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CÁPSULA HERMÉTICA – DÍA DE SAN ANDRÉS

Hoy, 30 de noviembre, se celebra el día de San Andrés, Apóstol y Mártir. En esta fecha en 60 d.C., durante el reinado de Nerón, fue martirizado.

San Andrés (5 a. C.–60 d. C.), hermano de san Pedro e hijo de un pescador llamado Jonás, fue discípulo de San Juan el Bautista y es el primero de los Apóstoles que conoció a NSJC tras su bautismo a orillas del Jordán. Al ser bautizado Jesús por Juan, Andrés exclamó: «¡He ahí al cordero de Dios!» y decidió seguir a Jesucristo. No obstante, su llamada definitiva no se produce hasta el momento en que Jesús le vuelve a encontrar con su hermano Simón, lanzando las redes para pescar, en el mar de Galilea, y les dice a los dos: “Seguidme, yo os haré pescadores de hombres”.

Andrés predica en Jerusalén, Judea, Galilea, llegando a evangelizar a los escitas, etíopes, gálatas y otros diversos pueblos hasta Ponto Euxino.

Por sus prédicas fue denunciado y amenazado con crucificarlo y ante el peligro del suplicio de la cruz dijo: “Si temiese esta dura prueba, no podría predicar la grandeza de la cruz”.

Al día siguiente de esa ruda amenaza le dijo al juez: “Este suplicio es el objeto de mis deseos; mis sufrimientos durarán poco, los vuestros durarán eternamente si no creéis en Jesús-Cristo”.

El juez, irritado, ordenó conducirle al lugar del suplicio. Durante el camino, el Apóstol consolaba a los fieles, aplacando su ira y haciéndoles partícipes de su felicidad.

Se dice que fue crucificado en Patras de Acaya. Como no fue clavado a la cruz, sino simplemente atado, pudo predicar al pueblo durante dos días antes de morir. La tradición señala que murió en una cruz en forma de «X» (crux decussata), llamada desde entonces cruz de San Andrés.

Cuando de lejos vio la Cruz, clamó en voz alta: “Yo os saludo, oh Cruz consagrada por el sacrificio del Salvador; tus preciosas perlas son las gotas de su sangre. Vengo a ti con alegría, recibe al discípulo del Crucificado. Oh buena Cruz, tan largamente deseada, tan ardientemente amada, dame a mi divino Maestro. Que por ti sea admitido a la gloria de Aquel que por ti me ha salvado”.

Se despoja de sus vestimentas, las reparte a los verdugos, después fue atado a una cruz de forma particular, llamada desde entonces cruz de San Andrés. El Santo, desde lo alto de la Cruz, en un suplicio que duró tres días, predica e instruye en la fe a todos los que se le acercaban, los conmueve a todos. Una media hora antes de su último suspiro su cuerpo fue inundado de una luz celeste que desapareció cuando falleció.

Como podemos ver, nos encontramos ante una espiritualidad cristiana sumamente profunda, que ve en la Cruz, más que un instrumento de tortura, el medio incomparable de una asimilación plena con el Redentor, con el Grano de trigo caído en la tierra. Andrés fue elegido para dar al mundo un ejemplo heroico de amor al signo de la cruz.

La Cruz de San Andrés ha sido siempre el emblema de HUMILDAD, PACIENCIA y ABNEGACIÓN y, aún más, el de la caridad y la indulgencia para con el débil, el pobre y el desamparado. El Deber incluye el de los superiores. Con la asunción del poder vienen obligaciones y deberes. Para mantener el poder supremo, uno debe aprender las responsabilidades de gran poder. Un buen hombre puede ser capitán de una nave, pero un mejor hombre puede capturar respeto.

Dentro de la tradición masónica, San Andrés ocupa un espacio muy notable. En este día en 1736, se formó la Gran Logia de Escocia cuando aproximadamente un tercio de las aproximadamente 100 logias conocidas enviaron representantes a Edimburgo para establecerse. A pesar de ser la tierra natal de las primeras logias masónicas conocidas, Escocia no fue la primera en formar un organismo nacional. El 30 de noviembre fue seleccionado porque es el día de la fiesta de San Andrés, quien es el santo patrón de Escocia y de la masonería escocesa.

~ Jorge-Zeledón-Pacheco

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