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EL DESAFIO DE LOS MASONES EN LA NUEVA SOCIEDAD

Desde hace más de dos décadas, en América Latina, todos los estudios de opinión[1] muestran un deterioro en la vigencia de los principios y valores relacionales, lo que afecta al ethos y sus elementos constitutivos como son: la ética, la estética y la emocionalidad.

La ética: la métricas sobre la vigencia de los principios y valores éticos se ha deteriorado hasta niveles críticos, extendiéndose en la sociedad el abuso, las faltas a la probidad, la corrupción y la narcocultura, alcanzando al ámbito público y privado, cruzando transversalmente el espectro político. La estética: el arte, la música y los multimedios (cine y televisión), cada día normalizan las lacras asociadas a la violencia y la narco-cultura. La emocionalidad: se impone la desconfianza en la relacionalidad social y la emoción del miedo, derivado de la delincuencia descontrolada, la creciente violencia, el narco-delito y el terrorismo, dañando la gobernabilidad y el Desarrollo Humano.

Son tiempos de incertidumbres, prima el desdén con los principios del Humanismo, se extiende un materialismo aberrante y radical, que altera el sentido y concepto de lo humano y su dignidad.  Prima la ausencia de compromiso, coherencia y consecuencia con los valores.  Una permisividad contagiosa que normaliza la laxitud y lenidad. Los bienes públicos han sido sustituidos por los bienes privados, la política no tiende al bien común. Muchos claman sus derechos despreciando sus deberes.

Estamos frente a una profunda crisis ética, en la que prima la opacidad y se eliminan los límites de todo tipo. Esta “Pandemética”, constituye una pandemia de degradación ética de alcance muy global, que afecta el pensamiento y la espiritualidad, en sus expresiones religiosas y laicas, filosóficas y éticas.  Instituciones que por siglos han proclamado su compromiso con estos temas: iglesias (religiones) de distinta denominación, los templos laicos y las diversas expresiones que constituyen la Masonería, las Masonerías o los Masones, tienen menor trascendencia y carecen de la influencia de otros tiempos.

La presencia de la Masonería en estos temas, durante las últimas décadas, se caracteriza por la procrastinación, que es la acción de aplazar o no asumir una obligación, o situaciones que deben atenderse urgentemente, sustituyéndolas por otras acciones de menor trascendencia o simple remembranzas. El rol Masónico de promover conductas éticas en la sociedad, con proyección de largo plazo, ha sucumbido frente a la inmediatez o el individualismo, dejando este espacio a la banalidad materialista. El mejor capital humano -de estas instituciones- no orienta sus esfuerzos a estos desafíos. Por la razón que sea, no se enfrenta este escenario de tensión entre el cambio y la conservación. No estamos asumiendo la emergencia (emerger y urgencia), denotando la deuda de los Masones del presente, considerando el relevante legado heredado de los antecesores.  Se asume la actividad ritualista. Pero, el impacto en la sociedad, en la práctica, es muy escaso. Se hace poco, en algunos casos nada, mostrando superficialidad. Se elude entrar al fondo de los complejos temas que derivan del cambio cultural y valórico en el tránsito hacia la nueva sociedad.

La influencia de la Masonería (institución) y los Masones (personas) es cada vez más débil en la sociedad, la membresía está en constante declinación y envejecimiento, las instituciones laicas no tienen relevancia en las instancias de poder; en el desarrollo de la educación y la cultura; en la conformación de la opinión pública, en las redes sociales, en los medios de comunicación; tanto en el espacio público como en el privado. Todo ellos en medio de un vano consuelo de autoengaño, en función de lo que otros, en otros tiempos, han hecho.  Sin reparar que el déficit está en nuestra acción, la morosidad es de nuestro tiempo.

Además, se requiere una urgente adaptabilidad a la sociedad digital, a las tecnologías de información y comunicación (TIC), a la cultura de redes.  La Gran Cadena Universal tiene todo para retomar su puesto de avanzada en la sociedad, solo se requiere unidad, voluntad y claridad de objetivos.

La laxitud se expresa en la propagación de una ética light en nuestra sociedad, hipocresía  sin compromisos, sin culpas ni castigos consecuentes. No es que no exista atención hacia estos temas. Más bien se trata de impulsos transitorios, espasmódicos, episódicos, de duración limitada, como ocurre entre un acto y el siguiente, como si se tratase de una obra teatral o del noticiero. La conmoción ética solo dura el instante que media entre un evento y el siguiente.

La causa basal de esta pandemética deriva de un exacerbado materialismo, de un individualismo ego-ista, todo lo cual es un asunto ético-filosófico que no puede eludir el Masón, lo que desafía a nuestras instituciones, a los intelectuales, a la educación, a nuestra élite.  Los principios y valores Humanistas están secuestrados, huérfanos de protección, en franco retroceso y a nadie parece importarle. Reina el desdén, que es la indiferencia o desprecio frente al proceso descrito; la banalidad, que es asumir el asunto con trivialidad, sin darle su importancia, urgencia y trascendencia a sus consecuencias y efectos; la lenidad consiste en asumir una actitud de blandura, sin el rigor adecuado, no exigiendo el cumplimiento de los deberes y dejando sin castigo las faltas y omisiones. 

La Masonería tiene que enfrentarse a la realidad, cuidándose de los Malos Compañeros, de la ambición, la ignorancia y el fanatismo. Los males de la sociedad que hemos descrito también alcanzan a la Orden, a través de sus miembros.  ¡No somos inmunes!

Los Masones no podemos seguir haciendo más de lo mismo, si queremos resultados diferentes. Es nuestro deber promover la mejor formación que alcanza a todo el ser humano y a todos los seres humanos, para la mejor calidad de vida.

La Masonería responde a una tradición ético-filosófica que más allá de lo individual es esencialmente social, que atiende lo exterior e interior al ser humano, lo que define nuestro rol como promotores de desarrollo humano integral. Debemos retomar el rol de avanzada en la sociedad, dando luz en las tinieblas; cautelando los límites (landmarks) en la polis; el sentido de vida; el bien común; el respeto por los bienes públicos; equilibrando la competencia con la colaboración; la banalidad ostentosa e insensible del individualismo con la solidaridad y el sentido de comunidad. Nuestro ámbito de acción son los principios y los valores en la sociedad y nuestra misión es cautelar su vigencia. ¡Que así sea!

Carlos Cantero


Véase los informes de Latinobarómetro de América Latina:

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