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EL DEDO DE DIOS O LA PREGUNTA DEL RETORNO

En días pasados se difundió una imagen -en acercamiento- de la célebre obra de Miguel Angel, «la Creación» que ilustra la Capilla Sixtina y considerada una verdadera maravilla y portentosa muestra de lo más fino y delicado del arte renacentista.

Se dijo que, bien vista la imagen, Dios se nos presenta en actitud decidida, casi interpelando a su interlocutor, el Adán que acaba de crear con Su soplo divino. Dios está, a apenas milímetros, de tomar contacto con el Hombre.

De su parte, Adán es el símbolo de quien después nos representaría en la Caída. Es esa humanidad doliente y, en la imagen que estudiamos, apenas si extiende los dedos y, uno de ellos, representación alegórica del Albedrío -no hay «libre» albedrío- está todavía recogido en sí mismo.

Dios no toca, si no lo quiere Adán.

En rigor, es la actitud del ser humano frente a su Creador. Todos somos adanes y todos llevamos íntimamente la Partícula que nos invita, de manera permanente, al Retorno, a la Jornada de Búsqueda, de inicio de un trayecto de vuelta a la Casa, a la Mansión Celeste, a la Jerusalén apoteósica.

Dios nos pregunta, nos inquiere y hasta interpela en nuestra condición humana para que, si Él es aceptado -en la muestra más sublime de la potencialidad electiva llamada Albedrío que nos fue concedida- pueda elevar dicha simple condición a la categoría de dignidad humana.

Es el beneficio esperable para quien recibe Su grata Presencia. En realidad, para quien -el potencial ser de Luz con experiencia humana- que reconoce que Dios ya está aposentado interiormente y desea ser parte del itinerario de Retorno.

Pero sólo si lo aceptamos.

La aceptación, esto es, el extender la falange, en libertad, para contactar al Dedo de Dios -o de la Divinidad, según la orientación deísta o teísta- es una decisión histórica que nos pertenece por entero. Adquirirla ha sido con el precio de la Caída porque la Libertad no es gratuita. Su ejercicio supone, mejor vistas las cosas, como el principio de ir al Principio.

Es el tránsito a la Unidad, al Reencuentro, al Retorno.

En la Religión, la vía es salvífica. En Masonería, que tiene un sendero propio pero que puede ser concurrente -zanjado el problema de la doble pertenencia, que pregonara René Guénon- el esfuerzo va por trascender el nivel del Conocimiento. Alterar el ser.

En el REAA, es provocar la transmutación alquímica del alma con el Alma total. En Emulación, la aceptación incondicionada del Plan Divino de Dios.

La Fe, en la Salvación, opera -lo dijo Lutero en una de sus 99 tesis- por sí misma y no precisa de nada más. En Masonería, el camino, que puede y acaso debe contemplar la Fe, más como virtud que como ofrenda y pasaje de ida, es uno de arqueología interior. De intensa reflexión.

La Búsqueda del masón, en sí mismo, llamada introspección, alienta una actitud dialógica con la Esfera Superior, pero comprometida con el Espíritu.

Es, inequívocamente, el principio del Principio.

Wilson Villarroel Montaño

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General · REAA

Comentarios

  • El V.Hno. Wilson Jaime Villarroel Montaño, traza finas líneas con el lápiz del Maestro en su brillante y exquisita interpretación de la obra de Miguel Ángel «La creación».

    José Luis Alemán G. diciembre 6, 2020 10:20 am

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