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Caridad

En tu nombre…

cuántas lágrimas se enjugaron, cuántas penas se mitigaron, cuántos dolores se evitaron.

En tu nombre…

cuántas Esperanzas renacidas, cuánta Fe fortalecida,

cuántos hombres levantados, cuántos corazones reconfortados…

Por tu ausencia…

tantas lágrimas se derramaron, tantas penas se infringieron, tantos dolores se sufrieron.

Por tu ausencia…

tanta Esperanza destrozada, tanta Fe derrumbada,

tantos hombres derrotados, tantos corazones vencidos…

La tarea del Masón es ardua, solitaria e interminable, porque trabaja para edificar perfectamente su Templo Interno, tratando de ser imagen y semejanza del G:. A:. D:. U:. e instrumento de su Plan Divino.

Siembra y cultiva en su Ser, las virtudes en su forma más pura y profunda, difícil tarea esta, pero lo es más la de la cosecha, porque debe hacerse en la vida, en el enfrentamiento cotidiano con la miseria del mundo, con la impotencia y la amargura inundando el corazón, cuando estrechado en los sentimientos hasta la asfixia, debe cumplir con sus sagrados deberes con los semejantes; cuando debe convertir en acción sus pensamientos, cuando debe ser generador de efectos, cuando debe ser vida por los otros, cuando debe darse cuenta que en la entrega de la vida y el amor a los demás, está el misterio de la propia vida; cuando la Fe y la Esperanza deben inspirar la acción, cuando la Caridad debe hacerse un hecho.

La Caridad, excelente virtud masónica, perfecta virtud humana, convencimiento conciencial profundo de servicio, debe ser trascendente, discreta y efectiva.

Virtud trascendente, porque debe dirigirse a solucionar la raíz del mal o del problema que aqueja a un semejante, en lugar de enfocar su acción y desplegar su esfuerzo en la solución de los efectos, pues actuar de esta manera transforma el esfuerzo en solamente un paliativo, si bien muchas veces es necesario tomar acciones inmediatas que solo sean paliativos, esto no debe convertirse en la acción definitiva.

Y la raíz del mal debe buscarse siempre en el error, en la ignorancia, y contra estos debe dirigirse siempre la acción del Masón, es decir que por la Caridad, deben proporcionarse al semejante los medios que solucionen definitivamente sus pesares, y no es otra cosa que darle el Carisma recibido sin miras, ni disponibilidad egoístas.

Virtud discreta, porque sin esta característica, se convierte en un acto de ostentación, de vanidad, y lo que es peor, en acción hiriente y denigrante para el que recibe; si se prescinde del carácter discreto y secreto en la Caridad, el acto se tornará pernicioso pues disminuye al receptor del bien, convirtiéndolo en un ser pasivo, avergonzado y adormecido para la reacción.

La falta de la discreción en la Caridad, también ejerce un negativo efecto en el que la genera, pues se convierte en externo, ostentoso y demostrativo y en esas condiciones la magnífica fuerza espiritual que se genera, desaparece también en el exterior, no quedando para el que la originó nada que pueda fortalecer su espíritu y lo que es peor, nada llega hasta la presencia del G:.A:.D:.U:.

Virtud efectiva, porque trascendente y discreta, debe causar el alivio total del mal y la recuperación del semejante, convirtiéndolo en una persona independiente, libre y capaz de forjar su existencia… de construir su propia vida.

La Caridad, en suma, es la virtud excelente, que, correctamente practicada, beneficia solidariamente a muchos seres cada día en la Tierra y gracias a ella muchos pesares se han evitado, mucho consuelo fue alcanzado y sobre todo muchas personas se han redimido en la vida.

Un Masón pertenece al dominio de la Caridad, puesto que no puede conservar su calidad de tal, sin la práctica de esta virtud.

Es también misión nuestra, al practicarla, elevarla al nivel que le corresponde, rescatándola del equivocado concepto que en general se tiene de ella.

La Caridad es acción y no existe tiempo para entretenerse sino en el amor, y nada de lo que hasta hoy hicimos tiene valor si hemos prescindido de esta virtud que honra.

Caridad es dar para construir,

Olvidando lo que se da

en el momento que se da,

y recibiendo gratamente,

en lejanía y contemplación,

el fruto efectivo de su acción.

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