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El Ajedrez, un juego curioso

El ajedrez es un juego muy curioso y complejo. Los grandes maestros estudian todo tipo de estrategias y movimientos. ⠀
El peón es, para mí, la pieza más curiosa. Los peones se mueven siempre hacia adelante. Los demás tienen movimientos en cualquier dirección. Lo que más me ha llamado la atención es que ninguna pieza cambia su naturaleza. ⠀

La reina o el rey, por donde se muevan, siguen siendo los mismos. El caballo, el alfil, la torre, todos ellos no pierden su naturaleza, están estancados en su identidad. ⠀

Con el peón sucede algo curioso. Los peones tienen pocas posibilidades de llegar porque son destruidos a su paso por las piezas más potentes. Sin embargo, perseveran, siguen adelante a pesar de los enemigos que les acechan. Siguen adelante porque tienen «emuná», la esperanza de transformación. ⠀

Los peones son los únicos que pueden transformarse y decidir qué quieren ser. Un peón puede ser alfil, otro peón puede ser la reina.⠀

El rey se mueve despacio por el tablero y lo curioso es que, si el peón llega a la meta, puede ayudar al rey a sobrevivir y así a ganar todo el juego.⠀

Si un peón se transforma puede ganar el juego; en cambio, un rey solo puede verse acorralado y caer.⠀

El alma sabe que todos somos peones. En esta realidad, el rey está indefenso. Los peones (las almas) tienen una capacidad de «teshubá», de rectificación y transformación, que no tienen los demás.⠀

¡Que nuestras almas aprendan de la sencillez y de la sabiduría de los peones!


©Mario Sabán

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