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Definir a la critica simplemente como la expresión de ideas calificativas en pro o en contra de otra idea o acción parece una actitud muy simple y superficial, por lo que es necesario ahondar más sobre el real significado de esta palabra y acción, cuando se ejerce en la vida diaria, tanto desde el punto de vista de quien la ejecuta como de quien la recibe.

Para todos es conocido también que existe la crítica positiva o mejor propositiva y la crítica negativa o destructora. La diferencia entre ambas salta a la vista pues en un caso se tratará de aportar con nuevas ideas o experiencias para mejorar alguna expresión o actitud ejecutada por una tercera persona, con el ánimo predispuesto no a juzgar, sino mas bien aportar a la otra persona para entender mejor algún concepto o para corregir a tiempo alguna acción realizada en forma desafortunada por esa otra persona. En todo caso se tratará siempre de una actitud de colaboración, de enseñanza o de compartir experiencias personales para mejorar la vida y actitudes de terceras personas.

La crítica negativa, por su parte, se trata simplemente de la cómoda actitud de aquel que asentado en el mullido sillón de la indiferencia y de la inercia, simplemente juzga desde una posición, supuestamente elevada, el hablar o accionar de otra persona, y cuando hablamos de accionar nos referimos tanto al hecho de actuar como el de no hacerlo por razones claras y concretas para su ejecutor.

Hay una serie de refranes que nos pueden ayudar a comprender mejor el sentido de estas actitudes que se dan a cada instante en nuestro rol social y humano, citemos algunos de ellos:

Cuando alguien juzgue tu camino, préstale tus zapatos”

“Deja de sentarte en la mesa donde hablan mal de otros, porque en cuanto te levantas. Tú eres el tema”.

Estas coloquiales expresiones nos demuestran que el tratar de juzgar las expresiones y actitudes de otras personas es una actitud riesgosa y que debe conllevar una amplia reflexión previa, a fin de medir nuestras expresiones o actitudes de negatividad, desprecio o burla, ya que estaríamos actuando en la misma forma de aquel que se ocupa de la critica negativa.

Hoy por hoy nos toca enfrentar la diaria y constante presión de un mundo en cambio, aún no sabemos para qué o hacia donde se debe dirigir este cambio, pero lo cierto es que si no nos subimos en el tren del cambio nuestra travesía por la vida habrá quedado incompleta o peor quizás, truncada ocasionando en nosotros los problemas de la frustración y el desánimo.

Cuando una persona, falible como todos los seres humanos, comete un error de apreciación, de expresión o de actitud o inacción, lo que espera con seguridad es una voz amiga que sin el ánimo de ser su juez o severo castigador, aconseje con suavidad pero con claridad, su manera de pensar, que puede ser opuesta o diferente en mayor o menor grado, pero sin el ánimo de quien se considera perfecto, mira y juzga desde un falso pedestal, y no aporta en nada al crecimiento y a la perfectibilidad de la otra persona, pues como todos también sabemos, los humanos estamos en proceso de constante mejoramiento, de pulimento de esas aristas que pueden herir sentimientos, o de acciones que pueden causar daño.

Eso no quiere decir, bajo ningún concepto, que debamos quedarnos callados constantemente y no podamos sostener debates valiosos de intercambio de ideas y donde sus resultados serán de provecho para todos los participantes. El día que comprendamos que nadie es dueño de la verdad absoluta y que todos somos seres humanos en proceso de mejoramiento individual, podremos llegar a una sociedad colectiva de verdadera comunidad, respeto y tolerancia, donde nadie se considere superior a otro; donde a pesar de las diferencias culturales, de conocimiento, de experiencias, de valor o riqueza material, podamos sentirnos iguales en oportunidades de expresar nuestros pensamientos con libertad, sencillez, pero siempre sustentados en bases que para el expositor son ciertas y han sido previamente reflexionadas.

He ahí la palabra mágica, el razonamiento, que debe ser la base de todo progreso humano porque permitirá tanto al que sabe como al que desconoce, descubrir y avanzar por una vida plena de novedades, de cambios, de progresos y retrocesos, ya que no es patrimonio de nadie el derecho a equivocarse, siempre y cuando con el razonamiento adecuado se corrija a la brevedad posible.

Cada ser humano traza el camino de su vida y se propone a si mismo las metas y objetivos a conseguir, tanto en lo intelectual, social, económico y familiar, y los habemos de todas las categorías posibles, desde los dejados a los ajetreados constantemente; cada uno con su propia escala de valores y principios, que en tanto y en cuanto no sean contrarios a la libertad de otra persona, son plenamente válidos y dignos del mayor respeto.

Por ello cuando en nuestro diario accionar escuchamos o espectamos actitudes de crítica mordaz, severa y hasta irónica, burlesca o prejuiciosa, debemos tener la valentía de oponernos a ellas, haciendo notar que la libertad de uno termina donde comienza la del otro, quedando por lo tanto negada la actitud de jueces de oficio; más por el contrario podemos ser tolerantes amigos de la superficialidad y buen humor, sin que ello signifique complicidad, permisividad o incapacidad para ayudar a la persona que creemos equivocada, a tener la oportunidad de mejorar, de cambiar y de crecer positivamente.

La sociedad y la especie humana en la actualidad está atravesando un período de cambio de profundas consecuencias, que nos deben dejar aprender lecciones de vida que permitan un mejor accionar a futuro, tanto en lo referente al intercambio entre nosotros, como a nuestra interacción con las demás especies que ocupan el planeta en que nos tocó nacer y crecer; porque es hora en que debamos avanzar hacia anular el falso sentido de propiedad de todo, ya que nadie es dueño de nada ni siquiera de su propia vida y menos del planeta y los tres reinos que las habitan. Tanto los creyentes dogmáticos, como los que no lo son tienen en su conciencia sus limitaciones, mentales, físicas y de vida, así como saben que por encima de sus pensamientos y deseos existe un ser superior que delimita nuestro accionar y hasta coloca los limites necesarios a nuestro existir; por ello resulta vano y jactancioso el considerarse un ser superior con capacidad de juzgar, criticar o calificar lo que otro dice o hace. A futuro seamos solidarios en lugar de críticos y aportemos con acciones en lugar de la vacía y simple palabrería de cruel y dañina crítica.