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¿Qué es la entropía? Un término nuevo o mal utilizado? Lo cierto es que cada vez se lo escucha y lee en artículos de diferente naturaleza y aunque no es sencillo dar una respuesta precisa a esta pregunta, ya en sí esta palabra no es de uso común. Este concepto fue introducido por primera vez por el científico Clausius Rudolf  Emmanuel en 1865, y establece que la energía no sólo puede medirse en cantidad, sino también en calidad;  a mayor entropía, menor calidad de la energía y mayor tendencia al caos.

Si observamos nuestro andar cotidiano veremos que se presentan varios acontecimientos que se relacionan con el  concepto de entropía y de la generación de la misma, por ejemplo: la gente eficiente lleva vidas de baja entropía  (altamente organizada), ellos tienen un lugar para todo (incertidumbre mínima), y requieren energía mínima para encontrar algo; en contrapartida la gente ineficiente es desorganizada  y lleva una vida de alta entropía, a estas personas les cuesta minutos, si no es horas, encontrar algo que necesitan, y es probable que ocasionen un gran desorden mientras buscan.

Entropía es pues caos y equilibrio en el fluir de una ley natural que parece gobernar el comportamiento del macrocosmos y por consiguiente del microcosmos. Esta aparente contradicción debe mirarse más bien como dos opuestos que se complementan para formar una sola unidad.

Para poder comprender mejor este concepto imaginemos un pequeño experimento: supongamos por un momento que el universo entero se ve representado en un vaso con un fluido experimental (whisky), que se encuentra a una temperatura de 22 ºC. Después agregamos algunos cubos geométricos de H20 cristalizado (cubitos de hielo) a una temperatura de 0 ºC; el calor, por su naturaleza, comenzará a fluir del elemento más caliente hacia el más frío, es decir, el calor del fluido se transfiere hacia el hielo, pero éste no se empezará a derretir inmediatamente, lo hará paulatinamente y mientras esto sucede la temperatura del hielo permanecerá constante.

Después de algunos minutos encontraremos que todo el hielo se ha derretido y el resultado final será una mezcla (Whisky y H20) diluida del fluido experimental. También habremos notado que toda la mezcla ha alcanzado una temperatura homogénea y constante, es decir, el pequeño universo contenido en un vaso ha llegado a un estado de equilibrio y su grado máximo de entropía.

Y entonces ¿de dónde deviene el caos? Hay un hecho que hasta ahora no hemos mencionado. Mientras el calor del fluido se va transfiriendo al hielo, la entropía de este va en aumento. La transferencia de energía siempre va acompañada con su respectiva transferencia de entropía.

En realidad cualquier estado de materia sólida contiene un menor grado de entropía que una en estado líquido, esto tiene sentido si recordamos que el líquido es un estado de la materia más caótico y desordenado. Imaginemos que podemos visualizar una molécula de hielo y que podemos también predecir su posición en cualquier instante de tiempo; esto en un elemento sólido como lo es el hielo es bastante fácil, ya que las moléculas de este están unidas entre sí.

Si pudiéramos también hacer el mismo ejercicio con un elemento líquido encontraríamos que nos resultaría mucho más difícil encontrar la posición exacta de la misma molécula debido a la naturaleza de los líquidos. En conclusión: mientras el hielo se va transformando en líquido la entropía de éste va en aumento hasta alcanzar un instante en el tiempo donde todos los puntos del fluido tienen la misma temperatura; entonces decimos que el sistema ha alcanzado su grado máximo de entropía y de caos, es decir, se encuentra en equilibrio.

Esta dualidad “Caos y Equilibrio” convive con nosotros a lo largo de nuestra vida; muchas veces nos vemos envueltos en circunstancias que parecen llevarnos a situaciones caóticas. Por instantes la vida parece ponernos frente a momentos críticos, etapas que por momentos parecieran ser insalvables, es entonces cuando debemos buscar un eje que nos sirva de apoyo, ese camino espiritual, esa paz interior que poco a poco nos va devolviendo el equilibrio. Es por eso por lo que conocer las leyes de la naturaleza significa conocer las leyes del ser humano, pues nosotros formamos parte de ésta, así que sus leyes son también nuestras leyes.

Cuan lejanas aparecen las lecciones de física que aprendimos en colegio y que nos hablaban justamente de las leyes del universo, las leyes inmutables de la naturaleza, que constantemente nos dan lecciones cuando los humanos pretendemos cambiarlas y mutarlas de acuerdo a ciertas conveniencias, y sobre cuyas consecuencias la naturaleza periódicamente nos da claras y duras lecciones.

¿Podremos algún día afirmar que vivimos en armonía y en paz con nosotros mismos y con la naturaleza en general? Si nos detenemos a observar nuestro entorno, desde el más pequeño que es nuestra mente y sentimientos, hasta el más logrado que puede ser la vida de la humanidad en general, veremos que impera el caos, el desorden, las prisas inagotables y las ambiciones jamás satisfechas. La dualidad no se cumple a cabalidad y parece ser siempre el caos de los dados de hielo a que hicimos referencia al inicio, los que alteran nuestro equilibrio mental, espiritual y material.

La entropía sola no puede existir, el caos absoluto tampoco pues significaría la destrucción total de lo que conocemos como vida humana y natural, pero lo que si provocamos los seres humanos con nuestras actitudes es el desbalance de estos dos factores. La entropía entendida como la correcta emisión de energía que fluye de cada ser vivo se encuentra en constante lucha contra el caos que gobierna nuestras intencionalidades y el lograr el equilibrio justo y perfecto debe ser una de las tareas más trascendentales del ser humano en su paso por esta vida.

La desmedida aventura de una vida llena de ambición, fanatismo e ignorancia son el camino directo hacia el caos y la destrucción total, y si no lo meditemos en el comportamiento de la naturaleza que luego de la tormenta siempre brilla el sol, iluminando el azul del firmamento y trayendo consigo la placidez de un nuevo y bello amanecer. ¿No es acaso similar el comportamiento de las estaciones del año cuando el verano agotado en su riqueza y fertilidad, cede su lugar a las inclemencias del invierno, para luego renacer en cada primavera con brillo y vigor rejuvenecido?

El orden cósmico nos lo demuestra a lo largo de nuestra vida y debemos tener la misión de entender estos conceptos de la perfecta dualidad, pues en ellos al igual que en el mosaico ajedrezado en que transcurre nuestra vida, se define el verdadero hombre de bien que envuelto en el torbellino del caos humano se destaca y aun caído tiene la fuerza de recuperarse, volverse a levantar, sacudir el polvo de la ingratitud y la falacia, para derramar amor y comprensión por los senderos que le toque transitar en diferentes compañías.

Albert Einstein al margen de famoso científico e investigador fue también un gran poeta y filósofo de la vida, cuando nos legó a la posteridad su mensaje encerrado en la frase “lo más bello que podemos experimentar, es el misterio de las cosas”. Persistamos en nuestra recta misión de hombres de bien en búsqueda de la verdad personal utilizando sabiamente nuestra entropía para ganar al caos en que vivimos y lograr el equilibrio deseado.