientos, percepciones, respuestas o acciones de los sentidos. Solo cuando entendamos la vida misma, como parte de un todo, podremos vislumbrar y sentir en el fuero interno que denote lo que hemos llamado consciencia.

En la actualidad, la ciencia no tiene un marco para comprender la consciencia La consciencia es tan sutil que no tenemos como medirla. Sin embargo la consciencia como un “receptorio” de experiencias, nos provoca acciones que pueden convertirla en realidad, nuestra propia realidad. ¿Cómo actúa la consciencia dentro del ser?, es un misterio, pero sin embargo es el motor de nuestras acciones que se refleja en nuestra excistencia.

Activando la unidad de la consciencia espiritual dejamos de ver y más bien miramos, ya no oímos sino escuchamos, olfateamos en lugar de oler, degustamos en ves de gustar y ya no tocamos sino palpamos, como una manera de comprender más adecuadamente nuestra excistencia en el vergel de la vida terrenal. Nos olvidamos del sonido del viento, del arrullo del agua vertiendo entre las rocas, de lo multicolor de la luz y como se refleja en las gotas de agua de la exuberante y alimentadora lluvia, de la belleza de la oscuridad que da cobijo y paz a nuestro ser a la hora del crepúsculo, para reposar en las suaves notas del anochecer. Recorre el agua entre las piedras inmortales, gestando cascadas sonoras de música perpetua. La inmundicia de la cobardía, de la guerra mortal, es absorbida por la tierra que limpia, para reformarla en flores, en nueva vida.

El tablero de la vida nos permite manejar muchas piezas. El conocimiento de la “vida” no está en el simple descubrimiento de los átomos, sino en como y por que interactúan entre ellos para generar y sustentar “vida”. ¿Somos por ventura simples bloques de materia animada?. ¿No tendrá el ser humano cuna superior al de la carne?. ¿O tal vez seamos entidades espirituales, bellas y radiantes, salidas del seno del Creador y temporalmente alojadas en los cuerpos que nos limitan?… O, como piensa mucha gente, nada más somos monos perfeccionados, de trazos feos que revelan nuestra descendencia, ó como algunos creen, ¿nada menos que ángeles caídos? Es así que los primeros Grandes Sabios, observando el movimiento de los pensamientos en su propia mente, descubrieron que “algo” estaba en acción cuando el pensamiento cesaba, Ese “algo” era la primera insinuación del alma de cuyo descubrimiento nació la ciencia que los antiguos comenzaron a enseñar a los seres humanos, como un medio de que conocieran la verdad sobre si mismos.

El “conocerse” así mismo se torna determinante para llevar una excistencia acorde a las vibraciones de la “verdad” que vienen desde lo eterno, donde en definitiva se encuentra la última morada. Las leyes naturales descubiertas por la ciencia pueden ser interpretadas de diferentes maneras, tanto desde el punto de vista del “descubridor”, como del “lector” de una determinada “Ley Real”, aunque ellas estén sustentadas por “teorías” científicas suficientemente sólidas.

La utilidad práctica del método científico no puede ser contestada; solo los imbéciles despreciarían las maravillas que la ciencia ofrece al hombre… …Detengámonos en las frases sutiles de Disraeli :”Los europeos hablan del progreso porque, con la ayuda de algunos pocos descubrimientos científicos, formaron una sociedad que confunde la idea de civilización con la de confort”

El paso siguiente que los científicos deben dar es investigar el fenómeno de la consciencia, investigación que fue ridiculizada hace más de medio siglo por Huxley, quien consideraba tales fenómenos como simples sombras oriundas de fenómenos reales.

Hay en el ser humano algo más de lo que revelan las impresiones comunes. Los descubrimientos de la psicología experimental han llevado a interesantes conclusiones a este respecto, y confirmado innumerables relatos de experiencia mística… ¿Que es ese “algo más” en el ser humano, que hace que defienda espléndidos ideales y concebir nobles pensamientos? ¿Que presencia espiritual dentro de su ser lo insta a alejarse de la existencia banal, puramente terrenal, y trabar una lucha constante entre el “ángel” y la “bestia” que habitan en su cuerpo?

El género humano tiene la edad que desafía la imaginación; innumerables seres, hombres, mujeres y niños que surgieron en el decorrer de los “eons” 1 en nuestro planeta, después de haber desempeñado su papel, desaparecieron, sumergiéndose en un sueño eterno. Entonces sabemos que los sueños del alma pueden llegar a ser realidades.

Estas tenues e imponderables “intuiciones” que llegan al ser humano en sus más felices momentos son semi-susurros del Yo superior. El llamado espiritual está siempre intentando comunicarse mediante el corazón humano, pero nosotros no escuchamos. Los impulsos espirituales que brotan de los corazones de los mejores seres humanos constituyen la mejor señal de una posibilidad superior para toda la raza humana.

Eón es un dios del tiempo eterno y de la prosperidad de la mitología fenicia adoptado por los romanos. Los eones son también espíritus que se presentan en cuerpo físico. Eón: nombre con el cual también ero conoció el imperio de la Atlántida, como reino de la Eternidad, según Tertuliano.

Término utilizado en el gnosticismo para designar cada uno de los seres o inteligencias divinas y eternas, emanados de la unidad suprema, que ponen en relación la materia y el espíritu.

Los grandes problemas de la existencia individual, los sublimes tormentos del alma que asedian a toda persona sensata, no pueden ser resueltos en la limitada región del cerebro; pues las respuestas, plenamente satisfactorias, nos aguardan en la evasión sin límite de nuestro ser, en la substancia divina de nuestra naturaleza oculta.

Cuando podamos entender lo que hay tras los ojos que nos miran en el espejo cada mañana, entonces entenderemos el misterio de la excistencia.

El mundo se halla en una condición de flujo permanente y el ser humano parece una masa de pensamientos y emociones cambiantes.

Hay una cosa del cual el ser humano nunca duda. Hay una creencia a la cual todo ser humano siempre se apega en medio de las variadas vicisitudes de la vida. Es la fe en su propia existencia. Por esto el nunca se detiene por un momento a indagar:

“Existo?”, acepta este aspecto como una verdad irrefutable. “Yo excisto”, esa consciencia es real. Perdura a través de toda nuestra vida, de esto podemos estar absolutamente seguros.

“Hoy soy feliz, mañana seré desdichado”…, Esos estados mentales son incidentes o accidentes en la continuidad del Yo. Los estados mentales y los del corazón se transforman … y pasan, pero en medio de todos ellos el ego se puede designar como aquello que permanece inmutable dentro de la mutabilidad.

Ciertos psicólogos y filósofos se han formulado la pregunta: “Es posible al ser humano separar su mente de su cerebro físico?”. Esta pregunta evidentemente presupone la probabilidad de que el cerebro, a pesar de las apariencias, no es necesariamente el creador de pensamientos, a lo mucho es el medio de su expresión.

AMPARTAPA

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